Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

20 agosto, 2015

Instrucciones para abrazar

Pararse frente al otro, mirarlo a los ojos... El paso a paso que nos propone Giselle Bellini, nuestra escritora de hoy, es un manual de uso para no quedarse de brazos cruzados frente a la ternura.

Párese frente a su oponente. Debe estar bien enraizado al suelo. Lo más probable es que sean diferentes el uno del otro, pero no se asuste por esto, ya que ninguno es igual a ningún otro.

Poco importan las diferencias de estatura y tamaño, así que mírelo a los ojos fijamente aunque deba inclinar mucho la cabeza o alzarla muy por arriba de sus posibilidades, pegando el parietal a su espalda. Es válido ponerse en puntitas de pie, si es necesario, para mantener el contacto visual.

Es muy importante que recuerde alejarse de la rudeza o del enojo para esto. Debe tener en cuenta que al mirar debe hacerlo con ternura y con amor. Quédese así, mirándolo profundamente. Porque no es lo mismo ver que mirar.

Ahora abra los brazos lo más que pueda. Abra su pecho respirando profundo, abra las costillas; sienta cómo, de a poco, su cuerpo se relaja y se abre al otro.

Extienda los brazos paralelos al suelo dibujando una cruz con todo su cuerpo. Asegúrese de que estén bien estirados. Separe los dedos de las manos y estírelos. Es importante que se asegure de que este paso esté bien realizado, ya que es crucial para lo que sigue. No se olvide de seguir mirando los ojos de aquel otro.

Dé un paso al frente. Deben quedar pegados el uno con el otro. Baje la cabeza (o súbala, de ser necesario), póngala de costado y apóyela en el pecho que no le pertenece. Es decir, en el pecho del otro, pues en el suyo sería una tarea un tanto complicada y lo único que lograría sería distancia con respecto al otro cuerpo. Ahora cierre los brazos rodeándolo. Presiones con suavidad y acérquelo hacia su pecho.

Quédese así todo el tiempo que pueda, todo el tiempo que ambos lo necesiten. Y si se anima, apriételo un poquito más. Va a notar cómo sus hombros se acercan a sus orejas y, como por arte de magia, se le ven los dientes.

Lo ideal es que el otro responda de la misma manera, pero puede suceder que haya resistencia. No se rinda, siga insistiendo, no lo suelte. Poco a poco él se entregará. Es inevitable. Y puede que hasta a él también se le vean los dientes. No hable, sólo escuche los latidos de su corazón. Presione un poco más, pero no se olvide de hacerlo con ternura.

Pues bien: eso se llama ABRAZO.

El otro ya no es su oponente. Los dos ahora están materializando el amor.

Pd: Siga estas instrucciones al pie de la letra cada vez que le sea necesario, tanto a usted como a algún otro. Hágalo para consolar a alguien, para reconciliarse luego de alguna pelea, para mantener el calor en invierno, para dormir o para lo que se le ocurra en cualquier momento y lugar. Incluso puede hacerlo sin ninguna razón. Y no se va a arrepentir.

abrazo-adentro

(*) Nota de la Editora: Los textos elegidos podrían ser corregidos para mejorar su ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

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