Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

2 junio, 2016

Ronda de mujeres

En este relato de la socióloga venezolana Ytala López, un regalo para todas aquellas mujeres que, al encontrarse, se saben unidas por un vínculo bello y poderoso. Juntas, en ronda, manos entrelazadas a través de esa mágica conexión del alma...

Había una vez…

Así suelen comenzar algunos cuentos de hada y hasta aquellos que, improvisadamente, nos aventuramos a contarle a nuestra prole en algún pasaje de  su infancia.

Pero sí, hubo una vez, hubo un miércoles sin agendar que se volvió una cita con impecable asistencia, durante un año y un poquito más.

Hubo un perfecto entramado de coincidencias que me llevaron a abrir Facebook, leer una recomendación de una invitación, a la que, inmediatamente me dí por aludida.

Mujeres que leen en ronda. Interesante, chévere. Así, en perfecto venezolano, me salió calificar la propuesta que leía.

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Alvarez Thomas y Zabala, dos de la tarde en punto. Toqué ese timbre por primera vez y nunca más volví a ser la misma. Es que no hay un solo miércoles en que -de allí, de ese espacio, de ese hermoso paréntesis en el que se convierte mi vida, una vez a la semana- salga como entro.

Una puerta gris, que no te adelanta ni un poquito sobre lo que estás a punto de vivir. Te reciben unas plantas maravillosas, llegás a conocer el aroma de la gloria, ese que sale de un popurrí de olores: torta recién horneada, verbena y canela de unos deliciosos tecitos que anuncian la llegada de la merienda. Y la música, capítulo aparte. Ni hablar de una pareja de gatos que muestran su amor, a su manera.

Allí aparece una mujer. Una verdadera alquimista del alma.Con una voz preciosa y una sonrisa que parece decidida a quedarse a vivir sobre ese rostro. Como si a esa cara le faltara hermosura…

Es así como nos juntamos doce mujeres, como las doce mujeres de Azar Nafisi en “Leer Lolita en Teherán”. Doce, vaya número. Como los doce Apóstoles.

“Ella” nos invita a pasearnos capítulo por capítulo por varios textos, a veces desparramados sobre una mesa ratona, en espacios que cada una toma ¿por casualidad? No. La casualidad no está invitada a ese living.

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Leemos, escribimos, todo bajo un perfectísimo andamiaje con estela de divinidad. Lecturas que terminan por ser una fuente de interpelación, que conduce a hacernos preguntas y a encontrar respuestas.

En lo personal, en La Ronda (con una R merecidamente mayúscula), le he dado cobijo a mi sensibilidad y a mi intuición; a flexibilizar mi pesado mandato de “Wonder Woman” y a entender que tengo el soberano derecho humano de sentirme vulnerable y que eso no contradice mi espíritu de ave fénix.

La Ronda me ha a llevado interpelar a mi ego y a domesticar mi soberbia, a reconocerme en comunión con otros y sobre todo con otras; a descubrir mi ser, a escuchar a mi corazón y a saber, sin que que me quepa la mas mínima duda, que soy imagen y semejanza de Dios.

La Ronda llevó luz a ciertos lugares oscuros, donde el dolor había pretendido instalarse, como un intruso o un okupa. Pero un día, sin previo aviso, ese dolor de niña reclamó ser aliviado. Y fue aliviado, con las miradas compasivas y el silencio respetuoso de mis compañeras, con un cálido e inolvidable abrazo y las palabras amorosamente escogidas por “Ella”, Adriana Penerini. Y fue así como el dolor fue canjeado por la paz que me dio saber perdonar y agradecer.

La Ronda también es un espacio para descubrir palabras que nos habitan y deshabitan. Es el coro afinado de nuestras carcajadas. Es jugar como niñas, bailar con los pies en contacto con el piso y el corazón alineado con el alma; con la sonrisa a dientes “pelaos” y las caderas tongoneándose junto a los hombros por su cuenta, con la femineidad entera y a flor de piel.

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La Ronda es como una montaña rusa en la que nos subimos, pero que no nos provoca gritar sino aplaudir. Un espacio donde nos montamos como princesas medio perdidas y pasamos a ser diosas que, a punto de comer, rezar y amar (nuestro segundo libro), podemos pretender envejecer con el cuerpo de Jane Fonda y la sabiduría de la Abuela Margarita.

Mujeres que leen en ronda es también la convicción de que somos más que cada una. Porque entre mujeres la matemática es una ciencia inexacta y solo así se entiende que, en esa sinergia, dos por dos es mucho más que cuatro. De eso se trata esta ronda de mujeres.

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