Sophia - Despliega el Alma

Psicología

23 diciembre, 2019

¿Quién dijo que no podemos estar tristes a fin de año?

A veces no aparecen esas ganas tremendas de celebrar que supimos sentir otras veces. Y de nada sirve forzar la euforia. Los ritos remueven e interpelan y es importante atravesar nuestros sentimientos con honestidad, poniéndonos siempre en foco.


Por María Eugenia Sidoti

Sin importar que hayamos cumplido o no con los objetivos y los sueños trazados en enero, esta época representa la bisagra de una puerta que se sella y otra que se abre al infinito. Es que, por estas latitudes, la llegada de fin de año coincide con el cierre de muchos ciclos: terminan las clases, los cursos, los talleres y muchos concluyen, también, su rutina laboral para dar inicio a las vacaciones de verano.

¿Cómo no acusar recibo de semejante movimiento emocional?

En el fondo, no es más que la metáfora del tiempo: los años pasan frente a nosotros, como las estaciones de un tren que nunca se detiene. Intensos, llenos de emociones, con sus balances (positivos o no) y la certeza de que tendremos la posibilidad de reinventarnos las veces que haga falta. Aunque, tal vez, esa no sea hoy la sensación que nos acompañe. Quizás estemos tristes, nostálgicos, sin demasiadas ganas de celebrar. Y nadie puede enojarse porque no tengamos el ánimo más festivo del mundo.

Es que, de pronto, ese dolor personal se hace demasiado potente o nos conmovemos como nunca frente al sufrimiento de los otros. Sobre todo cuando en estos días de celebración vemos una familia durmiendo en la calle y, aunque intentemos ayudarla, no dejamos de sentirnos mal, en deuda, enojados frente a la injusticia.

No es fácil: el revoltijo emocional de fin de año es enorme y, tantas veces, nos arrasa.

¿Felices Fiestas?

Hay personas que se fuerzan a ser felices ‘porque son las Fiestas’, pero darse permiso para no estarlo puede ser sumamente sano. También para pedir ayuda terapéutica si el dolor es muy pesado. Fingir gasta una energía que, en este caso, necesitamos para autorreparar nuestra herida. Creo importante resaltar también que, más allá de los duelos vigentes, las Fiestas traen a la mente de muchas personas una nostalgia anual repetitiva por los que no están, por ‘lo que eran las Fiestas de la infancia’, y hasta una añoranza de lo que no ha sido: lo que no lograron durante ese año, la pareja o el hijo que no llegaron a tener…“, reflexiona Virginia Gawel, psicóloga transpersonal y columnista de Sophia, frente a la llegada de un tiempo muy significativo para todos.

Como Elvis Presley, que en el tema Blue Christmas cantaba “Estaré triste esta Navidad“, añorando el amor perdido, del mismo modo muchas personas transitan estas fechas con una honda pena, un sentimiento que los especialistas describen como “Tristeza de Navidad”. Según explican, el motivo tiene varias causas, pero se acrecenta en quienes se encuentran en crisis económica o personal o han perdido a alguien querido. Pero también en aquellos que han dejado de lado el valor tradicional, espiritual y humano de las celebraciones, para dejarse llevar por el consumo, el materialismo y la importancia de alimentar la imagen que quieren que otros perciban de ellos.

Son muchas otras las celebraciones que, como si fuera poco, se suman en estas fechas: casamientos, bautismos, comuniones. De pronto parece que todo tiene que hacerse cuando diciembre traza la recta de fin de año. Pero son Navidad y Año Nuevo las protagonistas indiscutidas de una de las estaciones más significativas de nuestro trazado ferroviario existencial, en ese tren que nunca se detiene, como el tiempo.

Habrá fotos a montones: en los celulares, en las redes sociales, en los grupos de WhatsApp. En todas ellas se verá el lado A de estos ritos colectivos que nos exponen al intercambio y a los sentimientos extrovertidos. Sonrisas, abrazos, brindis, baile, vestuario y maquillaje de ocasión. Pero que también tiene otro costado…

El lado B de fin de año

Así como ocurre con la luna, la cara oscura de las celebraciones también existe, aunque nadie la retrate ni se atreva generalmente a postearla. Tal vez para no exponer las contradicciones, los miedos, la nostalgia o las penas que todos, en algún momento, hemos sentido. Entonces nos preguntamos: ¿está bien caer en el agobio, víctimas de ese suculento revoltijo de emociones que anuncia la llegada de tantas cosas?

Hay cansancio también, y muchas ganas de cambiar el número del año, esa promesa siempre esperanzadora: la llegada de un nuevo ciclo.

Las celebraciones son ritos, y los ritos son puestas en escena de algo de naturaleza invisible; es poner afuera algo que está adentro. En este caso serían los vínculos, las ganas de estar juntos y a eso se suman los condimentos religiosos, la idea del renacer y del valor de la vida. Para que un rito tenga sentido, tiene que ser significativo para uno. No podemos plegarnos a lo que se nos impone como ‘el ritual establecido‘. Si para uno el rito está vacío de significado es preferible no hacerlo. Por eso debemos preguntarnos qué es lo que queremos festejar y cuál es la forma más adecuada de encarar ese festejo. Quizás algo pequeño, muy sencillo, sea lo que le de sentido a nuestra alma. O tal vez elegir a personas muy especiales, sean o no de nuestro entorno familiar“, señala la escritora e investigadora Fabiana Fondevila, a la hora de explicar el valor que podemos darles a nuestras prácticas festivas.

Celebrar con sentido

Ese fue, justamente, el nombre que eligió Fabiana para su taller online gratuito de fin de año, en el que días atrás recibió cientos de conexiones de personas necesitadas de una palabra de aliento para atravesar con mejor espíritu estas semanas. “Es fundamental comprender que las emociones, por su naturaleza, tienden a mutar, a fluir. Aun en un proceso de duelo, donde predomina la tristeza, el dolor y la bronca puede haber momentos de risa, de sorpresa, de asombro, incluso de alegría. Una señal de salud mental es poder albergar distintas emociones en cada momento”, dice e invita a dejarnos atravesar por todas las emociones que haga falta, en el camino hacia un mayor equilibrio.

Según señala, además, la mera expectativa o creencia de que a fin de año tiene que primar el espíritu de celebración o de alegría, tiende a hacer que nuestra psiquis se revele y, al final, lo que debía ser algarabía y encuentro, termine convirtiéndose en lágrimas, caprichos y ganas de pelear. “No debemos imponernos nada, sino procurarnos alegrías por medios naturales, orgánicos, buscando qué es lo que nos hace bien a cada uno y para eso no hay fórmulas. Sabiendo cuál es el mejor alimento para nuestra alma y alimentándola con él, vamos a poder transitar mejor las exigencias emocionales e intelectuales de fin de año“, sostiene, convencida, Fabiana.

Para lograrlo, Virginia Gawel aconseja no apurarse y dejar los balances para más adelante: “En diciembre, la sensibilidad está a flor de piel; todos los estímulos que nos rodean mueven en nuestro inconsciente y en nuestro cerebro conexiones neuronales muy antiguas. Lo que hacemos es mover sensaciones de nostalgia y una memoria de pérdida por lo que ya no está, por lo que podemos perder o lo que no pudimos conseguir, y esto quizá no resulte beneficioso en este momento… Si hiciéramos balances, solo estaríamos moviendo las aguas y el resultado de la revisión no sería fidedigno”, destaca y aconseja vivir estos días con calma y mucho amor y respeto hacia uno mismo, la antesala para encontrarnos mejor con los demás.

Al respecto, el terapeuta español Bernardo Peña Herrera también escribe: “Son fechas en las que parece que es obligatorio ser feliz, sonreír y ser amable con todos, pero hay muchas personas que sienten que eso no se corresponde que sus sentimientos. Por eso, si sientes tristeza en Navidad, procura llevar adelante acciones positivas o juntarte con personas que llenen tu alma“, recomienda.

Sin duda todos queremos ser felices y más aún en este tiempo en que los sueños se renuevan. Pero quizás no sea necesario esta vez forzar una falsa alegría que acabará dejándonos más vacíos, más tristes. Tal vez lo mejor sea buscar con mucha paciencia la manera de no estar (tan) tristes en este fin de año, eligiendo mejor nuestras actividades y programas.

Si buscamos bien y nos rodeamos de los pensamientos y las personas adecuados, seguramente tengamos algo muy hermoso para celebrar…

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