Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

13 febrero, 2015

Cuarenta y dos

Una mujer se despide -entre cigarrillos y café- de una noche de desengaño, para darle entrada al nuevo amanecer de su vida. Una apuesta a la paz interior y al amor del bueno. Por Gaby Aredes.

“Un nuevo comienzo”. “Cada instante es una oportunidad”. Leía Sophia para apurar la madrugada y conciliar la paz interior. Con el Ho-ponopono en la mente, repitiendo te amo, gracias y lo siento y un mensaje enviado -algo dudoso, teñido de tristeza-, mi rimel se desarmaba con el insomnio.
Prendiendo cada cigarrillo como si encendiera una idea que luego se consume y desaparece, como el minuto de mi salud por el vicio.
Pensé en esta madrugada algo cruenta en mis vísceras emocionales, lo agradecida que estoy y debo estar con la vida.
Mi café se enfriaba y mi flequillo ondulaba de izquierda a derecha, como mis reflexiones.
Sentía que con el mes de febrero se activarían muchas cosas, entre ellas mis ganas de vivir.
Y charlaba en silencio con la memoria de mis padres, confesándoles que este tiempo de duelo, desamparo, soledad y necesidades, fue y es necesario para mi cambio interior. Para mejorar, para encontrarme, para liberarme. Para comenzar.
Cuando mi amiga me entregó el valium por la tarde, me había prometido una noche de sueño apacible, pero sin embargo este fuego interior que llevo de mochila (o tal vez una conciencia alborotada), le dieron batalla a la droga, ganándole por knock out a las 4 am.
No sabía qué hacer y me puse a escribir.
Lo hago desde que aprendí, en la primaria; primero con las redacciones y luego con las poesías de amores no correspondidos. Incluso hasta cuando mi madre me veía hacerlo y decía que perdía el tiempo con estupideces, y yo escribía con más pasión todavía. Luego, los destruía.
Pero en ese momento (como en este momento), me aliviaba, me servía; era como si me proyectara en el espacio y saliera de mí una luz, esa persona brillante que jugaba con las palabras y la imaginación sin importarle nada ni nadie. Y lo disfrutaba.
Tengo un libro pendiente, que cambió de título, de historia y género tantas veces como el clima en mi provincia. Se derritió, como los glaciares y hasta se marchitó en los otoños amarillos en que deseaba volar hacia el sol.
Y aquí estoy, frente a mi espejo, frente a mí, preguntándome tantas cosas, con esta vibración tan sana y esperanzadora que emite mi corazón, después de esos meses oscuros y asfixiantes.
Caminaba inquieta por mi cocina como esos animalitos que presienten el tsunami o el temblor. Mi inconsciente me decía que algo iba a ocurrir, pero algo bueno. Me abrí a ver el amanecer y a escuchar la suave música de los cuencos tibetanos.
Encendí el último cigarrillo y murió el último pensamiento de ese amor que me desvelaba. Hoy tengo 42 años.

el-taller-inside

(*) Nota de la Editora: Los textos elegidos podrían ser corregidos para mejorar su ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()