Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

17 septiembre, 2020

¿Qué cosa es el amor?

Durante siglos la idea del amor se asoció a estructuras concretas delineadas socialmente. Pero en este tiempo de grandes cambios, ese sentimiento enorme y universal se expande hacia nuevas formas en una construcción libre y trascendente. ¿Qué es para vos amar?


Por Agustina Rabaini

Desde hace seis meses, el aislamiento obligatorio nos trajo el desafío de reflexionar y aprender en compañía de los otros; los que pudieron estar cerca o de manera virtual, con o sin convivencia, como amigos, familiares o parejas. Dentro de esa riqueza vincular que intentamos extender más allá del círculo cercano, seguimos aprendiendo y conquistamos una única certeza: que el amor puede adoptar diferentes formas y que el viaje es de ida y vuelta, por amor a los demás y a nosotros mismos. Un viaje hacia el prójimo que nos devuelve a nuestro propio ser y fortalece nuestra esencia como seres humanos únicos, integrados, en libertad, felices. 

Tu tarea no es buscar el amor sino derribar las barreras que has erigido en su contra en tu interior”, escribió en el siglo XIII el poeta Rumi. Desde otro momento de la historia, el terapeuta estadounidense Thomas Moore afirma que “los vínculos son el lugar donde el alma cumple su destino”. 

Hace tiempo que en Sophia pensamos en el concepto del amor –en otro tiempo reservado casi exclusivamente a la pareja y a la familia– desde un espíritu más grande y abarcativo, universal, como una construcción que puede adoptar diversas formas y evolucionar hacia un fin trascendente.

Hasta no hace mucho tiempo, el matrimonio supo ser un voto para toda la vida. Hoy esa promesa se ha puesto en cuestión y la disolución del vínculo y el compromiso se resuelven mediante un trámite, más allá del duelo y la dificultad emocional y económica que acarrea. Lo mismo podría decirse en relación al mandato de formar una familia como expresión de desarrollo personal o de realización, como un fin o un anhelo a alcanzar.   

¿Qué es lo que ha ido cambiando y qué pueden aportarnos quienes han atravesado experiencias profundas? ¿Qué nos dicen los psicoterapeutas y maestros espirituales sobre el apego y el concepto de incondicionalidad o la idea de que existe un amor “para toda la vida”? ¿Cómo atraviesan estos cambios las almas sensibles?  

“El amor es cuando estoy en estado de amar, de estar satisfecho y de sufrir y de esperar a propósito de todo lo que viene del otro: la manera en cómo viaja, su ausencia, su llegada, su presencia, el calor de su cuerpo, las conversaciones con él, los gustos compartidos. Poco a poco, la totalidad de lo que el otro es se vuelve un componente de mi propia existencia. Esto es mucho más radical que la vaga idea de preocuparme por el otro. Es el otro con la totalidad infinita que representa, y con quien me relaciono en un movimiento subjetivo extraordinariamente profundo”. 

Alain Badiou en Elogio del amor, Paidós, 2012

Yo pertenezco a una generación que vivió más del siglo XX que del siglo XXI –cuenta Teresa, de 67 años–. Cuando vuelvo a mi juventud me vienen las imágenes del cine y aquellos amores románticos y apasionados, los boleros, todo eso que nos ‘vendieron’ como propósito o fin para ser más felices. El ‘tú eres para mí y yo soy para ti’, el ‘para siempre’, la ‘media naranja‘, el ‘no poder vivir sin el otro’ y el ‘tú eres mi vida’ y el ‘sin ti yo no existo’. Esas ideas han ido cambiando para mí, radicalmente, a lo largo de la vida. Con muchos años vividos hoy puedo decir que a la otra mitad conviene buscarla adentro y no afuera, y que la experiencia del amor puede cambiar solo en la medida en que hombres y mujeres se vean a sí mismos como personas completas y autónomas. De la mano de las generaciones más jóvenes veo que por fin las personas van dejando de ser esos pegoteados simbióticos que se esperaba que fuéramos, y en esto mucho tuvo que ver que las mujeres se volvieran cada vez más autónomas y que tanto hombres como mujeres lograran desarrollar, con igualdad de posibilidades, una vida propia, rica en intereses y desafíos para compartirla luego en pareja o en el núcleo familiar”.

Vivir, amar, soltar

El sacerdote y psicoterapeuta Anthony de Mello define este sentimiento con amplitud y claridad: “El amor es dar al otro y eso no debería estar solo destinado a una pareja, un novio o un marido, y ni siquiera un familiar muy cercano, sino a un universo más amplio y abierto”. 

Para Teresa, se trata de un cambio de era.Se está cayendo un mundo viejo y está viniendo un mundo nuevo. ¿Viste que en el pentagrama te hacían poner una clave de sol? Bueno, yo creo que hay que cambiar de clave y empezar a ver más desde el alma“, señala y remarca la necesidad de “encontrar otra manera de vincularnos con la naturaleza, con el prójimo, con nosotros mismos. El coronavirus nos está mostrando que todos somos unos. Desde lo emocional, desde lo psicológico, desde lo físico y desde lo social, es hora de que empecemos a funcionar de manera diferente. Con mayor sentido de la solidaridad y con una mayor empatía. Poner el amor en cada acto que hacemos por el otro. Eso es el amor”, destaca.

¿Cómo cultivar el amor altruista? El monje budista y biólogo francés Matthieu Ricard explica: Para cultivar el amor altruista debemos primero estar plenamente conscientes de nuestro propio deseo de liberarnos del sufrimiento y de experimentar bienestar. Este paso es especialmente importante para aquellos que tienen una imagen negativa de sí mismos o que han sufrido tanto que sienten que no están hechos para la felicidad. Entonces nosotros debemos generar una actitud cálida, tolerante y benevolente hacia nosotros mismos y decidirnos a lograr lo que en verdad es bueno para nosotros mismos. Una vez que reconozcamos esta aspiración, debemos reconocer que es compartida por todos los seres. Debemos reconocer nuestra humanidad común y hacernos conscientes de nuestra interdependencia“.

“¿Hay algo más poderoso que amar? Posiblemente ser amado”, reza una frase detrás de Amor de cuarentena, la propuesta de teatro que, en formato virtual, protagonizan Leonardo Sbaraglia, Dolores Fonzi, Cecilia Roth, Jorge Marrale y Camila Sosa Villada. Una microficción escrita por Santiago Loza que se envía durante 14 días consecutivos a través de WhatsApp e intenta ser un “paliativo poético y un refugio en tiempos de encierro” y refleja algo o mucho de los vínculos en este contexto tan particular que nos toca vivir. 

Anthony de Mello marca una diferencia clara entre el amor y el apego y nos anima a fortalecernos en el amor propio para luego extenderlo, en forma armoniosa, natural. “Cuando te quiero, te quiero independiente de mí, y no enamorada de mí, sino enamorada de la vida. No se puede caminar cuando se lleva a alguien agarrado. Se dice que tenemos necesidades emocionales: ‘ser querido‘, ‘ser apreciado‘ ‘pertenecer a otro‘, ‘que se nos desee‘. No es verdad. Cuando se siente esa necesidad es una enfermedad que viene de la inseguridad afectiva. Tanto la enfermedad, la necesidad de sentirme querido, como la medicina que se ansía, el amor recibido, están basados en premisas falsas. Necesidades emocionales para conseguir la felicidad en el exterior no hay ninguna, ya que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Solo mostrando ese amor y gozando en él vas a ser realmente feliz, sin agarraderas ni deseos, ya tienes en ti todos los elementos para ser feliz”.

Así lo describió el enorme John Lennon: “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta“.

“Aprender a amarnos, esa conquista de la madurez”

Por Fabiana Fondevila*

El amor es la esencia de la vida, nuestra naturaleza más profunda, la energía que todo lo mueve. No obstante, a veces lo sentimos lejos, o no llegamos a encarnarlo del todo, o imaginamos que algo o alguien puede quitárnoslo, y condenarnos a la soledad. 

Esto es, en parte, sobre lo que debemos trabajar: cómo ser cada día mejores encarnaciones del amor, ejerciéndolo y habitándolo a consciencia.

“Todas las tradiciones espirituales coinciden en afirmar que la persecución de nuestra propia felicidad no conduce a la verdadera satisfacción porque los deseos personales se multiplican de continuo generando nuevas frustraciones. La verdadera felicidad –la que nadie puede arrebatarnos– emana de la apertura de nuestro corazón, de su proyección hacia el mundo que nos rodea y se complace con el bienestar de nuestros semejantes”. Del libro “Trascender el Ego” (Kairós).

Para esto necesitamos comprender que, además de ser la fuente y la energía que nos habita, el amor nos pide que lo actuemos en el mundo. De nada sirve decirle a alguien “te adoro”, si después no lo escuchamos, o lo tomamos en cuenta, o pasamos tiempo de calidad con él o ella. 

El amor que no encuentra expresión en el mundo es -como diría Miguelito, el personaje de Quino- un amor “de morondanga”.

Uno de los grandes mitos disfuncionales con los que vivimos es pensar que el amor es algo que vive afuera de nosotros. Como si estuviésemos de un lado de la puerta, y el amor del otro, y si el amor no toca a esa puerta, nos quedáramos solos, desprovistos, vacíos. 

Todos tenemos una capacidad innata de amar, y si bien necesitamos alimentar esa fuente en el encuentro con los otros, no somos en absoluto destinatarios pasivos.   

Pero, por otro lado, aprendemos a amar amando a otros, ese amor es siempre netamente vincular. Por lo tanto, aprender a amarnos a nosotros mismos es una conquista de la madurez. 

*Escritora, oradora y facilitadora de talleres de auto-transformación.

El amor del otro, ese testigo de la propia vida

Por Adela Sáenz Cavia*

El amor toma formas variadas… a veces es etéreo, a veces contundente. O es breve pero intenso, y a veces, simplemente, infinito.

Muchas de ellas van desde ese afecto incondicional de una madre o un padre con sus hijos, una educadora que llega para sembrar y recoger, unas manos que cocinan con poco para muchos, un amor de abuelos tranquilo y entregado, o amor por la naturaleza y su belleza simple y única.

Pero si del amor de pareja se trata, desde chica he admirado esas historias de amor que perduran. No es que creyera demasiado en el amor para toda la vida, pero siempre me generaron mucho asombro y maravilla esas parejas con un amor duradero. Siempre me pregunté cuál era su misterio. 

Ahora sé que es generosidad, admiración y respeto. Pasión y ternura.

Estar juntos, habiendo atravesado umbrales difíciles, pero sonriendo y a corazón abierto. Ir creciendo juntos, no siempre de acuerdo, pero con un respeto genuino por esas diferencias y sintiendo que el otro es otro, y que lo elijo y me elige cada día como es, como soy.

“El mundo es violento y mercurial, tiene sus celadas y las tendrá contigo. Solo nos salva el amor. El amor de cada uno por el otro y el amor que volcamos en el arte que nos sentimos llamados a compartir: ser un padre; ser un escritor; ser un pintor; ser un amigo. Vivimos en un edificio que se incendia perpetuamente, y lo que debemos salvar de él, todo el tiempo, es el amor”.

Tennessee Williams en una entrevista con James Grissom, 1982.

Y el cariño es importante porque a todos nos gusta sabernos amados. Sentir ese amor y expresarlo con gestos, con palabras o simplemente, acompañando en silencio.

Saber expresar disculpas cuando hemos dicho o hecho algo que lastimó al otro y también aprender a perdonar.

Es sentirte acompañada en la noche oscura, esa que todos tenemos algún día… con caricias en el pelo, abrazando fuerte, besando el llanto y velando el sueño.

Amar y ser amado implica, también, entrega. Es dejarse habitar por el otro –física y emocionalmente– pero siendo uno mismo. Requiere de seguridad y confianza y de tener claro que somos dos que elegimos estar juntos y que nadie completa a nadie; poder reconocer mi límite y el tuyo.

Es amar en lo que estamos de acuerdo y en lo que no.

Porque, vamos, que amar requiere coraje. El coraje de enfrentarnos a la otredad. Al distinto.

Es compartir, morar, anidar, arraigar y erotizar. 

Me gusta pensar en el amor de mi vida como un testigo. Alguien que podrá dar fe de mi historia, mi lucha, mi entrega. Alguien que pueda dar testimonio de mí, como una forma pequeña pero concreta de permanencia y afirmación en el mundo.

Se cimenta día a día en la complicidad cotidiana de las cosas sencillas y cada tanto, en algún gran evento que nos marca para siempre.

El amor genuino tiene, además, el poder de devolvernos suavemente hacia nosotros mismos, de ayudarnos a encontrarnos y a ser.

Es que, ¿hay algo más poderoso que amar? Posiblemente, ser amado.

* Especialista en educación emocional, oradora y coach. 

De las manos al corazón 

“Abuela, ¿cómo se afronta el dolor?”

“Con las manos, cariño. Si lo haces con la mente en lugar de aliviar el dolor, este se endurece aún más”.

“¿Con las manos abuela?”

“Sí. Nuestras manos son las antenas de nuestras almas. Si las mueves tejiendo, cocinando, pintando, jugando o hundiéndolas en la tierra, envías señales de cuidado a la parte más profunda de ti. Y tu alma se ilumina porque le estás prestando atención. Entonces las señales del dolor ya no serán necesarias”.

“¿Las manos son realmente tan importantes?”

“Sí, hija mía. Piensa en los bebés: comienzan a conocer el mundo gracias al toque de sus pequeñas manos. Si miras las manos de los viejos, te cuentan más sobre su vida que cualquier otra parte del cuerpo. Todo lo que se hace a mano se dice que está hecho con el corazón. Porque es realmente así: las manos y el corazón están conectados. Los masajistas lo saben bien: cuando tocan el cuerpo de otra persona con sus manos crean una conexión profunda. Es precisamente a partir de esta conexión que llega la curación. 

“Mis manos abuela … ¡cuánto tiempo no las he usado así!”

“Muévelas, mi amor, comienza a crear con ellas y todo dentro de ti se moverá. El dolor tal vez no pasará pronto, pero en cambio lo que hagas con ellas se convertirá en la obra maestra más hermosa. Y ya no dolerá más. Porque habrás sido capaz de transformar su esencia”.

Texto de la autora Elena Bernabé.

Leé también: El amor en la era de la selfie

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