Sophia - Despliega el Alma

Blog: La bitácora de Maite

5 octubre, 2015

Volver a la escuela

Estar afuera del propio país puede ser una experiencia de extrañamiento, pero también de encuentro con lo esencial que todos los seres tenemos: la posibilidad de comunicarnos y de crear lazos. Un paseo por las aulas del alma, de la mano de Maite.

 

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Pensaba que mudarme a otro país sería como estar todo el tiempo de vacaciones. Todo el tiempo sacando fotos a las cosas nuevas, descubriendo y sorprendiéndome. Y aunque eso me sucede también, las vacaciones tienen eso de que en un momento volvés a tu casa con una valija llena, llena de experiencias u objetos con memoria y llena de los pequeños nuevos sucesos cotidianos que nos sorprendieron.

Pero mudarse a otro país es mucho más que eso. Es, de repente, desarmar esa valija para mover lo realmente importante. Y estar afuera. Afuera no sé muy bien de dónde. ¿De un país? ¿O de una comunidad? ¿De un cotidiano familiar? Quizás afuera un poco de todo eso junto.

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Lo que me interesa de Hamburgo es que es una ciudad multicultural. Quizás, por ser ciudad portuaria, es que está siempre abierta al intercambio. También a las culturas. A esta ciudad llegan por día una enorme cantidad de inmigrantes de distintas partes y refugiados de las guerras que están ocurriendo ahora mismo en Syria, pero también en muchos otros lugares como Afganistan, Irak, Irán y distintas regiones de la enorme África. Y aunque es solo una parte pequeña, muy pequeña la que encuentran asilo acá mientras las guerras siguen ocurriendo, en el marco de distintos planes de ayuda el gobierno ofrece un programa para aprender el idioma a los recién llegados. Aunque es apenas un puñado de gente el que logra el estatuto legal de migrante.

La ayuda consta de una beca de un año escolar en el idioma alemán, lo que permite el acceso a una comunicación básica para el intercambio. Luego de ese curso se ofrece una taller llamado de integración, donde por medio del nuevo idioma se transmiten referencias culturales, fechas, historia, modo de gobierno y  distintas curiosidades sobre la cultura alemana.

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Sobre aprender otra lengua, una vez leí una cita que decía que aprender un nuevo idioma es aprender a pensar distinto, porque incorporando otras estructuras para armar las frases, para decir, se modifica también la forma de pensar. También vale esta frase del gran director Federico Fellini: “Un idioma distinto es una visión diferente de la vida”.  Pero ¿cuánto se tarda en aprender un idioma?  Me lo pregunto seguido…

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“Nunca digas nunca”, también me digo. Por que yo, que nunca había estudiado alemán antes ni se me había siquiera pasado por la mente, comparto desde hace meses una clase con mujeres de otras tierras; inmigrantes o refugiadas de oriente y de África, unas pocas europeas y también algunas asiáticas. Soy la única de América del Sur en la clase y la única de Argentina en toda la escuela. Algunas de mis compañeras todavía no saben bien qué es Argentina. No, nadie estuvo allí, en mi tierra. “¿Hace mucho calor en tu país?”, me preguntan.

¿Que se imaginarán? ¿Que les tendría que contar?

“La escuela es solo de mujeres porque es más fácil construir lazos y ayudarnos entre nosotras”, me contestó la profesora el primer día de mi entrevista, también debido a la diversidad de religiones de las alumnas, muchas de las cuales no permiten a las mujeres estudiar con varones, entonces eso garantiza el acceso de muchas de ellas a la educación.

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Las clases duran tres horas, cuatro veces por semana y en la pausa de media hora compartimos charlas en idiomas mezclados, experiencias, consejos y comidas de distintos lugares que preparamos para compartir.  Porque a través de la comida, contamos historias de nuestra tierra, nuestras tradiciones y de nuestras madres y abuelas.

1 de 2 Fruta tailandesa traida por una compañera de Bankok que extraña su cocina, especias y alimentos típicos.
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Y acá voy, aprendiendo mucho con esta experiencia y gracias a ella abierta a comunicarme como sea, porque es cierto que los lazos humanos se van creando con fuerza y dedicación. Entre nosotras, las alumnas, comenzamos a encontrarnos. Aunque seamos todas de distintos lugares y nuestras historias sean abismalmente diferentes o carguemos cada una con sus propios prejuicios y limitaciones culturales. En la escuela  eso no importa, nos encontramos igual en ese “estar afuera”, que es el mismo para todas: ninguna está de vacaciones, ni pertenece a este lugar en el mundo, pero aquí estamos en una clase que es nuestra y nos iguala, y donde el afuera se vuelve por un rato, intangible.

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