Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

1 marzo, 2016

Cooperación

Un pueblo destruido y la solidaridad de su gente son protagonistas de este cuento de Alicia Castellote. Porque los escombros siempre pueden ser materia prima para la reconstrucción.

Juanjo era maestro en su pueblo. Pero a veces, se sentía solo. Tenía interesantes ideas y durante mucho tiempo intentó transmitírselas a sus vecinos. Luchó para concretarlas. Eran ideas y proyectos sencillos para mejorar la vida de su comunidad. Pero nadie lo escuchaba. Creían que era un loco, un soñador. Él, sin embargo, siguió insistiendo. Hasta que un día se encontró con Matías, otro soñador, como él. Él tenía un programa de radio barrial. Charlaron. A Matías le encantaron los proyectos y le aconsejó llevarlos a la alcaldía. Alguien tenía que conocerlos, le dijo, porque eran muy buenos.

Juanjo le explicó que nadie lo quería escuchar. Ni en la calle, ni en la alcaldía. Hasta que un día, un huracán arrasó el pueblo. Muchas viviendas quedaron prácticamente destruidas. El drama golpeó a su comunidad ahí donde más duele. Entonces, desde la radio, Juanjo y Matías comenzaron a comunicar todos los días sus ideas. Era simplemente eso: una convocatoria tímida a participar de acciones cooperativas para ayudar a la reconstrucción de las viviendas.

El tema era conseguir apoyo financiero por parte de la autoridad distrital y con ese aporte, comprar los materiales. Luego, coordinar y poner en marcha un sistema de cuadrillas de voluntarios de albañilería que fuera trabajando simultánea y progresivamente en la reconstrucción, dirigida por los profesionales del lugar. “Eso se llama cooperación”, decían al aire, frente al micrófono.

De a poco, la gente fue sumándose. Se realizaron asambleas y participaron la alcaldía y la autoridad distrital. Todos eran conscientes de que solamente juntos podrían llevar adelante esa epopeya. Hubo discusiones, por supuesto, pero con tolerancia. Así, fue que pronto encontraron el camino hacia el consenso.

Sabían que todo ese trabajo llevaría mucho tiempo, pero reinaba una corriente positiva de optimismo, esperanza y comunidad. Los reconfortaba el sentimiento de sentirse juntos en torno al mismo objetivo. Juanjo y Matías se dedicaron a hablar todos los días por la radio explicando los valores de la cooperación, mientras el pueblo se iba convirtiendo en un gran obrador.

Desde la alcaldía, se realizó una campaña distrital para  lograr el apoyo solidario de los habitantes de la región, juntando alimentos y ropa para quienes habían sido afectados por el desastre y permanecían alojados en instituciones del pueblo. Todos trabajaban sin preguntar para quién, porque estaban involucrados y comprometidos con la misma causa. Estaban juntos y dolía menos. Fue entonces que pudieron hacerse fuertes. Porque cuando la solidaridad brota, las cosas buenas ocurren. Juanjo y Matías tenían razón.

Cuando la reconstrucción terminó y el nuevo poblado estuvo por fin en pie, ya nada fue igual para ellos. Ahora se percibían como camaradas y la vida pueblerina se volvió más sabia, más humana. Y entonces la única verdad del pueblo fue que todos juntos pudieron.

voluntariado-cooperacion

(*) Nota de la Editora: Los textos elegidos podrían ser corregidos para mejorar su ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

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