Sophia - Despliega el Alma

Vivir bien

4 noviembre, 2020

Preocuparse, despreocuparse, ocuparse

La vida nos sorprende a cada momento y vivimos en una sociedad que fomenta una preocupación constante. ¿Cuál es la clave para ocuparnos de aquello que nos rodea, en vez de dejarnos arrasar por el miedo?


Por Miguel Ángel Mesa

El verbo preocuparse posee dos significados: 1. Causar intranquilidad, inquietud o angustia. 2. Interesarse, prestar especial atención a algo.

Igualmente tiene dos clases de sinónimos opuestos: 1. Desasosegar, intranquilizar, inquietar, alarmar, recelar, angustiar, obsesionar, impacientar… 2. Ocuparse, responsabilizarse, cuidar, desvelarse, fomentar, interesarse, prevenir.

Pre-ocuparse es mostrar una intranquilidad y un desasosiego desmesurado, antes de que se produzca el hecho sobre el que se muestra la alarma: la pena o el dolor que me puede causar una opción de alguien cercano con la que estoy en desacuerdo; el sufrimiento por la soledad en la que me voy a quedar cuando ese familiar me abandone; la situación de crisis vital en la que me veré envuelto si pierdo mi puesto de trabajo; una enfermedad que se está diagnosticando pero de la que aún no se tienen los resultados definitivos; la incertidumbre sobre mi pensión ante la crisis económica que padecemos como resultado de la pandemia…

Vivimos en una sociedad que fomenta una pre-ocupación constante, por el miedo y la inseguridad que rigen los distintos órdenes de la existencia. Y el remedio que ofrecen es la hipotética seguridad de un buen sistema privado de pensiones, una medicina y una enseñanza privada, el seguro más alto por la casa, el coche… para que nada nos pueda sorprender ni inquietar.

Aunque lo cierto es la vida nos sorprende a cada momento y puede tomar un rumbo totalmente diferente de un día para otro, tal como lo hemos comprobado desde la crisis económica que adquirió una gran intensidad a partir del año 2008.

Pero todo tiene su tiempo en la vida y en la naturaleza. Por ejemplo: El granado no se pre-ocupa en enero o febrero por si va a florecer o dar fruto. Pero sí que se ocupa de echar flores entre mayo y agosto, para ofrecernos su fruto delicioso entre septiembre y noviembre.

Así deberíamos actuar cada uno de nosotros y nosotras: ocuparnos, responsabilizarnos y cuidar de todo lo que nos interesa y nos une como humanidad y como partes integrantes que somos de la naturaleza, del universo.

Ocuparse es todo lo contrario a despreocuparse. Quien se preocupa, al menos, tiene un sentimiento de cercanía, de interés, pero quien vive permanentemente despreocupado, solo vive para sí y el crecimiento desmedido de su propio ego, dando prioridad exclusivamente a sus propias predilecciones.

Por lo tanto, intentemos en la medida de nuestras posibilidades, ya que somos seres humanos vulnerables, no pre-ocuparnos en demasía de lo que pudiera ocurrir, por un hecho incierto, en un futuro más o menos próximo. Ocupémonos con cuidado y empeño cuando llegue la situación esperada, buscando la mejor forma de solucionar el problema, como decía siempre una gran amiga mía: “Cuando lleguemos a esa esquina, la doblaremos”.

Pero, sobre todo, evitemos la des-preocupación, que demuestra insolidaridad, egocentrismo e ingratitud.

Gentileza Eclesalia.net

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