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Psicología

15 noviembre, 2021

Prestar atención en la era de la distracción

¿Cuántas veces saliste de tu casa sin reparar en detalles como el aroma y la intensidad del café que tomaste al despertar o incluso si cerraste la puerta con llave? Especialistas en psicología y neurociencias nos invitan a reflexionar sobre las consecuencias de la vida multitasking y cómo prevenir sus consecuencias.


Fotos: Pexels.

Por Karina Bianco

Nos pasamos el día chequeando mails, mensajes en el teléfono celular, leyendo las noticias por Internet y echando un vistazo a todas las novedades que aparecen en las redes sociales. Interactuamos con voces que salen de máquinas, recordamos claves para ingresar a diferentes sistemas y nos servimos de distintas aplicaciones que prometen hacernos la vida más fácil. En su libro Ser Humano, el neurocientífico Facundo Manes se pregunta: ¿hasta qué punto nuestro cerebro está capacitado para sostener las tareas múltiples que las nuevas tecnologías promueven? En él, el especialista explica: “El cerebro es, como cualquier sistema de procesamiento de información, un dispositivo con capacidades limitadas, sobre todo en la de procesar una cantidad dada por unidad de tiempo en el presente. Así, nuestro cerebro tiene dos cuellos de botella: uno es la atención (cuando tenemos dos fuentes de información suficientemente complejas, la eficiencia de una decae en detrimento de la otra); y el otro, la memoria de trabajo (el espacio mental en el que retenemos la información hasta hacer algo con ella). Esta memoria tiene una capacidad finita y es extremadamente susceptible a las interferencias. Cuando se intenta llevar a cabo dos tareas demandantes al mismo tiempo, la información se cruza y se producen errores”.

A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la de la tecnología social implica una ilusión de mitigar el aburrimiento, según explica el famoso especialista, y esto hace que perdamos oportunidades para reflexionar, relajarnos y darle un respiro a nuestro cerebro, aspectos fundamentales para la creatividad y el bienestar. Si cada momento que tenemos libre en el día lo pasamos con el celular en la mano, impedimos que tenga lugar el pensamiento contemplativo. En este sentido, otros especialistas también coinciden en que estamos eliminando los tiempos de introspección y reflexión profunda, en pos de la búsqueda de gratificaciones instantáneas a través de estímulos externos.

“El prestar atención plena implica intencionalmente involucrar la curiosidad, la paciencia, el aprendizaje y la memoria, el registro de lo que pensamos y de nuestras emociones y observar qué nos sucede mientras transitamos cualquier experiencia, e incluso descubrir todo aquello que puede cambiar”, Marina Lisenberg, directora de Attentia.

“En todos los ámbitos (escolar, familiar, laboral) nos vamos habituando a navegar en la web con un tipo de atención de corta duración y de focos cambiantes –explica la psicóloga Marina Lisenberg, Fundadora y directora de Attentia Mindfulness, Atencion Plena para la comunidad–. El prestar atención plena implica intencionalmente involucrar la curiosidad, la paciencia, el aprendizaje y la memoria, el registro de lo que pensamos y de nuestras emociones y observar qué nos sucede mientras transitamos cualquier experiencia, e incluso descubrir todo aquello que puede cambiar. Si no entrenamos la habilidad de prestar atención plena, vamos perdiendo  la capacidad de comprender cuestiones más complejas de este mundo (nuestro cuerpo, nuestros vínculos con los demás y el planeta) e incluso de involucrarnos y crear nuevas perspectivas. No soslayemos que la capacidad de atención de todos se sigue acortando. La industria de la distracción avanza. Se han acortado los capítulos de los libros, las notas de los periódicos y nuestra capacidad de registrar y pensar libremente”.

Desconectar para reconectar

Consultado por Sophia, el licenciado en Psicología, miembro de la Sociedad Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología y profesor de yoga y meditación, Santiago Buompadre, reflexiona “El uso excesivo de pantallas genera fatiga atencional y con esto la productividad y bienestar de la persona disminuyen: es conveniente tomar descansos estratégicos. Hay algunos signos de fatiga mental que nos pueden ayudar a reconocer que necesitamos un descanso: disminución de la eficacia, aumento de la distracción y la irritabilidad, y entrar en modo “piloto automático” para las diversas acciones que estamos realizando. Todo esto indica que se ha agotado la glucosa que alimenta la energía neuronal”.

En la actualidad, la ciencia incorporó el Mindfulness como una herramienta muy importante para mejorar la salud física, emocional y en el tratamiento de enfermedades crónicas como el trastorno de ansiedad, la depresión y la fibromialgia, entre muchas otras. ¿Pero qué es y en qué consiste? Es una práctica que se origina en las enseñanzas budistas hace más de 2600 años. En el budismo, la meditación se utiliza para generar estados de claridad y paz mental. En las sociedades occidentales, como la nuestra, también está ganando terrero en la educación y dentro de las empresas, debido a los múltiples beneficios que ofrece, que van desde la reducción del estrés al aumento de la atención y de la satisfacción laboral.

“Muchas plantas salen adelante a pesar de todo, pero para trabajar como es debido un huerto hay que prestarles atención, notar las primeras señales de enfermedad y determinar qué necesitan para prosperar. Al cultivar la tierra, cultivamos una actitud de atención al mundo, pero la vida moderna no suele fomentar la atención solícita. La cultura de “sustituir” en lugar de “reparar”, combinada con la fragmentación de las redes sociales y el vertiginoso ritmo de la vida urbana, ha creado un sistema de valores que no concede valor a la atención. De hecho, la hemos situado tan lejos del centro de nuestra vida que se ha convertido, como observó recientemente la ecologista y activista social Naomi Klein, en una ‘idea radical'”. Extracto del libro La mente bien ajardinada de Sue Stuart-Smith.

La licenciada Mercedes Méndez, psicóloga y coordinadora de Mindfulness del Instituto Ineco (una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales), explica que esta técnica enseña a aquietar la mente para poder pensar mejor y tomar conciencia de nuestro cuerpo y de nuestro ser. “Va contra la cultura multitasking, contra la idea de que para ser exitosos tenemos que hacer muchas cosas a la vez. Pone en valor la atención plena en cada cosa que hacemos. Toma los hechos tal cual son, trabajando en la empatía para entender mejor a los demás. El entrenamiento de esta práctica nos da conciencia para volver con nosotros mismos, aprender a escuchar nuestro cuerpo. Muchas veces seguimos adelante en nuestras obligaciones diarias sin entender por qué nos sentimos fatigados, por qué nos duele la cabeza o simplemente por qué estamos de malhumor. Porque siempre estamos al servicio de seguir haciendo. El cuerpo y la mente pasan factura y nadie nos enseña cómo cuidarnos. La práctica de esta técnica nos ayuda a entrenar la mente (al igual que ocurre con cualquier otro músculo), para volver a nuestro eje. Cuanto más se práctica en lo cotidiano, más se desarrolla en la vida. Se puede empezar con acciones muy sencillas: desde saborear el café de la mañana, hasta prestar atención plena al lavar los platos”.

Vivir el momento

Para quienes investigan cómo repercute la atención plena en nuestra vida, la clave está en aprovechar algunos momentos para conectar con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, mostrándonos disponibles, presentes y poner todos nuestros sentidos en esa experiencia. Méndez explica que el Mindfulness no sólo reduce el estrés y los pensamientos negativos, sino que regula la emoción, elimina el juicio negativo hacia uno mismo y cambia la relación con la realidad. De hecho, la ciencia comprobó que tanto esta técnica como la de la meditación aumentan la materia gris del cerebro y engrosan la corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional.

Por su parte, la licenciada Lisenberg hace hincapié en la importancia de reconocer cuáles son los momentos en los que debemos “poner pausa” y, ya más despejados, decidir cómo continuar.Parar, registrar y seguir. La idea sería que la atención plena devenga un hábito, porque el hábito hace al monje… Y así pueden cambiar nuestras configuraciones neuronales que afectan la estructura y la función de nuestro cerebro”, sostiene.

“El momento presente está lleno de alegría y felicidad. Si estás atento, lo verás”, explica el monje vietnamita Thich Nhat Hanh en su libro La paz es cada paso: el camino de la atención plena en la vida cotidiana, una guía para el buen vivir donde muestra cómo hacer un uso positivo de las mismas situaciones que generalmente nos presionan y antagonizan. Para él, un teléfono que suena puede ser una señal para volver a llamarnos a nosotros mismos y los platos sucios, los semáforos en rojo y los embotellamientos pueden convertirse en amigos espirituales en el camino hacia la “atención plena”, ese proceso que nos ayuda a mantener viva nuestra conciencia en relación con nuestra experiencia. “La paz está presente aquí y ahora, en nosotros mismos y en todo lo que hacemos y vemos. Cada respiro que damos, cada paso que damos, puede estar lleno de paz, alegría y serenidad. La pregunta es si estamos en contacto con él o no. Sólo necesitamos estar despiertos, vivos en el momento presente”, sostiene.

Pequeños hábitos que ayudan

Por Santiago Buompadre*

El antídoto para la fatiga es tomar un descanso estratégico que tenga algunas características: tiene que se de bajo esfuerzo y habitual; algo que realmente se quiera hacer; algo que no sea una tarea (a menos que realmente disfrutes haciendo la tarea).

Lo ideal sería cortar 15 minutos cada 90, en coherencia con nuestros ritmos ultradianos, pero con cortes de 5 minutos ya se puede empezar.

Tomar un descanso que ayude a que podamos, durante ese rato, estar más presentes en lo que estamos haciendo y que nos ayude a reponer la energía cerebral necesaria para responder a las demandas de un modo saludable.

Conectar con la naturaleza tomando un descanso relajante en un entorno tranquilo.

Cambiar el modo de enfoque de la atención: dejarse ir por un rato y permitir que la atención sea capturada por lo que se presente (los entornos naturales son ideales para la contemplación).

Experiencia inmersiva: la atención puede ser total, pero pasiva. Despertar los sistemas sensoriales, nuestros sentidos, acalla los circuitos cerebrales que usamos para un enfoque con esfuerzo. Tenemos que fomentar actividades en las que podamos perdernos placenteramente. 

Practicar la meditación: la experiencia contemplativa permite, poco a poco, lograr estados de absorción que apagan la voz interior. Ese es un efecto principal de las prácticas contemplativas que mantienen la mente enfocada en un objetivo neutral como es la respiración.

*Licenciado en Psicología, miembro de la Sociedad Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología y profesor de yoga y meditación.

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