Psicología somática: la terapia que une mente y cuerpo para ayudar a sanar - Sophia Online

Salud

Psicología somática: la terapia que une mente y cuerpo para ayudar a sanar

Te contamos todo sobre este enfoque terapéutico que reconoce la conciencia corporal como una herramienta de sanación. En esta nota, tres especialistas explican cómo el cuerpo puede ser el mapa para regular emociones, liberar tensiones y conectar con el alma.

POR Paz Berri

Durante mucho tiempo se creyó que ir a terapia para “hablar de nuestros problemas” era suficiente para procesarlos. Y si bien sabemos que decir alivia y organiza, es un recurso que, por sí solo, muchas veces no alcanza. Porque el cuerpo también guarda información. Como afirma la neurocientífica española Nazareth Castellanos “el cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta”, lo que significa que las sensaciones corporales informan a la mente sobre nuestro estado interno, antes de que podamos ponerlo en palabras.

Es así como cada vez más terapeutas trabajan uniendo emoción-lenguaje-cuerpo en sus espacios. Ya no hay dudas de que, cuando nos integramos, podemos dar lugar a procesos profundos de regulación, autoconocimiento y transformación.

Para comprender cómo funciona la psicología somática, consultamos a tres profesionales dedicadas a este tipo de enfoque terapéutico, para que expliquen cómo el lenguaje sensorial puede traer a la conciencia lo que no siempre es posible poner en palabras. Y, fundamentalmente, nos hablan de cuáles son los beneficios que se perciben a nivel físico, psíquico y emocional.

A continuación, Tamara Perelman, Elisa Chapado y Natasha Pampin responden —cada una desde su área de conocimiento y de trabajo— a las preguntas que surgen habitualmente con respecto a este tema. Tres miradas sobre un mismo llamado vital: la necesidad de integrar mente y cuerpo para sanar el alma.

“Debemos darnos cuenta de que la mente no puede hacer todo sola”

Tamara Perelman, psicóloga somática formada en trauma. 

¿Qué es la psicología somática? 

La psicología somática es un enfoque terapéutico que reconoce que cuerpo-mente están profundamente entrelazados. Parte de la idea de que lo que sentimos, pensamos y experimentamos tiene un reflejo en nuestro sistema nervioso, respiración, postura, sensaciones corporales y también en la forma en la que percibimos el mundo, nos vinculamos y nos habitamos. Desde este abordaje, el cuerpo es un espacio vivo de registro, memoria y expresión, que no sigue un tiempo cronológico como el lenguaje verbal, sino que se expresa en sensaciones físicas, movimientos, tensiones o vacíos. 

¿Por qué hoy se habla cada vez más de “bajar al cuerpo”? 

Hoy sabemos, gracias a los aportes de la neurociencia, la teoría del trauma y la teoría polivagal, que el trauma no es un recuerdo, sino una experiencia que se aloja en el cuerpo. Cuando atravesamos situaciones difíciles y no podemos completar las respuestas naturales de lucha o huida (por ejemplo: crecer en una familia donde había violencia y, por ser pequeños, no poder defendernos ni escapar), esa energía queda “congelada” en nuestro sistema nervioso. Eso puede dar lugar a síntomas físicos, emocionales o conductuales: ansiedad, tensión crónica, insomnio, hiper reactividad, entre otros. Entonces, cuando el cuerpo es escuchado, puede completar lo que quedó pendiente, y desde ahí empezar a atravesar las situaciones de la vida que nos generan estrés, con mayor bienestar.

¿Por qué se habla tanto de trauma en psicología somática?

Porque el trauma no es solo lo que nos pasó, sino lo que nuestro sistema nervioso pudo —o no pudo— hacer con eso. No es el evento en sí, sino la capacidad que tuvimos en ese momento de procesarlo, sostenerlo, de sentirnos acompañados y seguros mientras ocurría. Nuestra necesidad más básica desde que nacemos es ser vistos, cuidados, regulados a través del vínculo con otros. Y en muchos casos eso no sucede como debería. No hace falta que haya violencia explícita para que algo nos impacte profundamente. El trauma también puede generarse por haber tenido que adaptarnos a entornos que no podían sostener nuestras emociones o crecer en familias donde no hubo espacio para ser quienes éramos, por ejemplo. Hay eventos que son potencialmente traumáticos —un accidente, una pérdida, un abuso—, pero no siempre generan trauma. Y hay experiencias que parecen pequeñas o poco importantes, pero que, repetidas en el tiempo y sin contención, pueden dejar marcas profundas en el cuerpo.

¿Y cómo se entiende todo esto desde la psicología somática?

Desde la psicología somática entendemos que esas marcas no viven solo en la mente: el trauma se aloja en la fisiología, en los músculos tensos, en la respiración contenida, en el adormecimiento. Son patrones de protección que el cuerpo activó para sobrevivir. Por eso, sanar no es solo recordar o entender lo que pasó. Es ofrecerle al cuerpo nuevas experiencias de seguridad, conexión y regulación. Es darle la oportunidad de completar lo que quedó pendiente y registrar que, ahora, puede sentirse a salvo. La clave no está en ignorar al cuerpo, sino en aprender a escucharlo con respeto y paciencia.

¿Cuál es el beneficio de hacer terapia? 

La terapia es un espacio donde lo emocional, lo corporal y lo vincular se entrelazan para que podamos ir hacia una versión más integrada. Es un espacio para volver a uno mismo. Un lugar para desarrollar la presencia, bajar la guardia y empezar a habitar lo que sentimos sin tener que sostenerlo todo solas. En un mundo que nos empuja a estar siempre haciendo, rindiendo o resolviendo, tener un lugar donde simplemente ser —con lo que haya— ya es profundamente transformador.

¿Cómo darnos cuenta de que necesitamos una terapia somática? 

Creo que todas las personas, en algún momento de la vida, podrían beneficiarse de un enfoque somático. Vivimos muy disociados del cuerpo. Muchas veces lo registramos solo cuando nos enfermamos, aparece dolor o ya no damos más. La terapia somática es recomendable para quienes sienten que están “desconectados” de sí mismos, viven en un estado de tensión constante, atraviesan ansiedad, estrés crónico, insomnio, dificultades en los vínculos o están transitando procesos de duelo o trauma. Pero también para quienes buscan habitarse de una manera más presente, sensible y auténtica. 

¿El cuerpo y el cerebro están en constante diálogo? 

Sí, cuerpo y cerebro están en diálogo permanente. Y esa conexión es fisiológica, no simbólica. Un ejemplo muy claro es el nervio vago, que comunica cuerpo y cerebro todo el tiempo. Y lo más revelador es que cerca del 80 por ciento de sus fibras son aferentes, es decir, llevan información desde el cuerpo hacia el cerebro, y solo el 20 por ciento lo hacen en sentido inverso. Esto significa que lo que pasa en el cuerpo tiene un impacto directo en cómo pensamos, sentimos y actuamos (cuando el cuerpo está en modo alerta o defensa, la mente también se acelera, se agita, se llena de pensamientos caóticos o repetitivos). Por eso, volver al cuerpo es una vía directa para calmar la mente. 

¿Cómo es una sesión de terapia somática?

Cada proceso es único y lo vamos construyendo. Generalmente comenzamos desde la palabra, con lo que está presente ese día. Y a partir de ahí, vamos abriéndole espacio a la sensación sentida en el cuerpo, siempre con mucho respeto. Trabajamos anclando recursos que sirvan como un refugio interno, para poder volver a ellos cuando sea necesario. A veces usamos ejercicios concretos, y otras la atención sostenida o la escucha fina de las sensaciones. A través de la respiración, el auto-toque, prácticas de grounding, visualizaciones o pequeños movimientos conscientes, podemos ayudar a que el sistema nervioso salga del estado de supervivencia y vuelva a un lugar de mayor seguridad. Y desde ahí, la mente también se puede empezar a organizar distinto.

“Cuando el cuerpo siente que puede bajar la guardia vive con más energía, paz y disfrute”

Elisa Chapado, nutricionista holística especializada en salud hormonal femenina, informada en sistema nervioso y trauma.

¿Por qué es importante trabajar la alimentación desde lo somático? 

Para mí la alimentación no es solo lo que comemos, sino cómo nos sentimos mientras lo hacemos y cómo nuestro cuerpo lo recibe. Muchas veces intentamos cambiar la forma en que comemos desde la mente, con información, dietas o listas de estrategias, pero si el cuerpo está en alerta, si nuestro sistema nervioso percibe peligro, no importa qué tan saludable sea el plato: no podremos digerir ni absorber de manera óptima, ni establecer una relación armoniosa con el alimento. Por eso, trabajar la alimentación desde lo somático significa volver al cuerpo: aprender sobre sus señales, notar cómo responde frente a ciertos alimentos o entornos, y regular el sistema nervioso para que la salud ocurra en un estado de seguridad. Es un enfoque que integra la salud hormonal, cíclica y el sistema nervioso con prácticas corporales, respiración, movimiento y presencia. 

¿Qué sería la regulación somática y cómo afecta esto a la manera en que vivimos, dormimos, nos vinculamos con otros y nos alimentamos?

La regulación somática es la capacidad de nuestro cuerpo para volver a un estado de equilibrio después de haber percibido una amenaza o estímulo intenso. Implica notar las señales del cuerpo en el presente (por ejemplo, tensión) y poder responder a ellas sin colapsar: con prácticas como sacudir el cuerpo, respiración lenta, contacto físico nutritivo, movimiento suave o una pausa activa. Un sistema nervioso regulado permite que nuestros ritmos fisiológicos (respiración, digestión, sueño), estén en sintonía con las necesidades corporales reales. Cuando esto sucede dormimos mejor, nos vinculamos con más presencia y escucha y nos alimentamos con más calma. 

En general creemos que regularnos es estar relajados todo el tiempo… ¿Es así?

No, no es así. Regularse es poder permanecer presentes en nuestra experiencia humana, con todo lo que trae (sin negar lo que sentimos). Incluso desde lo fisiológico, el sistema nervioso autónomo —el gran regulador interno que coordina nuestras respuestas de lucha, huida, congelamiento o relajación— no está diseñado para que vivamos en calma las 24 horas del día. La verdadera regulación oscila, como un péndulo, entre momentos de activación y momentos de descanso. Nos activamos para crear, movernos, responder, vincularnos. Y luego bajamos para integrar, digerir, reparar, descansar, dormir. Ese vaivén es natural, necesario y profundamente humano.

¿Por qué a veces sentimos que el cuerpo está desconectado y en constante alerta?

El estrés activa mecanismos fisiológicos de supervivencia: aumenta la frecuencia cardiaca, desvía sangre del sistema digestivo hacia los músculos y libera hormonas como cortisol y adrenalina. Esto afecta a todo el organismo en general, pero lo podemos ver claramente en malas digestiones, hinchazón e inflamación, dormir mal o levantarse cansado más allá de las horas de sueño, problemas en el ciclo menstrual, en la piel, migrañas, ansiedad e incluso depresión. La clave para trabajarlo no está solo en «relajarnos», porque el cuerpo no obedece a un mandato mental sino a un estado de sensación de seguridad interna que tenemos que volver a enseñarle. Esto se logra con el tiempo, con la repetición y con prácticas somáticas que transmitan seguridad interna como pueden ser el movimiento suave o la respiración. 

“El cuerpo no olvida: guarda todos los registros de nuestras vivencias”

Natasha Pampin, Somatic Experiencing Practitioner (terapeuta somática centrada en trauma).

¿Qué quiere decir somático?

El término «somático» tiene sus raíces en el griego antiguo, de la palabra «soma». Si bien la traducción más simple es «cuerpo», para los griegos esta palabra significaba algo mucho más profundo: no hacían una distinción entre el cuerpo, la mente y el espíritu, sino que lo veían todo como una unidad indivisible. Entonces, «soma» se refiere a la totalidad viva del ser. Somos seres complejos, con dimensiones mentales, emocionales y espirituales, no solo cuerpos físicos. La somática es, en esencia, el estudio y la práctica de trabajar con esta totalidad. 

¿Qué es el trastorno de síntomas somáticos? ¿Y la somatización?

El trastorno de síntomas somáticos se puede resumir como una relación disfuncional que una persona desarrolla con sus síntomas físicos —estén estos ligados a enfermedades diagnosticadas o no—. La forma desmedida en que la persona reacciona frente a los síntomas puede desregularla, resultando en una intensa ansiedad, y pensamientos compulsivos. La somatización es la forma en que el cuerpo manifiesta, en sensaciones y síntomas físicos, las emociones y respuestas de supervivencia del sistema nervioso. 

En estos casos ¿los síntomas son reales?

Aunque el origen de los síntomas físicos sea alguna emoción no procesada o alguna respuesta del sistema nervioso no completada, los síntomas no dejan de ser reales. Culturalmente solemos invalidar los síntomas físicos que no están ligados a alguna enfermedad concreta, o que estén ligados a algún tipo de estrés. Decimos cosas como “bueno, es el estrés”, y no nos ocupamos como lo haríamos con una enfermedad, haciendo un tratamiento. Los médicos mismos nos envían a casa con una receta para no sentir el dolor y sin mayor acompañamiento o derivación. De aquí surge la necesidad de una propuesta somática como respuesta a este espacio vacío sin soluciones concretas.

¿Se podría decir que los síntomas están en el cuerpo y el dolor en el alma? 

¡Qué buena pregunta! Estoy de acuerdo: los síntomas se manifiestan en el cuerpo y el dolor emocional y psicológico en el alma, pero estos están intrínsecamente ligados. La mente no es solo un observador pasivo en todo este proceso. La forma en la que observamos, reaccionamos y hacemos sentido de nuestro dolor también influye en el dolor mismo y los síntomas, en un intento de protegernos de nuestra experiencia interna.

¿Por qué el cuerpo y la voz son dos herramientas tan poderosas para sanar?

Porque la razón, el análisis y la función cognitiva de los seres humanos tienen un alcance limitado. A veces es suficiente entender racionalmente lo que estamos atravesando, pero otras veces eso no cambia la experiencia viva que habita en el cuerpo. 

¿Podrías darnos algún ejercicio para empezar a escuchar más nuestro cuerpo?

Una forma simple de conectar con tu experiencia somática es a través de la atención consciente. Podés crear un puente entre tu mente y tu cuerpo de la siguiente manera:

–Observá tus pensamientos: cuando notes un pensamiento, preguntate: «¿Qué sensaciones físicas siento en mi cuerpo?». Por ejemplo, si te preocupa algo, tal vez sientas un nudo en el estómago o tensión en los hombros.

–De todas las sensaciones que notes, elegí una que te llame la atención y que, para empezar tu práctica, no sea demasiado intensa.

–Prestale atención a esa sensación sin juzgarla, sin intentar analizarla: simplemente observala con curiosidad. Notá si su intensidad o su cualidad cambia a medida que le das espacio.

–Observá si al prestarle atención a esa sensación, notás algún cambio en el resto de tu cuerpo o si surge alguna emoción.

Este ejercicio es el primer paso para empezar a comprender el lenguaje somático del cuerpo. Aunque a veces pueda sentirse incómodo, es una puerta de entrada a una mayor presencia y a la capacidad de autorregular el sistema nervioso. Si en algún momento la sensación se vuelve muy intensa, podés ayudarte con un autoabrazo o dirigiendo tu atención hacia el entorno que te rodea (a un objeto, a un sonido, a la luz), lo que va a ayudar a bajar la intensidad.

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