Sophia - Despliega el Alma

Educación

8 junio, 2018

Cuando enseñar es sostener la vida

Hay maestros que ponen el alma al servicio de los otros, sin hacer caso de los escenarios más difíciles. ¡Descubrí sus inspiradoras historias!


En los pasillos de un hospital, en zonas rurales, en medio de una guerra. Hay docentes que, a pura vocación, demuestran que se puede enseñar en cualquier espacio, por más adverso que parezca. “Se trata de encontrar las herramientas para estimular la curiosidad de los chicos”, dice Inés Bulacio, que fue finalista del Global Teacher Prize (algo así como el Premio Nobel de docencia), por su trabajo junto a los chicos internados en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez. Para ella, lo más importante es hacer frente a la adversidad de ese niño.

En la Ciudad de Buenos Aires hay tres escuelas hospitalarias (en el Hospital Gutiérrez, en Casa Cuna y en el Garrahan) y una red de maestras articuladas alrededor de dos escuelas domiciliarias, que recorren los servicios de pediatría de los hospitales que no tienen escuela y los hogares de los chicos que por su condición de salud no pueden asistir al colegio. “Muchas veces estamos en el medio de una situación de dolor, de incertidumbre, pero lo que buscamos es sumar calidad de vida. Nuestro rol es recuperar su historia pedagógica y resignificarla desde la nueva situación”, cuenta Inés.

La enseñanza como puente

“La educación y la enseñanza se pueden dar en cualquier lado. La mayoría de los chicos están en su habitación, a veces en aislamiento, rodeados de sueros, vías, quimioterapia, diálisis… Los maestros siempre debemos estar en la búsqueda de herramientas y recursos que atrapen al niño, que despierten su curiosidad. Si no siente curiosidad, no aprende”, explica esta docente que es ejemplo de vocación y entrega.

¿Cómo despertar esa curiosidad?

Inés ensaya algunas respuestas posibles y abre la oportunidad de formular nuevas preguntas, dispuestas a poner énfasis en lo esencial, eso que, en definitiva, es lo único que importa. En un hospital, en zonas de desastre, en la mesa de un bar, otros como ella llevarán las herramientas necesarias para hacer de la educación una semilla. Y así, regando con amor y una paciencia enorme, serán los testigos privilegiados cuando florezca frente a ellos un mundo mejor, más humano; ese sueño que tanto anhelan.

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