Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

21 abril, 2016

Susana y Ernesto

Este texto escrito por Jazmín Hollmann transcurre, justamente, en un taller. Un espacio iluminado por una ventana, por donde la luz se cuela y juega entre los sonidos y los silencios que entablan un hombre y una mujer.

Susana mira a Ernesto de reojo, no quiere que se de cuenta. Le divierte ver cómo prepara las herramientas y luego las acomoda   cuidadosamente sobre la mesa; le gusta verlo resoplar para quitarse el mechón de pelo que le cae sobre la frente y los ojos, cuando tiene las manos ocupadas. Todos los días Ernesto lleva adelante el mismo ritual y, todos los días, Susana lo espía mientras se muestra ocupada preparando el mate para disimular que lo observa.

Conversan poco. Por lo general es Ernesto quien comienza, haciéndole alguna pregunta o algún comentario. Susana responde siempre con frases cortas y concisas. Él se esfuerza por ser amable y hablar de cosas que le interesen. Cada mañana, mientras prepara las herramientas, repasa mentalmente sobre qué tema podría hablarle.

Ella, que está en la cocina, no lo nota, pero él también la mira. Le gusta verla volcar prolijamente la yerba dentro del mate y batirlo despacito para sacarle el polvillo. Le encanta mirarla cuando se sopla la palma de la mano y juega con las partículas que quedan flotando en el aire, iluminadas por el haz de luz que entra por la ventana.

Como otras veces, hoy Susana tampoco habla mucho, sólo lo necesario. Ernesto la escucha con atención, aunque le gustaría que le dijera algo más, quizás algún detalle de su vida, una opinión, alguna cosa que le ayude a desentrañar ese velo de misterio que la envuelve. Pero ella teme que, si habla demasiado, algo en el tono de voz la traicione y él se de cuenta. Entonces prefiere callar.

Es una mañana fría y húmeda, pero el sol que se cuela por el ventanal va entibiando el taller que, de a poco, se llena de música.  El sonido áspero y acompasado del serrucho, el golpe seco del martillo sobre la gubia y el tintineo de los pedacitos de madera que caen al suelo y se mezclan con el ruido de los motores de las lanchas y del agua que golpea contra el muelle.

Entonces Susana se prepara para la tarea que más disfruta: pintar. Le gusta el movimiento suave del pincel sobre la madera y ver cómo ese gesto delicado tiñe de otro color la superficie que roza y la transforma.

Ernesto nunca vio a nadie pintar como lo hace Susana y, a pesar de que lleva varios meses trabajando en el taller, todavía lo conmueve la manera amorosa con la que ella desliza el pincel de un lado hacia el otro, como si en lugar de pintar estuviera acariciando. En esos momentos le gustaría convertirse en un trozo de madera para sentir el roce de sus manos, las adivina cálidas y suaves.

Al igual que otros días hoy también se espían en secreto, pero algo inesperado sucede. Los ojos negros de Susana tropiezan con los de Ernesto. Todo ocurre en esa milésima de segundo en la que el mundo se detiene y un destello tan imperceptible como potente devela incertidumbres y deseos. Y todo está a punto de cambiar, porque la audacia de mirarse, venció por fin al temor de no poderse encontrar.

el-taller
(*) Nota de la Editora: Los textos elegidos podrían ser corregidos para mejorar su ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

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