Sophia - Despliega el Alma

Blog: Desde Nueva York

5 noviembre, 2012

Crónica de una tormenta anunciada

  Me animo a decir que ‘’Sandy’’ fue EL tema de la última semana en el mundo. Nueva York estuvo en la tapa de todos los diarios y la gente siguió día a día el avance de esta tormenta histórica y su paso por la ciudad. No quería dejar de contarles como se vivió, y todavía se vive, el paso de Sandy acá en Nueva York. Esta fue mi primer huracán neoyorquino… y espero que sea el último!  Debo confesar que al principio, cuando veía la televisión y leía los diarios o escuchaba a la gente hablar en la calle, pensaba que la preparación para la tormenta era un poco exagerada. Pero lamentablemente estaba muy equivocada. Por suerte, la gente sí se preparo responsablemente para lo que iba a pasar. El domingo, el gobierno de Nueva York comunicó sus medidas de prevención frente al temporal. Entre otras cosas, se suspendieron los subtes y colectivos y se anunció el cierre de colegios, universidades y oficinas. La gente se preparaba para lo que se venía y en todos los barrios se veían largas colas para entrar a los supermercados. La ciudad quedo vacía, no había gente, taxis, ni autos en las calles y los locales y restaurantes estaban cerrados. Una verdadera ‘’calma antes de la tormenta’’. El temporal fue más fuerte de lo esperado y fue verdaderamente increíble lo que se vivió en Manhattan y otros puntos de la Costa Este como Atlantic City, New Jersey y Staten Island. Las calles, estaciones de subte y túneles de acceso del sur de Manhattan quedaron totalmente inundadas. Algunos barrios de la ciudad quedaron destrozados y, en todos, se cayeron árboles, se destruyeron autos y hasta edificios. La ciudad estaba irreconocible y los días que siguieron los pasamos puertas adentro, esperando que el clima (y la vida) volviera a la normalidad. Estas son algunas imágenes de lo que se vivió en Manhattan durante esos días: Y así fue como quedó South Street Seaport: SOPO Los neoyorquinos usan siglas o abreviaturas ingeniosas para definir a su gente y costumbres y también para apodar a sus barrios. Tanto es así que no tardaron en inventar "SOPO", que significa South of Power (al sur de la energía). Una de las peores consecuencias del huracán fue el gran corte de electricidad que dejó a 250.000 personas sin energía durante toda una semana, con temperaturas menores a los 5 grados. Manhattan quedó dividida en dos: los que tenían luz y los que no. Desde la calle 34 para abajo la ciudad estaba completamente a oscuras, sin energía, calefacción, agua caliente ni señal de celular. Los hoteles, negocios, oficinas, restaurantes e inclusive el distrito financiero, tuvieron que cerrar y el sur de Manhattan parecía una ciudad fantasma (justo en Halloween). En estas fotos se puede ver lo que era la ciudad a oscuras y el límite entre Manhattan con luz y sin: Moverse por la ciudad era una odisea, para salir de la ‘’zona negra’’ había que caminar hasta arriba de la calle 34 y esperar a que milagrosamente apareciera un taxi. El gobierno impuso una medida de emergencia y los taxis no podían llevar un solo pasajero y debían subir gente hasta completar su capacidad. Los restaurantes típicos del Soho, como Balthazar, que iban a estar cerrados durante muchos días, regalaban comida en la calle o la vendían por valores mínimos. La gente del sur buscó dónde quedarse y rápidamente se sobrevendieron todos los hoteles de la ciudad. Nosotros vivimos al norte, así que, por suerte, pudimos refugiar a nuestros amigos del sur. Durante toda la semana la ciudad estuvo reponiéndose de la tormenta, y gracias al trabajo de los equipos de emergencia y la colaboración de la gente, pudo salir adelante. El miércoles, jueves y viernes, la gente intentó volver a sus trabajos (llegando como pudieran) y, mientras se esperaba que volviera la energía, de a poco la ciudad se fue levantando. Los colectivos y subtes empezaron a funcionar en algunos tramos y eran gratuitos, y los negocios volvieron a abrir. Estas son algunas de las cosas que la gente hacía para conseguir ‘’energia’’ y juntar ayuda para los que la necesitaban. A pesar de la tormenta, los neoyorquinos no pierden su espíritu: El huracán trajo, además de lluvia, vientos y frío, la oportunidad de demostrar que Nueva York y su gente pueden más. Nunca me podría haber imaginado la destrucción que dejaría Sandy, pero tampoco la solidaridad que mostraron los neoyorquinos hacia las comunidades a las que este fenómeno afectó. Quizás ese sea la huella más duradera de la tormenta.

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