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Género

14 junio, 2014

Reinas… ¿de quéee?


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Ellas participan de concursos de belleza en los que son evaluadas de acuerdo con criterios estéticos crueles. Y ponen de manifiesto una realidad: la decadencia de la cultura de las “reinas”. ¿No habrá llegado el momento de poner fin a la monarquía de la banalidad? Por Valeria Sampedro.

Maldito canon. Maldito tú eres entre todas las mujeres (y maldito el fruto de esa competencia feroz). ¿Qué otra cosa es un concurso de belleza sino la expresión más brutal y primaria de la mujer-cosa? La hilera de adolescentes desfilando, una detrás de otra, cada una con un número; envases en una cinta de montaje que las lleva, como en una fábrica –todas igualitas, muñecas hechas en serie–, directo al mercado. Al “súper” mercado de beldades.

90.60.90, el número de la Bestia

Lo que sigue es la hipótesis de la decadencia. Algo debió lograr el feminismo en más de un siglo de lucha por una mujer sujeto. Es cierto, todavía hay muchos concursos (casi un centenar a lo largo del país). Pero cada vez están más cuestionados. Y no logran la repercusión de hace algunas décadas, cuando la Miss Argentina llegaba a las tapas de revista y la ceremonia se televisaba con expectativa de Martín Fierro. Hoy, toda esa ristra de fiestas populares con una insólita variedad de elecciones de reinas de lo que se te ocurra están seriamente en la mira. Ya no solo de agrupaciones feministas, sino de organismos públicos e instituciones que empiezan a pensarlo como una forma de violencia.

“La belleza no es un hecho objetivable. Calificarla y organizar un escenario de competencia es francamente pavoroso”, dirá Perla Prigoshin, abogada, psicóloga social especializada en género y titular de la CONSAVIG, una comisión nacional que depende del Ministerio de Justicia y fue creada en 2012 para coordinar acciones contra la violencia de género. “Desde hace dos años mandamos cartas a los municipios, para la reina del calamar, del tomate, del durazno… es de lo más exótico, cuanto bicho, abrojo, planta o paisaje requiera ser promovido motiva la búsqueda y se arma una elección de miss algo. Es un paradigma cultural”, volverá a indignarse en un rato.

De concursos y otras fealdades

Ocuparía demasiado espacio listar la cantidad de certámenes, fiestitas regionales y/o competencias pueblerinas que terminan con una adolescente coronada. Del Trigo, de la Cerveza, del Salame Quintero, de la Peña, del Dulce de Leche, de la Bagna Cauda. En cada rincón del país sobreviven (triste hábito de federalismo), con reglamentos que limitan la edad, la altura y hasta el estado civil de las participantes. Muchas veces, promovidos por los mismos municipios y hasta con funcionarios públicos como parte del jurado.

En Bariloche, a las postulantes para Reina de la Nieve les dan asesoramiento estético y la ganadora debe comprometerse a cuidar su imagen. En Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, a las chicas que se anotan para la Fiesta del Girasol, les advierten que no mientan, que la ficha de inscripción tiene carácter de declaración jurada y que antes de subir a la pasarela habrá control de datos, incluidas las medidas físicas. Los organizadores de la Fiesta de la Apicultura en Entre Ríos juran que “se valora a la mujer integralmente, no solo por su aspecto exterior” y plantean el evento como un “homenaje al género femenino”, pero una de las pasadas se hace en traje de baño. ¿Desde cuándo la abeja reina es una minita en tanga?

Mendoza es un caso aparte. Su Fiesta de la Vendimia es la más tradicional de todas, con elección de Reina incluida obvio: ¡se hace desde 1936! La edición 2014 volvió a ser noticia, pero por un escándalo. En realidad dos, que dejaron en evidencia el lado más rancio de esta clase de eventos. Primero, cuando las autoridades locales pretendieron destronar a la reina distrital de Campo Los Andes, Yamila Escudero, por haber quedado embarazada antes del final de su mandato –algo que el reglamento prohíbe expresamente–; y luego, por una absurda “polémica” desatada cuando se supo que la flamante soberana de la Vendimia, Sofía Haudet, milita en una agrupación política.

Vamos por partes. El caso Yamila es el primero que llega a la justicia. La adolescente, de 18 años, presentó una demanda por daños y perjuicios e interpuso una medida cautelar que terminó con un fallo inédito en Mendoza: el juez ordenó al intendente de Tunuyán que pida disculpas públicas por el incidente. Carolina Jacky, abogada de Yamila, nos dice que el reglamento debe ser reformado cuanto antes: “Cláusulas como la que le aplicaron a Yamila son contrarias a la ley de violencia de género y a los tratados internacionales. ¡Pero si hasta les hacen un test de embarazo a las chicas para ver si es cierto que no están embarazadas!”, confiesa con vergüenza ajena.

Aunque suene algo insólito, para Perla Prigoshin, en esta situación hay algún tipo de progreso. “Lo que demuestra este avance es que haya una reina que milite. No hay que detenerse en que la piba quiso participar en ese concurso o que soñaba desde chiquita con la corona… Esta es una lucha difícil, porque es contra un sistema cultural. Yo soy una feminista comprometida y cuando engordo dos kilos me vuelvo loca; trabajo todos los días para desarmar mis deslizamientos machistas. Todavía falta mucho, pero hemos logrado cosas”.

¡Es una nenaaaaa!

Cinco años tenía Carola Krizak cuando, en septiembre pasado, la coronaron Reina del Capullo, en el concurso infantil de la Fiesta Nacional de la Flor, en Escobar.

Aunque con escasa prensa, y bastante menos tics y maquillaje que la versión norteamericana, acá también tenemos nuestras pequeñas Little Miss Sunshine (la nena de la recordada película de 2006). Con  postulantitas que van de los 3 a los 8 años, según el caso. Hay miss Espiguita, de la Fiesta provincial del Trigo, en Tres Arroyos; reina del Salmoncito en el municipio de Camarones, Chubut; minirreina de la familia en Miramar; pequeña Miss Azahar, en Bella Vista; soberana pocket de la fiesta de artesanos de Trelew.  Siempre así, en diminutivo.

En San Luis, por ejemplo, armaron este año un concurso de princesitas para celebrar el aniversario de la fundación de la ciudad de La Punta. Pero lo insólito es que las nenas ¡debían anotar sus medidas en el formulario de inscripción!

¿Qué medidas serán consideradas más adecuadas? –se pregunta el comunicado que envió con carácter de urgente la CONSAVIG–, y sigue, despiadado: “¿Qué modelo de niña-mujer se está buscando y promoviendo? ¿Por qué los cuerpos de esas niñas y jóvenes deben ser expuestos y sometidos al escrutinio? ¿Por qué las chicas tienen que ser solteras?”.

La provincia de San Luis adhirió el año pasado a la ley 26.485, que busca erradicar cualquier tipo de violencia. Pero las autoridades puntanas no se dieron por aludidas. El evento se hizo de todos modos.

¡A despatriarcar!

En los últimos años, se multiplicaron las acciones contra este tipo de competencias consideradas, cada vez más, una práctica discriminatoria y sexista. Planteos judiciales que antes eran impensados, movilizaciones de grupos feministas, organismos gubernamentales que salen a concientizar y proyectos legislativos que buscan regular o hasta eliminar cualquier clase de fiesta que tenga a la mujer como una mercancía exhibida en el centro de la escena.

“Es necesario abordar la contradicción que se genera en muchos municipios o gobiernos provinciales, que en nombre de la tradición o la cultura popular sostienen y financian estas fiestas donde cosifican a la mujer exponiendo a jóvenes y niñas a un esquema simbólico denigrante y ficticio, mientras promueven políticas públicas en defensa o protección de los derechos de las mujeres”, exhortó hace poco Susana Diéguez, legisladora del FPV a sus colegas, cuando presentó en el recinto su proyecto para democratizar los concursos –varios– que se hacen en la provincia de Río Negro. Implacable.

Pero aun así nos queda algo de esperanza. Y, si no, recordemos lo que pasó con la ganadora del Cola Reef 2013, el más cínico de todos, que elige la mejor cola del verano, y “nena, por favor date vuelta que no necesito verte la cara”. Lis Moreno abrazó su ramo de flores y aceptó representar a la marca. Eso sí, con la condición de no volver a exhibir el traste.

Beyoncé, o la Reina feminista del pop

Tiene una presencia aplastante y un puñado de canciones que se volvieron himnos feministas (aunque algunas feministas despotriquen diciendo que ella representa eso contra lo que ellas pelean). La cuestión es que acaba de estrenar un video que escandalizó al mundo fashion. Qué va, al mundo entero.  El tema es “La belleza duele” y resulta una crítica descarnada sobre los concursos de belleza. Algunas estrofas: “Mamá me decía: eres una chica hermosa / Lo que tengas en la cabeza no importa / Lo que vistas es todo lo que importa”.

ETIQUETAS estereotipos de belleza

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