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¿Qué es lo que te llama, lo que te interpela, lo que te emociona?

Con esta pregunta, la abogada y artista visual Vero Martínez Castro nos conecta con imágenes que invitan a reflexionar sobre nuestros anhelos más profundos, para hacer de la vida un mapa en el que por fin reconocernos.

Una de sus obras inéditas realizada para Fabulosas, un manifiesto al arte de disfrutar de la nueva longevidad.

Por María Eugenia Sidoti

“La primera impresión o la primera sensación, es que no vas a poder. ¿Qué voy a hacer con esta hoja en blanco? Y luego se genera una energía contagiosa. El primer gesto, que es el primer recorte de una imagen, es lo que te enciende”, dice Verónica Martínez Castro. Abogada de profesión y artista visual por elección, comparte su singular mirada sobre la vida a través de la técnica del collage, a la que dedica gran parte de su tiempo una vez que termina su jornada laboral como directora legal de una empresa de tecnología. 

“Estudié Abogacía, una profesión preciosa que me ha permitido tener muchas experiencias creativas. Pero mi pasión siempre fue el arte”, reconoce esta mujer de 55 años oriunda de Firmat, Santa Fe, una ciudad ubicada entre Rosario y Venado Tuerto de donde partió a terminar la escuela secundaria al exterior, cuando aplicó por una beca en Estados Unidos. “Mis padres siempre fueron de acompañar las iniciativas de crecimiento y mi interés por viajar. En casa casi todos tenían espíritu aventurero, a pesar de que en una ciudad agrícola del interior del país por entonces no era tan común”. 

Luego de recibirse de abogada, y gracias al apoyo de la Fundación del Centro de Cooperación Iberoamericana, realizó un máster en Derecho Internacional y otro en Relaciones Internacionales. Más tarde, en la década del 90, regresó a la Argentina para dedicarse a cuestiones legales vinculadas al petróleo y el gas. “Una especialización que no era para mujeres”, reconoce, y que la acercó a un antiguo sueño: ponerse casco y ropa de seguridad para caminar por obras de los gasoductos, recordando que alguna vez había soñado con ser arquitecta para dibujar planos, mapas, nuevas rutas.

Porque lo cierto es que el gusto por el arte visual la acompañó siempre, y años más tarde salió por fin a su encuentro de una manera casual. Las fotos de un viaje le sirvieron de materia prima: las imprimió, recortó algunas, pegó unas sobre otras, les puso a su antojo nuevos contornos y rostros. Entonces apareció el collage como una forma de plasmar lo que vivía en su interior, pero que todavía no había sido descubierto. 

“Empecé a imprimir fotos, a recortar y pegar y a hacer este tipo de intervenciones. Mi primer retrato fue un auto desafío que comenzó con una imagen de mi hija. Luego, se convirtió en los retratos de mujeres que me inspiraron. Y después, con ellos, ayudada por mi hermana, Gabriela, con varias maestrías en Bellas Artes y en diseño, armé la imagen de un enorme corazón humano”. Así nació su proyecto Pulso, un espacio de arte colaborativo y solidario que creció con el mentoreo de la fotógrafa Andy Cherniavsky. «Pulso nació como un desafío a mí misma: retratar a 50 mujeres en 50 días, que fueron 80 mujeres, fueron 80 días. Ahora Pulso suma más de 200 humanos: hombres, mujeres, diversidades y amigos peludos que nos acompañan y hacen más tierna nuestras vidas, en este transcurrir diario».

Su primer obra para Pulso: «En el centro mi pequeña Buda, mi hija, Eugenia».

Con el tiempo, ese primer acercamiento al collage la inspiró a centrarse en el mentoreo de mujeres jóvenes a través de un objetivo fundamental: ayudarlas a no postergarse, especialmente después de tomar la decisión de hacer pareja o de tener hijos. “Había en mí una necesidad de acompañamiento. En mis años de vida profesional he visto a muchas mujeres relegar sus aspiraciones, sus sueños”. Acompañarlas a desandar mandatos y a conectar con su energía femenina le pareció más importante que recurrir a la idea de “empoderarlas”. “Creo que la mujer ya tiene su propio poder y que solo hace falta recordarlo, volver a pasarlo por el corazón y por la mente. Las posibilidades que tenemos  son enormes: la creatividad, la innovación, el pensamiento diverso que aportamos. Y empecé a trabajar sobre eso, porque veía mucha disparidad y quería hacer algo para cambiarlo”. 

Para ella, esas diferencias, tan valiosas, son las que le dan valor al intercambio entre lo masculino y lo femenino. “La diversidad es lo que nos enriquece”, sostiene y cuenta que a través de su trabajo con mujeres en situaciones vulnerables, las imágenes ayudaron a expresar todo aquello que no se podía decir con palabras. “Cada una de estas actividades ha sido un regalo para mí. De hecho, una señora del Bajo Flores armó una panadería después de hacer este proceso. Antes no lo podía imaginar, hasta que lo puso en imágenes, en un collage. Y así empezó”.

De emprender un viaje interior para liberar los anhelos más profundos y plasmarlos en un presente posible, se trata el trabajo propuesto por Vero. “No es el famoso vision board de lo que uno desea, sino que son imágenes que te representan en el acá y en el ahora. Es estar muy presente, como una meditación súper activa de decir dónde estás hoy, quién sos hoy, cómo te sentís representada. Es preguntarte qué es lo que te llama, qué es lo que te interpela, qué es lo que te emociona. Y al ubicar los recortes vas encontrando un camino”.

En los en los encuentros que articula y gestiona aparecen distintas vivencias que las concurrentes están atravesando, como un dolor, un miedo, un deseo o un desafío. “Son muchas las emociones y las sensaciones que van surgiendo en el proceso. Desde elegir la imagen de un reloj para graficar el paso de los años, hasta el deseo de tener un bebé o un emprendimiento. Cada imagen te va interpelando, vas conversando con ella y después, en la puesta en común entre todas, empiezan a salir otras cosas valiosas”. Durante los encuentros florecen las sonrisas y también una profunda emoción. “Se hace visible la manifestación del darse cuenta, del para qué. Y eso siempre es muy fuerte”. 

El encuentro con el otro, dice, es lo que dibuja para ella el verdadero sentido de lo que hace. “Hay tanta conectividad a nivel tecnológico, y sin embargo estamos tan desconectados. Tenemos poco tiempo para dar y nos dedicamos cada vez menos a la escucha activa de los demás y de nosotros mismos”, lamenta. Sin embargo, asegura que la posibilidad del crecimiento humano siempre está disponible. Para lograrlo, sostiene que es fundamental no abandonar los procesos, del tipo que sean. “Hay que atravesarlos, vivirlos, hacerlos conscientes”. 

La clave, reconoce, es amar lo que hacemos cada día y mientras andamos buscar nuevas formas de mirar y de mirarnos. “Mi abuela decía algo muy lindo: ‘El alma reconoce el camino de la alegría’. Y a mí eso me lo ha dado el arte”.

Verónica es abogada recibida de la Universidad Nacional del Rosario y cuenta con tres maestrías y varios premios internacionales. Es Directora Legal en Global Processing S.A., una empresa líder en el mercado de los medios de pagos para Argentina y LATAM. También es coach y artista visual, ilustradora de revistas y libros y creadora de PULSO, un proyecto de arte colaborativo y solidario, calificado de alto interés educativo y de diseño por la Universidad de Palermo. Además, colabora en organizaciones y fundaciones cuya misión es dar visibilidad a mujeres, acompañándolas en su trayectoria personal y profesional. Su proyecto más reciente, Fabulosas, tiene como propósito iluminar la longevidad por medio del arte. Seguila en @veromartinezcastro

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"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein