Refugios de invierno: cocina de abuela y lindas historias para los días fríos - Sophia Online

Gastronomía

Refugios de invierno: cocina de abuela y lindas historias para los días fríos

Llegó el tiempo de buscar comidas suculentas, calorías extras y espacios que cobijen y cuenten historias que llenan el alma. Nueve elegidos en distintos puntos del país.

POR Mariana Rolandi Perandones

Las temperaturas bajas se hicieron esperar, pero aparecieron por fin marcando el suave devenir de los días. Y más allá de los teams invierno o verano, cada estación tiene sus premios y su encanto. 

Si hay algo que nos gana el corazón durante esta época del año son los lugares que ofrecen refugio, los atardeceres tempranos con amigos y las comidas de olla y de cocciones lentas como las de la infancia, que permiten un subidón de calorías, picantes y dulces. 

Por eso en Sophia, recorrimos el país buscando parajes de abrigo para encontrar platos que calientan las panzas y cuentan historias que llegan al alma. Aquí, esos descubrimientos. 

Vertiente: un encuentro con Helen y el paisaje patagónico 

Nieva afuera y el frío se condensa en los vidrios de este lugar a minutos del Centro Cívico de Bariloche en el que recibe a los transeúntes una mujer pequeña, con sonrisa de abuela, preparada siempre con su delantal de jean para servir mesas y pociones. 

En este café de carácter patagónico se puede desayunar, almorzar o tomar una infusión sin prisas, libro en mano, escuchando quizás a alguno de los músicos que suelen tocar en vivo. Allí sentados, la historia de Helen Cowan nos lleva a pensar en nuevos comienzos. Cuando ella se mudó a esta ciudad, siendo muy joven, ya dejaba atrás una forma de vida para tirarse a la pileta de lo desconocido. 

Bastante tiempo después y luego de criar a sus cinco hijos, se puso a la venta este sitio y encontró en él “un soplo de aire fresco, la sensación de un sueño por cumplir”. Con sus platos del día y sus cafés con leche, Helen invita a renovar la piel en pleno invierno y a aprender el “valor de compartir conversaciones alrededor de la mesa, con la comida casera como una excusa perfecta para hacerlo”. 

¿Dónde queda? Calle 20 de Febrero 698, Bariloche, Río Negro.

Mess Cocina: vegetales de la huerta y una historia de amor 

Aunque la hermosa terraza de este restaurante haga pensar en primaveras, la calefacción y los paneles que detienen el frío fueron instalados para lograr otoños mirando el cielo. 

La historia de Mess comienza no tan lejos de su actual dirección, en un famoso lugar de San Isidro, con dos jóvenes cocineros aprendiendo mucho y espiándose al trabajar hasta enamorarse. Sólo unos meses después del primer flechazo, Guido Casalinuovo y Celeste Rizian –hoy ya padres de dos niñas– comenzaron a pensar en el proyecto que terminaría abriendo en octubre de 2022 en Pilar. 

Mess reivindica los sabores de Medio Oriente con una mirada muy joven y mucha técnica culinaria. A pocos metros de sus mesas, hay una huerta de la que sacan el 70% de la producción que llega a los platos. Así, buena parte de las flores, las hierbas y los vegetales provienen de este espacio cultivado por los mismos empleados del lugar. 

Con los productos de la temporada invernal y a salvo del frío, los sabores se vuelven panes naan, hummus, berenjenas, masas armenias rellenas y baklavas llenas de miel. 

¿Dónde queda? Los Crisantemos 392, Del Viso, Pilar, Buenos Aires.

Narda Comedor: cocina con conciencia y amigos a la mesa 

Desde sus inicios, el restaurante de la famosísima Narda Lepes se convirtió en referencia de una gastronomía sabrosa, nutritiva y con conciencia. Un espacio en el que se hace un uso responsable de los productos y con una propuesta que busca integrar la estacionalidad y la riqueza de los distintos puntos del país. 

Su carta está llena de opciones que permiten disfrutar de esta época del año: osobucos braseados con brócoli y puré de papas; un curry rojo tailandés llamado Panang que calienta hasta a los más friolentos; el Bibimbap coreano con kimchi y panceta y muchos platos con vegetales de estación. 

Pero, además, Narda Comedor se convirtió en los años que lleva abierto en un espacio de juntada de amigos, con mesas grandes, sin pretensiones ni lujos, para charlar y reír sin importar que las horas pasen y el atardecer temprano de los meses fríos caiga sobre la Ciudad. 

¿Dónde queda? Mariscal Antonio José de Sucre 664, Belgrano, CABA. 

Utopía Restomar: cocina de autor mirando el mar

Camila Echeverria e Ian Edgar eran una pareja muy joven cuando abrieron Utopía Restomar, por primera vez, en el año 2015. La casa en la que armaron este pequeño restaurante fue un sueño de Dafnis y Nilda, los abuelos de Ian. Era un típico chalet de costa en el que la familia se reunía “para festejar, cantar nuestras canciones, bailar, cobijar al que lo necesitara, recordar a nuestros seres queridos”, decía Dafnis en una carta que hoy está enmarcada en el salón. 

A los pocos años, nuestros protagonistas, que aún no tenían ni 30, decidieron viajar. Ya con una beba en la familia, y viviendo en Europa, decidieron regresar al país. “¿Y si reabrimos Utopía, flaca?”, le dijo un día Ian a Camila. La historia continúa en este lugar cálido y pequeño, abrazado por los médanos, las plantas y el mar, con pesca fresca y panes caseros. 

¿Dónde queda? Falucho San Martín 48 (e/ Azopardo y Playa), Valeria del Mar.

Despensa Azur: una casona antigua y sabores cordobeses 

En uno de los hoteles más reconocidos a nivel internacional y ubicado en el centro histórico de la ciudad de Córdoba, Azur Hotel & Spa es un oasis urbano que le pone foco al bienestar y a bajar varios cambios. Está instalado dentro de una casona construida en 1915, declarada de valor patrimonial y arquitectónico, y va conjugando en cada rincón lo antiguo y lo contemporáneo, con sólo 16 habitaciones y un espíritu intimísimo. 

Su restaurante es “La Despensa de Azur” y ofrece un ambiente cálido signado por los sabores regionales de esta maravillosa provincia. 

¿Dónde queda? San Jerónimo 243/257, Córdoba.

Barro Cocina: fueguitos, historia local y la mirada en la cordillera 

Este restaurante invita a una experiencia que combina aromas, sabores y la vista privilegiada de la cordillera de los Andes. Su arquitectura está inspirada en las raíces de la cultura andina y en los pueblos indígenas Uros y Huarpes. Para armarlo, se usaron materiales y técnicas ancestrales y se convocó a varios artistas mendocinos. Los uros, pueblos originarios del norte de Bolivia y parte de Perú, y los Huarpes, indígenas de la región de Cuyo, vivían en chozos, unas bóvedas de barro y paja que son la inspiración del hotel mendocino en el que se encuentra Barro Cocina. 

Los fuegos de las salamandras externas y las mantas que los anfitriones dejan en los sillones de la galería son parte del plan invernal, al igual que sentarse a mirar el lago y las montañas tomando alguno de los vinos mendocinos. Para acompañar la copa, nos encontramos con dos ítems imperdibles en su carta de esta temporada, el caldo de huesos con cabellos de ángel tostados y el cordero braseado con puré de papas y jugo de cocción.

¿Dónde queda? Chozos Resort, Ugarteche, Mendoza. 

Bilbo Café: cuatro amigos y los cafés más ricos de la Ciudad 

Cuando los cuatro dueños de Bilbo Café abrieron, en el año 2016, su primer bar en Villa Crespo, dos cosas no existían: ni ese barrio de casitas bajas y árboles era el polo gastronómico que es hoy, ni los cafés de especialidad eran el boom de la temporada. 

Sin embargo, ese local con un aire de los años 50, que luego se reprodujo en Villa Urquiza, Saavedra y Recoleta, seduce a pasar horas inmerso en la calma, mientras el aroma del café recién molido perfuma el aire. 

Aprovechando la excusa del invierno, se pueden sumar unas calorías extras con una pastelería artesanal de locos. Cada bocado está pensado para acompañar y realzar los sabores del café. A la ya célebre Chocobilbo –una versión única de la chocotorta que figura entre las mejores de la ciudad– y la key lime pie se suman waffles, rolls de canela, pan de chocolate y brownies con corazón de frambuesa, dulce de leche y cobertura de chocolate blanco.

¿Dónde quedan? En Belaustegui 802, La Pampa 5501; Junín 1930 y Crisólogo Larralde 6289, todos en CABA.

Beza: una casona antigua para compartir vinos naturales y platitos a la parrilla

Una casa de 1930 ubicada en una tranquila esquina de Belgrano, abre a un juego perfecto: soñar que es domingo al mediodía y que sacudimos la fiaca y las mantas para ir a almorzar con la abuela. Es que así se siente entrar a este salón lleno de sillones de pana y rodeado de jardines, con luces tenues y música suave, dónde acomodarse sin mirar relojes ni tener que resolver problemas. 

A este juego se suma la cocinera y sommelier Belén Zanchetti que propone platitos, opciones a la parrilla, pastas caseras y dulces tentadores. Todo es de elaboración propia y de sabores reconfortantes. 

En Sophia espiamos la carta y elegimos cuatro recomendados para estos tiempos: girandola –un espiral de pasta bien italiano– de boniato y avellanas con salsa de crema y escamas de queso azul; agnolottis de ternera con salsa de queso; un plato muy veggie de coliflor, ajos y kale y un imperdible absoluto para el postre: una crema francesa llamada Frangipane con frutas invernales. 

¿Dónde queda? En Avenida Olazábal 3301, Belgrano, CABA.

Las Violetas: un viaje a la infancia y salones de ensueño 

La vidriera de Las Violetas atrajo la mirada de varias generaciones de niños con sus chocolates, medialunas y masitas de mazapán a lo largo de toda su historia. Inaugurada en 1884, esta confitería fue construida con fina boiserie, magníficos vitraux, mármoles italianos y muebles traídos de París. Aunque tuvo como clientes célebres a vecinos del barrio de Almagro como la poetisa argentina Alfonsina Storni, por sus puertas pasaron personas de todo el país y es una locación elegida también por el turismo. Tiene una carta muy completa, pero su estrella en esta época del año son las abundantes y sabrosas meriendas de los sábados a la tarde. 

¿Dónde queda? Avenida Rivadavia 3899, Almagro, CABA. 

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