Qué es la perimenopausia y cómo convertir esta etapa en un nuevo comienzo - Sophia Online

Salud

Qué es la perimenopausia y cómo convertir esta etapa en un nuevo comienzo

La transición de la etapa reproductiva hacia la menopausia es clave en la vida de toda mujer. Cómo hacer de este viaje de transformación física y emocional un tiempo de crecimiento.

POR Paz Berri

Podría pensarse que la perimenopausia es el cierre de un ciclo. Aunque también podría verse como el inicio de una nueva etapa, más consciente y poderosa. Podríamos creer que estamos perdiendo algo en el camino. O reconocer que tendremos la oportunidad de explorar una travesía diferente. Todo depende del lente con el que se la mire. 

Es cierto que el cuerpo cambia y que las emociones oscilan buscando un nuevo centro. Pero también florece otra energía: más intuitiva, sabia y libre. Si estamos abiertas y receptivas, será el tiempo en el que iniciemos un viaje de redescubrimiento personal. Como asegura Carolina Winograd, autora del libro Vivir sin fecha de vencimiento (Planeta), esta posibilidad surge no porque mágicamente nos volvamos más sabias, sino porque el cuerpo nos obliga a despertar.

¿De qué hablamos cuando hablamos de perimenopausia? Macarena Alimón, ginecóloga especialista en climaterio del equipo No Pausa, una plataforma que acompaña a mejorar la calidad de vida de quienes están dejando de menstruar, explica que se trata del ciclo que precede a la menopausia, donde los ovarios reducen de a poco la producción de hormonas, principalmente estrógeno y progesterona. Si bien suele empezar a vivirse alrededor de los 40 años, existen casos en los que, por diversas causas, las mujeres tienen perimenopausia precoz. Es decir, la pérdida de la función ovárica en forma prematura. 

Por otro lado, la menopausia es el cese permanente de la menstruación, un único día: el de nuestro último periodo. “Se trata de un evento normal y fisiológico que refleja la pérdida de la función ovárica. Suele ocurrir alrededor de los 50 años. Para saber que esa última menstruación fue menopausia, deben pasar 12 meses consecutivos e ininterrumpidos sin menstruar”, detalla Alimón.

Un dato clave es que tanto la perimenopausia como la menopausia implican una profunda transformación física y psicológica. No se trata solamente del fin de la etapa reproductiva: “Si lo pensamos desde un punto de vista fisiológico, es lógico que tenga un gran impacto en todo el cuerpo, ya que las hormonas femeninas —estrógenos, progesterona y testosterona—, tienen receptores en prácticamente todos los tejidos del organismo”, dice Victoria Pereiras, ginecóloga del equipo de No Pausa. Y aclara: “Antes se creía que estas hormonas estaban únicamente relacionadas con la reproducción, pero ahora sabemos que sus receptores se encuentran en la piel, el sistema cardiovascular, musculoesquelético y en el sistema nervioso central, entre otros”. 

“La perimenopausia es un punto de inflexión. Todo lo que veníamos sosteniendo sin escucharnos empieza a pasarnos factura. Lo que antes callábamos se manifiesta en síntomas, patologías, cansancio, irritabilidad o insomnio. El cuerpo deja de obedecer y empieza a decir la verdad —comenta Winograd—. Desde la Medicina Tradicional China, es un cambio profundo en la dirección de la energía vital. El Jing, esa reserva que antes alimentaba la fertilidad y el cuidado hacia otros, ahora busca nutrirnos a nosotras mismas. Por eso aparece una necesidad visceral de autenticidad, de silencio, de coherencia. No es una crisis, es una reconfiguración. Cuando dejamos de resistirla, descubrimos que no estamos perdiendo poder, lo estamos recuperando”.

Abrazar la transformación

Sofocos, mal descanso, cambios emocionales, aumento de peso (y la dificultad para bajarlo), sequedad de piel y mucosas, falta de libido, cansancio, ansiedad, dolores articulares y musculares… Hoy se habla cada vez más de cómo este descenso hormonal generalizado puede provocarnos este tipo de alteraciones. ¿La buena noticia? A diferencia de años atrás, en la actualidad contamos con más herramientas e información para mejorar la calidad de vida. La doctora Florencia Lozano, médica especializada en salud femenina integrativa, suma sus recomendaciones:

La alimentación. Cumple un rol fundamental, porque influye directamente en nuestras hormonas y en cómo transitamos esta etapa. Lo que más necesitamos es una nutrición que regule la glucosa e insulina, cuide la masa muscular y aporte micronutrientes esenciales. Hay que priorizar proteínas de calidad (carnes, huevos, pescado), grasas saludables (palta, frutos secos, aceite de oliva), vegetales variados (para obtener fibra y antioxidantes) y tomar mucha agua. Además, reducir ultraprocesados, azúcares y alcohol ayudará a mantener un equilibrio hormonal más estable. 

El movimiento. Es “medicina” en la perimenopausia. El entrenamiento de fuerza ayuda a mantener la masa muscular y ósea (que podemos perder muy abruptamente en los años siguientes a la menopausia, aumentando el riesgo de osteoporosis y fracturas patológicas), protege el metabolismo y equilibra el estado de ánimo. Lo ideal es combinarlo con actividad aeróbica moderada (caminar, bicicleta, nadar) y prácticas de flexibilidad corporal como yoga o pilates. No olvidemos que el ejercicio libera sustancias químicas en el cerebro que generan sensación de bienestar, calma y lucidez. 

El descanso reparador. Es otro gran aliado, porque dormir bien regula las hormonas, el metabolismo, la energía y el ánimo. Las células se reparan y regeneran durante la noche. 

Además, Lozano sugiere elegir productos cosméticos libres de disruptores endocrinos y otros tóxicos, evitar el cigarrillo y hacer una consulta médica para evaluar la incorporación de ciertos suplementos, como omega-3, vitamina D, magnesio, probióticos, etc. “No debemos olvidar que practicar técnicas de manejo del estrés —respiración, meditación, naturaleza, exposición coherente al sol, alimentar vínculos, momentos de ocio y reconexión (mindfulness)— también suma muchísimo para transitar esta etapa con equilibrio, tolerancia y consciencia”, reflexiona.

Dejar de pelear con el tiempo

“No debemos negar esta transición, sino reorganizarla. Cuando la miramos sin lentes deficitarios, aparece una oportunidad silenciosa pero potente: editar identidad, ordenar vínculos y alinear el proyecto vital”, considera la licenciada Romina Halbwirth, psicóloga sistémica integrativa. Y reflexiona: “No es un precipicio: es un umbral. Entre los 40-50 muchas mujeres sienten que ‘ya no quieren sostener lo insostenible’. Cambian la energía disponible, las prioridades y, si nos damos permiso, se modifica la narrativa con la que nos contamos quiénes somos”.

La especialista destaca que se vuelve más claro lo que merece protección: el descanso, la salud mental, los vínculos verdaderos. También lo que ya no estamos dispuestas a negociar. “En términos sistémicos, es el momento de revisar el lugar en la red de relaciones —familia, trabajo, comunidad— y decidir si esa coreografía de roles sigue representándonos. En lo interpersonal, se abre la puerta a revisar roles: quien siempre cuidó empieza a repartir el cuidado; quien postergó sus proyectos se habilita a trabajar con foco; quien ‘mediaba todo’ aprende a no intervenir cuando no le corresponde. Esto no rompe la trama: la madura”.

Además, Halbwirth reconoce que en esta etapa muchas mujeres se reinventan laboralmente. No siempre cambiando de profesión, pero sí modificando las formas: pasan de roles agotadores a formatos más sostenibles o se animan a emprender sin miedo a la mirada ajena. “La clave no es empezar de cero, sino alinear: que la forma de trabajar no contrarreste la salud mental, que el tiempo laboral no compita con la vida, que la remuneración dialogue con el valor aportado. No se trata de pelear contra el tiempo, sino de habitarlo con criterio. Y en ese habitar, descubrir que no estamos ‘perdiendo’ nada, estamos haciendo lugar para lo que sí nos representa”, sostiene.

Cada vez más conscientes

Tal vez hasta ahora nadie nos haya contado que entre los 40 y los 50 es posible encontrar una nueva manera de vivir: más amable con nosotras mismas y alineadas con lo que para cada una es importante. Winograd revela que estudios como los de la doctora Lisa Mosconi, autora del libro El cerebro de la menopausia, o de la neuropsiquiatra estadounidense Louann Brizendine, muestran cómo, en este tramo de la vida, el metabolismo cerebral se ajusta a las nuevas condiciones hormonales. 

“Algunas áreas se calman, otras se vuelven más eficientes. Es como si el sistema nervioso hiciera una poda inteligente: suelta lo que distrae y refuerza lo esencial. Por eso ya no buscamos aprobación, buscamos paz. La energía mental deja de dispersarse en lo que los demás esperan y se concentra en lo que nos da sentido”, destaca.

¿Por qué, en muchos casos, todavía nos cuesta habitar este tiempo con liviandad? En general, porque seguimos intentando que todo sea igual. Nos resistimos al cambio. Y ese esfuerzo por sostener todo de la misma manera, implica un gran desgaste: “Llevamos el cuerpo al límite cuando necesita más descanso, buena alimentación y cuidado. Lo forzamos a seguir en un modo que ya no le sirve. Ahí los síntomas se intensifican y se genera el desorden”, explica Winograd.

A lo mejor el secreto esté en empezar a escucharnos más. A conectar con lo que nos pasa, con lo que sentimos. A respetar las necesidades del alma, para volver a experimentar esa sensación profunda de estar otra vez en casa, aceptando todo lo que la vida trae, con sus luces y sus sombras. 

Lau Aguirre, creadora de contenido y responsable del espacio Yo en modo creativo, atravesó una perimenopausia precoz, cuando apenas tenía 26 años, y cuenta que, a pesar del tsunami emocional y físico que significó la noticia en aquel entonces —la búsqueda de su bebé, los tratamientos de fertilidad, los cambios en su estado de ánimo, los sofocos, la sequedad en todas las mucosas—, la menopausia le recordó que aquello que a veces vivimos como pérdida, puede convertirse en un legado de transformación y crecimiento.

“En ese momento hice varias consultas médicas, recurrí a la medicina alternativa, incorporé nuevos hábitos, ejercicio diario y una mejor alimentación. Puse el foco en cuidar mi cuerpo, mis huesos, mi piel, mis ovarios y mi útero”, recuerda. Y asegura que “cada etapa guarda su verdadero milagro. En unos meses cumplo 42, mis amigas empiezan a tocar el tema, y yo descubrí que el propósito y la profundidad que solemos atribuir a la vejez, simplemente llegaron a visitarme más temprano”.

Por eso, como señala Winograd, necesitamos entender que es tiempo de mirarnos con ternura, no con miedo. “De actuar con coherencia, no repitiendo ni copiando modelos que no nos pertenecen. Porque si aprendemos a escuchar lo que el cuerpo, la mente y el espíritu susurran —antes de que griten— descubriremos que el cambio no es pérdida sino liberación. Cuando dejamos de temer al paso del tiempo, los años dejan de pesar. Y entonces la vida se vuelve más liviana, más intensa, más nuestra. Con más esperanza, empuje y desparpajo. Con menos crítica, con más gratitud”, concluye la especialista.

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