Psicología y astrología: ¿por qué cada vez más personas eligen integrarlas en su terapia? - Sophia Online

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Psicología y astrología: ¿por qué cada vez más personas eligen integrarlas en su terapia?

Son muchos los que se animan a explorar la posibilidad abrir su terapia psicológica a la astrología, un lenguaje simbólico capaz de brindar una dimensión trascendente. Te contamos más sobre esta mirada integradora.

POR María Eugenia Sidoti

Hay quienes, de pronto, sienten la necesidad de iniciar otro tipo de camino terapéutico. Algo menos “tradicional” u “ortodoxo”, por decirlo de algún modo. Es así como abren la puerta al lenguaje astrológico, para integrar nuevos saberes y descubrir aspectos antes ignorados de su personalidad y su biografía. Quizás, esa sea la llave que necesitan para revitalizar su terapia o para sostenerla en el tiempo. Porque cuando los movimientos del cielo entran a cuadro, brindan un marco mayor, más trascendente, a los dilemas humanos. 

No se trata de una práctica nueva. El psiquiatra suizo Carl G. Jung introdujo la astrología en el psicoanálisis en el siglo pasado, a través de conceptos como la sincronicidad, los arquetipos y el inconsciente colectivo. Sin embargo, esta práctica hoy se convirtió en tendencia gracias a la gran difusión que tiene el saber astrológico a través de distintas plataformas digitales y espacios terapéuticos. Según los especialistas, las consultas para conocer cómo funciona esta dinámica se están multiplicando. 

Psicología y astrología son, a menudo, un viaje de exploración y conquista personal para quienes están en el camino de encontrar nuevas respuestas para su vida. La primera cuenta con mayores credenciales, es verdad. Pero la segunda, aunque con algunos detractores, va abriendo su horizonte a nuevos adeptos. Gente que se da la posibilidad de escuchar lo que los astros tienen para decir acerca de sus experiencias humanas, al verlas como parte de un universo más amplio que la realidad que viven cada día.

Lo cierto es que ambas disciplinas apuntan a brindar herramientas para ayudar a tomar dimensión de los recursos que traemos y de los anhelos que tenemos, y así permitirnos accionar con mayor consciencia. A la vez, esta combinación sirve de guía a la hora de formularnos algunas preguntas que a todos nos atraviesan. ¿Qué vine a aprender al mundo? ¿Por qué hago las cosas de una manera y no de otra? ¿Cuáles son las razones que me llevan a repetir determinados patrones con algunas situaciones o vínculos? ¿Dónde habita mi verdadera esencia, mi Sol, y cómo hacerlo brillar?

¿Psicología o astrología? Las dos

Las encrucijadas que nos acercan a una u a otra pueden variar, pero tienen una raíz común: la búsqueda de sentido. La posibilidad de abrirnos a una experiencia superior que la del día a día, en la que el autoexamen y la reflexión nos permitan dialogar con nosotros mismos sin interferencias. Muchas veces lo que nos mueve a intentar este tipo de terapia es una sensación de bruma, de angustia, de vacío. Otras veces aparecen síntomas claros de que algo no está yendo por el camino que el alma nos pide. Entonces sentimos que es hora de recalcular. En esa curva de la existencia, la carta natal puede volverse un GPS. “La carta astral es, en efecto, un mapa de potencialidades y rasgos de carácter, y revela un rico retrato de la personalidad individual completa”, explica la terapeuta junguiana y astróloga inglesa Liz Greene en su libro Las dinámicas del inconsciente (Urano). 

Sea cual sea la razón, que podamos explorar el vasto territorio de la interioridad es un regalo que, uniendo ambas disciplinas, puede llevarnos a iluminar rincones antes oscuros. Habitaciones de nuestra conciencia que estaban cerradas, y que ahora necesitamos airear. “La astrología consiste en configuraciones simbólicas del inconsciente colectivo, que es el tópico principal de la psicología: los ‘planetas’ son los dioses, símbolos de los poderes del inconsciente”, expresó Jung, pionero de esta combinación. 

“Desde mi experiencia, integrar la astrología en un proceso terapéutico es como encender una lámpara en un territorio interior aún no recorrido. La astrología dialoga directamente con el alma, y eso enriquece profundamente la mirada transpersonal —explica Inés Olivero, psicóloga transpersonal, astróloga y docente de cursos y talleres en Sophia—. La carta natal se convierte en un mapa que no impone un destino, sino que revela potenciales, desafíos evolutivos y tiempos de transformación. La psicología transpersonal, al enfocarse en la consciencia del alma más allá del ego, encuentra en la astrología una aliada para comprender los procesos arquetípicos que una persona está atravesando”.

Para la licenciada Carolina González Hren, psicóloga transpersonal y astróloga, este tiempo desafiante impone integrar la dimensión espiritual en la terapia. “Muchas veces, en las consultas, las personas me dicen que quieren hablar de ‘otros temas’, pero el terapeuta no los entiende. Claro, porque la astrología es un lenguaje simbólico y hay que saber ‘hablarlo’ o interpretar sus significados. Hoy prácticamente todo el mundo sabe algo acerca de su Sol, Luna o ascendente. Y este saber nos ayuda a comprender el significado profundo de la vida, para encontrar nuevos sentidos a nuestra experiencia humana, algo que siempre es fascinante y revelador”.

Plutón en Acuario y el llamado de la transformación

Los movimientos planetarios ponen en acción energías muy intensas, que muchas personas deciden explorar a través de la consulta psicológica-astrológica. “La unión de la psicología transpersonal y la astrología nos permite recordar algo esencial: no estamos separados de la vida, sino que somos expresión viva del cosmos. En este sentido, el autoconocimiento no se limita a entender nuestra biografía o nuestras heridas, sino que se convierte en una exploración de nuestra misión espiritual”, describe Olivero y asegura que abrir la mirada no sólo amplía las herramientas del terapeuta, sino que invita al consultante a reconocerse como parte de un todo mayor, para despertar una escucha más profunda del propósito existencial. 

“A veces, el ‘trabajo interior’ requiere un acto de lealtad en lugar de un esfuerzo de transformación. Saber qué nos hace felices (Venus), expresarlo a los demás (Mercurio) y mantenernos firmes ante la oposición (Marte) puede parecer insignificante comparado con las preocupaciones más profundas del mundo exterior”, sostiene Greene en el libro Los planetas interiores (Kepler), donde revela cómo Mercurio, Venus y Marte constituyen la base de lo que en psicología se llama el “yo”. 

“Al observar los movimientos planetarios —en especial los planetas transpersonales— nos damos cuenta de que nuestras crisis no son errores, sino iniciaciones. Una vez desarrollado debidamente nuestro ego, la astrología nos muestra una potencia que enlaza la vivencia personal con aquello que está ‘más allá’, que es Quirón quien oficia de puente entre Saturno (ego maduro) con Urano, que posibilita una ampliación de consciencia, el contacto con una dimensión desconocida hasta entonces. Y luego, Neptuno y Plutón simbolizan fuerzas que nos invitan a disolver lo ilusorio y a renacer desde lo esencial. Comprender estas dinámicas nos ayuda a atravesar nuestros procesos con mayor entrega, confianza y sentido”, comparte Olivero. 

Para González Hren, lo que nos pasa en la vida no es independiente de los ritmos que marcan los astros, sino que es justamente al revés. “Hay una frase que me gusta: ‘No se cae una hoja de un árbol sin que tiemble una estrella’. Comprender el lenguaje del cielo, el mapa natal o los tránsitos planetarios, nos ayuda a entender lo que nos pasa, los desafíos que ‘nos toca atravesar’ y entendemos que estamos íntimamente relacionados con el todo, o con eso más grande. Que esta experiencia humana no es azarosa, que nada es ‘casualidad’”, sostiene la terapeuta. 

Cada terapia, un universo

En un mundo tan individualista, esta perspectiva nos reencanta con la vida, devolviéndonos la noción de que formamos parte de una inteligencia mayor que nos guía, de algo sagrado y superior que abraza nuestra historia humana. 

Sin embargo, Olivero aclara que este tipo de terapia no es necesariamente para todos ni para todo momento. “Hay personas que están en etapas donde necesitan anclaje, contención emocional y presencia del aquí y ahora, y eso está bien que sea así, que toda la energía se exprese de ese modo, antes que entrar en mapas simbólicos o arquetipos cósmicos. Además, es esencial que quien acompaña estos procesos tenga una formación sólida tanto en lo psicológico como en lo astrológico, y fundamentalmente, que haya hecho su propio proceso personal. La carta natal, mal interpretada o usada de forma rígida, puede generar confusión, dependencia o incluso reforzar estructuras egoicas”, subraya. 

Asimismo, la especialista aclara que es importante que la astrología no se use como un oráculo predictivo, sino como una herramienta de consciencia que esté al servicio del camino terapéutico. “Es una integración profundamente transformadora, si se hace con respeto, sensibilidad y desde una mirada amorosa del alma, que acompañe los diferentes momentos evolutivos. Suele pensarse que los diferentes planetas de una carta son elementos que ‘tenemos’, como entidades separadas. Pero, en realidad, se trata de dimensiones energéticas constitutivas de nuestra experiencia terrenal y conocerlas es una tarea de autoconocimiento”, reflexiona Olivero. 

“De algún modo, ver y comprender este mapa de ruta nos calma y también nos ayuda a salir de la soberbia de creer que podemos controlar. Control, miedo y ansiedad van de la mano, y la propuesta es cambiarlos por la confianza en la vida, a partir de la comprensión de las energías que nos constituyen”, concluye González Hren. 

Cada cual decidirá si explorar o no esta alternativa que ofrece una mirada terapéutica más amplia, de la mano de dos herramientas tan poderosas como la psicología y la astrología. Porque, como explican las especialistas, los tránsitos planetarios señalan momentos de activación psicoespiritual en nuestra vida y, lejos de condicionar nuestro destino, nos muestran reflejos simbólicos de procesos internos que necesitan emerger para hacerse conscientes. La buena noticia es que la posibilidad de combinarlas existe y que, bien utilizado, este método permite alumbrar una nueva forma de vernos y de mirar la vida.  

3 COMENTARIOS

  1. Excelente nota. Un universo por descubrir. Dos herramientas para explorar seriamente en el desarrollo del proceso de autoconocimiento tanto personal como colectivo.

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