Sophia - Despliega el Alma

Blog: Desde Buenos Aires

17 abril, 2013

Juntas un día nos viste pasar

Este fin de semana, aprovechando el solcito de mediodía, partimos rumbo a La Boca. Estuvimos varias horas dando vueltas por lo que es el recinto turístico porteño por excelencia: Caminito. Lo había visitado hace tanto tiempo que ya no recordaba sus verdaderas dimensiones. Caminito comprende 150 metros, pero es mucho más que eso. En esa cuadra y media reúne tanto color, música, arte y tradición que es todo un mundo en sí mismo. Llegamos con plena luz y nos fuimos cuando asomaba la noche. Caminito supo ser una calle sin más, bordeada por conventillos de zinc y chapa oxidada, que albergó a los inmigrantes italianos a fines del 1800. Fue uno de sus vecinos, el pintor Quinquela Martín, quien la transformó en este recorrido lleno de color, y el gobierno, por iniciativa de este mismo artista, construyó allí una calle museo con el nombre que le diera el tango. Su recorrido sinuoso lo marcan las vías del ferrocarril y las márgenes del río.    Queríamos comer rico pero evitar en lo posible los desmedidos precios "for export". Esto no es fácil porque los restaurantes se disputan los turistas y te llenan de panfletos a cada paso. No obstante, hicimos el recorrido buscando comer rico, barato y al sol, y en medio de tanta recomendación escuchamos una que nos convenció: "En La Estufa se come bien y casero; es como invitarte a mi casa y que te cocine mi mamá". Y así era. La especialidad de la casa: pasta casera amasada por la dueña de casa. En todas las calles suena tango en vivo. Pero sobre esta vereda me llamó el taconeo de esta pareja a pleno folclore.   Acompañamos nuestro almuerzo casero con un espectáculo. Cruzando la calle sonaba un trío que mezclaba tango con algunos toques candomberos frente a un clásico de la zona, el Samobar de Rasputín. Más tarde se les sumó una joven que hacía bailar a un bandoneón.     Mientras comíamos nos recomendaron no dejar los celulares o cámaras sobre la mesa. Y cuando quisimos alejarnos rumbear un poco más allá de Caminito, enseguida alguien del barrio nos dejó claro que no nos convenía desviarnos de la senda turística. No es para despertar paranoias pero atenti! Hay varias parejas de tango que más que bailar están ahí para la foto. Los turistas disfrutan de retratarse con ellos en las títpicas poses de tango. Ojalá hubiese más danza y menos pose…   Los personajes destacados de la zona son el Diego y Chapulín. Este último deambula por las calles con capa desplegada.  A las 7 de la tarde los locales empiezan a cerrar sus puertas y de lejos empieza a sonar el reggaeton. Fue inevitable tirar unos pasos.  Junto al río se largó la sesión de fotos. Adiós Caminito, adiós.

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