Sophia - Despliega el Alma

Blog: El Taller

16 julio, 2015

1600 al sur

Un viaje en auto y todos los pensamientos -que van, que vienen- mientras se adivina un mejor destino lejos de casa. ¿Hasta dónde conduce la ruta de los sueños? Por Silvina Laurin

Inicié el viaje como siempre comienzo las vacaciones: histérica.

Parece que en una semana puede pasar todo lo que no pasa en un mes. Vencimientos, anticipar pagos a tarjetas de crédito sobregiradas, llamar a abuela para prometerle ese dulce de cassis que solo hay en el Bolsón, cerrar llaves de gas que nunca encuentro y recolectar todas esas medias de lana que jamás usaré porque pican más de lo que abrigan.

Los primeros kilómetros son de repaso minucioso de todo lo que olvidé hacer o llevar. Por momentos, creo que todo lo inútil que cargo en el baúl del auto suplirá esas ausencias. Ahora lo dudo. En el kilómetro 400 empiezo a callar mi cabeza. El pie casi descansa en el acelerador y dejo de buscar, como enajenada, la última lista de canciones que bajé al Ipod. Silencio.

Sigo manejando y me propongo un desafío: encontrar alguna persona detenida en uno de los cientos de altares elevados al gauchito gil y a la difunta correa. ¿Quiénes son aquellos que se detienen a atar telas rojas o a dejar botellas de agua? Por momentos, creo que es un artilugio premeditado y organizado para que algunos volvamos a creer. No logro ver a nadie en los altares.

El verde se mancha de a ratos con tonos marrones. De golpe, caigo en la cuenta de que es viernes y los pueblos por los que paso están en plena actividad. Sin embargo, todo huele a domingo. Cargar nafta en una estación lleva su tiempo. Nada logrará que el peón apure su paso. Primero, acaricia al perro cansado. Luego, saluda a la maestra que cuando pasa por atrás, le dice que hoy espera a Cachi en el cole. Por fin, se acerca a mi auto y pregunta: “¿Super o premium?”. Lo estudio minuciosamente, trato de recordar sus pasos. Sé que con un poco de ensayo puedo hacerlo como él.

Ya hice la mitad de camino y empiezo a sentir que mis latidos están más bajos. Esta es la parte del viaje en que creo, con certeza, que no debería volver. Que de verdad, será un viaje de ida. Fantaseo con esas historias que cuentan de alguien llegó a un lugar y ahí cambió su vida.

De golpe, el celular encuentra señal y empiezan a sonar todos los ruiditos posibles que es capaz de desplegar: whatsaps, mails, llamadas perdidas. La realidad me cachetea y me recuerda con cinismo cuánto amo el olor a carburador de 9 de julio y Corrientes, olores mezclados con sonidos de bocinas y motores que envuelven en un ruido sordo.

Los carteles verdes me indican que solo faltan cincuenta kilómetros para llegar a destino Desacelero, bajo las ventanillas y dejo que mi mano izquierda haga avioncito contra el viento. En una semana volveré a desandar estos 1600 kilómetros. Pero, seguramente, el camino será otro.

ruta-web

(*) Nota de la Editora: Todos los textos elegidos en este espacio podrían ser corregidos para mejorar ortografía, acentuación, puntuación o sintaxis.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()