Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

27 febrero, 2015

Desconfío de mi analista

Una narración disparatada y en clave de humor, sobre el encuentro entre una paciente y su psicóloga. ¿Qué pasa por la cabeza de una mujer en terapia? Si te lo preguntás, no dejes de leer este post. Por Dolores Caviglia.

Soy una mujer. Una mujer independiente, que lucha por lo que quiere y a veces lo consigue. No siempre. Pero soy valiente, me enfrento a los que tratan de disminuirme y no me quedo sentada esperando absolutamente nada, porque temo que el culo se me achate aun más. Soy atrevida, me animo a darle la espalda a los mandatos familiares aunque hacerlo me cueste caro, muy caro. Soy osada, justa, comprensiva, inteligente. ¿Soy? Soy todo eso y un poco más, dice mi analista, aunque que yo no lo llegue a ver todavía. Pero sigo por este camino, pese a las trabas y los retrocesos, que parece que son normales.
Y no lo digo yo, lo dice su voz, firme del otro lado del escritorio bajo unos títulos enmarcados que me dan seguridad: sí, se recibió.
Aunque -no puedo dejar de admitirlo- hay sesiones en las que mientras habla me pregunto, bien profundo dentro de mí, si no se confundió de ficha; si no leyó la historia clínica de otra paciente cinco minutos antes de atenderme, quizá la de una Soledad. Porque a veces, cuando la gente no recuerda bien mi nombre, sí sabe que está relacionado con algo negativo y me llama así, como si la distancia fuera la misma que entre una Mariana y una Marina.
Sí, desconfío de mi analista. Lo hago cada vez que me describe con adjetivos que sólo ella puede utilizar para hablar de mí; o cuando se pone a enumerar mis logros y yo los identifico a ojo, pero sólo como intentos que quedaron a mitad de camino, que arrancaron bien y perdieron fuerza con los días, porque para decir lo que quiero soy buenísima, mientras que para hacerlo cuerpo, no tanto. No le creo, no lo veo, no lo toco, no lo siento. A veces no entiendo qué hago ahí.
Pero también hay veces en que desde que cierro la puerta de su consultorio hasta que abro la de mi casa, pienso que tal vez soy muy exigente y que por algo ella me lo dice (y si lo dice lo ve). Porque si fuese mala profesional me diría todo lo contrario, para así poder tenerme pagando sesiones, sin darme el alta nunca.
Quizá soy muy dura conmigo. Quizá soy una pesimista sin arreglo. Quizá mi analista, en el fondo, simplemente me tenga fe.

Y en el diván... Madame Récamier, de Jacques-Louis David.
En el diván Madame Récamier, de Jacques-Louis David. Tal vez, ella también desconfía.
(*) Nota de la Editora: Los textos elegidos podrían ser corregidos para mejorar su ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

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