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Salud

21 enero, 2020

Resacas emocionales: qué son y cómo atenuar sus efectos

Como ocurre después de una noche de consumo excesivo de alcohol, la exposición a emociones intensas nos deja una sensación de malestar que persiste durante horas o incluso días. Estrategias para reponerse.


Las resacas emocionales nos dejan, sobre todo, la sensación de no tener fuerzas para encarar nuestras actividades.

Por Mariana de Anquin

A veces sucede. Después de relacionarnos con demasiadas personas o de atravesar alguna situación tensa -como una discusión acalorada-, de acompañar a alguien que está viviendo un momento de mucho dolor o de escuchar una catarata de quejas y negatividad, puede sobrevenir una sensación de agotamiento mental y físico que persiste algunas horas o incluso días. Ese estado fue bautizado con el nombre de resaca emocional y lleva la marca del exceso: en este caso, del exceso de emociones intensas.

Como ocurre después del consumo excesivo de alcohol, la sobrecarga emocional intensa, a veces inesperada, también produce un malestar posterior. El término fue utilizado por primera vez por el equipo de investigadores del Departamento de Psicología del Centro de Estudios Neurales de la Universidad de Nueva York y fue su equipo de psicólogos el que concluyó que esa estela negativa nos hace sentir sin fuerzas, mentalmente fatigados, con dificultades para concentrarnos en nuestras tareas y para escuchar a los otros, dominados por el sentimiento de que todo nos demanda mucho esfuerzo.

Más allá del cansancio mental y físico, la resaca emocional trae aparejado malhumor repentino, disminución de la energía vital, la sensación de tener la mente empastada, dolor de cabeza, sensación de agobio y de estar abombado, ganas de dormir, disminución drástica de la creatividad, optimismo y motivación, fuerte deseo de estar tranquilo y a solas, dificultad para tomar decisiones o hacer elecciones simples, pocas ganas de conversar.

El origen

¿Qué detona toda esta serie de síntomas? Son varios factores que, combinados, pueden convertirse en un cóctel venenoso. Veamos:

  • Exceso de estrés. Cuando hacemos mucha fuerza para afrontar desafíos constantes, pero sentimos que nuestro esfuerzo no es suficiente.
  • Exceso de preocupaciones. Cuando nos consume una innecesaria e interminable preocupación por algo o por todo, la cual de a poco nos va privando de nuestra vitalidad natural. Las preocupaciones actúan como fugas de energía mental: al final del día, nos quedamos sin energía. Las preocupaciones son detonantes muy poderosos de resacas y un día de preocupaciones rumiantes equivale a dos días de resacas emocionales.
  • Exceso de cercanía con personas negativas, adictas al drama, controladoras o muy explosivas. Compartir conversaciones, espacios y nuestro tiempo con personas muy negativas nos puede hacer experimentar repentinamente malhumor, enojo y pesimismo. Convivir con personas adictas al drama, que se muestran con una actitud de pobre víctima, como si el mundo estuviera en su contra, suelen agotarnos. Por lo general, sus problemas nos conmueven deseando ayudarlos y cuidarlos todo el tiempo, pero como sus dificultades no cesan ni su capacidad para hacerles frente aumenta, nuestra disposición a ayudarlos y nuestra escucha atenta a su aluvión de quejas termina por detonar resacas emocionales.
  • Compartir tiempo con personas que son muy explosivas. Las personas coléricas suelen resolver los problemas de manera impulsiva, con gritos, discusiones fuertes, se expresan en voz muy alta, tienen cambios de humor radicales y suelen descargar su rabia en el afuera. Su irritación constante impacta y altera en forma directa nuestro mundo emocional. Ser consciente de esto nos permitirá protegernos y en ocasiones limitar el tiempo con ellos.
  • Contagio emocional. Este tipo de resacas es muy común en los niños. Hoy sabemos gracias a las neurociencias que las emociones se contagian entre las personas debido a un tipo de neuronas especiales llamadas espejo. Estas nos permiten sentir las emociones de los demás para poder responder a ellas. Los niños tienen un sistema nervioso que reacciona más rápida e intensamente a los estímulos emocionales. Tienden a sentir y absorber el malestar de otras personas, especialmente sus padres y amigos íntimos. Las discusiones fuertes y enojos pueden impactar profundamente en ellos, ocasionándoles resacas emocionales producto del estrés que sufrieron ante esa situación.
Los niños son especialmente sensibles a la exposición de emociones intensas. (Foto: Victoria Borodinova, Pexels).

Atenuar los efectos

Si estamos bajo el efecto de una resaca emocional, lo primero que tenemos que saber es que el cuerpo nos envía señales claras de cómo reponernos, seguramente nuestro nivel de energía vital esté muy bajo y la invitación a descansar se haga evidente. Otras estrategias para reponerse pueden ser:

  • Dormir. Aumentar las horas de sueño y, si es posible, tomar una pequeña siesta nos ayudará a recuperarnos. Cuando dormimos, el sistema nervioso se calma. Es aconsejable reducir el nivel de estímulos (alejar todo tipo de pantallas) para propiciar un ambiente relajante. Las personas que son muy empáticas son más vulnerables a absorber el estrés y la negatividad de los demás cuando están cansados. Por este motivo es fundamental dormir lo suficiente.
  • Estar tranquilos y a solas. Para acomodar las emociones, es crucial pasar tiempo con uno mismo. No es momento de ver gente ni entablar conversaciones sobre la misma temática, sino de darnos un tiempo para asimilar y gestionar las emociones que se movieron dentro nuestro. Necesitamos hacer una pausa para recuperar energía.
  • Tomar agua. Es importante tomar ocho vasos de agua al día para eliminar toxinas e hidratar nuestros agotados cerebros. El agua lava todo tipo de impurezas.
  • Salir a la naturaleza. Caminar por una plaza, en un lugar verde, es otra manera que utiliza la energía del corazón para restaurarse. Estar al aire libre nos hará sentir mucho mejor, recordemos que las imágenes bellas y naturales suavizan el aturdimiento.
  • Estar con nuestra mascota. Los animales ayudan a canalizar emociones. Son un cable a tierra. Nos conectan con emociones positivas como el amor genuino, la alegría, la ternura y la gratitud.
  • Sumergirnos en agua. El agua limpia, aclara y desprende las emociones que se nos han pegado. Una ducha o un baño de inmersión siempre nos va a hacer sentir renovados.
  • Practicar ejercicio físico. Es un antídoto para las resacas emocionales porque calma la agitación de la mente y abre las reservas de vitalidad. Si movemos el cuerpo, movemos la mente, ya que al hacerlo se pone en movimiento la circulación sanguínea. El movimiento genera endorfinas, hormona de la felicidad y del bienestar. La recomendación es trotar, correr o hacer una buena caminata. Dedicar todos los días un poco de tiempo a realizar ejercicios nos prevendrá de padecer más resacas emocionales.

* Mariana de Anquin es Licenciada en Psicopedagogía, educadora, conferencista y escritora, autora del libro “Niños brillantes, ¡¡¡todos lo son!!!” y “Aprendizajes amigables al corazón” (Dunken).

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