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¿Por qué hablar del alma en el Día de la Mujer?

Convocados por Sophia, dos referentes de la sabiduría ancestral y los vínculos, como Ana María Llamazares y Sergio Sinay, participaron de una transmisión en vivo conducida por María Freytes en la que reflexionaron acerca de cuál es el gran desafío en el diálogo entre varones y mujeres.

Por Carolina Cattaneo

El viernes, el mundo entero conmemoró el Día Internacional de la Mujer, un nuevo 8M. Hubo marchas en ciudades de todo el planeta, discursos públicos, reflexiones que circularon por las redes sociales, saludos y abrazos, reales y virtuales. Desde Sophia, quisimos que nuestra propuesta para este 8M fuera distinta a todo lo que habíamos hecho en años anteriores, y decidimos convertir a esta fecha en un espacio de encuentro y de diálogo. Acaso una excusa para expandir y abrazar, para integrar y sumar.

La llamamos 8M. El regreso del alma: Honrar lo femenino en varones y mujeres. Para materializarla, convocamos a la antropóloga Ana María Llamazares y al escritor Sergio Sinay, ambos referentes argentinos en temas de sabiduría ancestral y vínculos, y a la conductora María Freytes. Así, con una transmisión en vivo por nuestro Canal de YouTube desde Carpa rosa, Ana María y Sergio fueron, con la guía de María, hilvanando, palabra a palabra, idea tras idea, un encuentro para honrar aquello que desde Sophia sostenemos desde nuestros comienzos, hace más de dos décadas: “Hay otra vida desde el alma”.

“¿Por qué hablar del alma un 8M? ¿El alma responde a un principio femenino o a un principio masculino?”, comenzó preguntando María Freytes y así dio el puntapié a un intercambio rico y fructífero. Cobijados por la calidez de Carpa rosa, un reducto con paredes, cortinados, flores y sofás de color rosa donde se celebran círculos de mujeres, talleres y charlas relacionadas a lo sagrado femenino en la porteña casa Néctar, Ana María y Sergio conversaron durante una hora y media acerca del concepto del alma, de lo femenino y también de lo masculino, pero sobre todo, de lo esencialmente humano y de lo que necesitamos, hombres y mujeres, para crecer en las diferencias y en las similitudes y para enriquecer nuestra experiencia en la Tierra de manera pacífica y constructiva.

Sin que quedaran afuera los temas acuciantes y urgentes como la violencia de género, el escandaloso índice de femicidios y las injusticias en el mundo laboral y doméstico, la charla del viernes navegó por las aguas de la espiritualidad y la sabiduría ancestral y desde allí, los tres participantes fueron abordando temas que, a priori, hubieran parecido ajenos a un 8 de marzo y que, sin embargo, fueron pertinentes y tuvieron todo que ver. Es que, desde una perspectiva que propone un cambio de paradigma y una ampliación de la consciencia, la llamada “lucha de los sexos” acaba teniendo el mismo origen que los dramas más acuciantes de la actualidad, como la explotación desmedida de los recursos naturales o los conflictos armados.

“Mirando las flores y este espacio de color rosa, pensaba que hay un símbolo que nos está convocando hoy también, que es la rosa: el color rosa y la flor de la rosa. La rosa es un símbolo ancestral relacionado con el alma. Todas las tradiciones antiguas han utilizado el símbolo de la rosa, cuyos pétalos forman un mandala, es decir, es símbolo de totalidad, de integridad. En el símbolo de la rosa, que es el mismo que se utiliza para simbolizar el alma y simbolizar lo femenino, la simbología como siempre nos da muchas pistas para encontrar razones más profundas en los significados de las cosas”, aportó Ana María, autora de Del reloj a la flor de loto. Y Sergio Sinay, columnista de Sophia y autor de libros como La masculinidad tóxica, aportó: “En un mundo desencontrado como el presente, de mucha gente aislada, refugiada en pantallas y ausentes de cuerpo, el encuentro es necesario. Yo creo que el alma está en varones y en mujeres y a lo que estamos desafiados hoy es a una tarea, a un proceso alquímico, que permita que el alma de los varones y el alma de las mujeres se encuentren para generar lo que genera todo encuentro verdadero: algo nuevo”.

¿Por qué hoy hablar de las diferencias entre varones y mujeres genera tanta irritación? ¿En qué momento hablar de lo que somos comenzó a despertar violencia y a abrir nuevas grietas que parecen irreconciliables? ¿Es lo mismo diferencia que desigualdad? Estas y otras fueron algunas de las cuestiones que, hábilmente, María Freytes fue planteando a los invitados. Y en un ir y fluido, Ana y Sergio hicieron sus aportes sin dejar de formularse, a su vez, nuevas preguntas.

“Diferencia y desigualdad son muy diferentes entre sí —aportó Llamazares—. Borrar las diferencias es una torpeza, es ir en contra de la naturaleza. La diversidad es propia de la vida y hay que celebrarla”. Mientras que Sinay apuntó que, durante siglos, la humanidad vivió como naturales atributos que, en realidad, son culturales. “En esta repartición de atributos quedaron la fuerza, la asertividad y la capacidad de decisión en el campo de los varones. Y la ternura y la receptividad en el campo de las mujeres. Y yo creo que ni las emociones ni los sentimientos tienen sexo, tampoco género: están en lo humano, como el alma. Y esta es la riqueza de la diversidad: que se expresan de manera diferente en varones y en mujeres. Esa diferencia todavía tiene mucho de misterio”, dijo, y recordó el relato mitológico de Procusto, el posadero que recibía a sus huéspedes y, para que se ajustaran a la cama en donde les daba de dormir, les serruchaba las piernas a los altos y se las estiraba, también con un método cruel, a los petisos.

“La equidad acepta que los petisos sean petisos, que los altos sean altos, que los varones seamos varones, que las mujeres sean mujeres y que todos tengamos iguales derechos y oportunidades en el mundo para expresar lo mejor de cada uno de nosotros como la persona que es, desde el sexo y el género en el que vive y se manifiesta”, concluyó Sinay, y aportó una pregunta: “¿Cuánto mejor viviríamos, cuánto más relajados y con energías más liberadas para otras cosas, si pudiéramos aceptarnos misteriosos en nuestros vínculos y dejáramos de luchar por entender?”.

El regreso del alma

¿Por qué llamar “El regreso del alma” a un encuentro para conmemorar el Día Internacional de la Mujer? Y sobre todo, ¿por qué hablar de “regreso”? “¿Quiere decir que en algún momento estuvo ausente?”, preguntó a sus interlocutores María Freytes y abrió así otro de los bloques temáticos del encuentro: el de la pérdida y la recuperación del alma.

“Creo que el alma nunca se fue. En Occidente moderno, culturalmente el alma fue cancelada. Hablar de alma estaba mal visto. Estaba asociado con la debilidad, con lo que no se podía ni ver, ni tocar, ni medir y por lo tanto era anticientífico o acientífico. Fue relegada al campo de la espiritualidad, lo religioso, la psicología, el esoterismo y lo femenino. Por lo tanto, en realidad lo que necesitaríamos en este momento, es volver a escuchar el alma, porque lo que hicimos es desconectar ese canal, dejar de escucharlo. El alma está ahí. El alma es lo que anima. Alma y ánima son sinónimos. Entonces el alma —el alma personal, como el alma del mundo, el famoso ánima mundi—, está siempre, estuvo siempre. Creo que solo hace falta recordar, volver a tocar esa cuerda que resuena tanto en el cosmos, en el alma del mundo como en el alma personal. Son unísonas”.

Semejante tarea, para Sinay, es un desafío. «Pondrás tu alma sobre la mesa o la callarás. La mandarás al sótano, a la sombra donde está todo lo que no hay que mostrar. Y saldrás al mundo con un traje con el que seas aceptada. Un traje donde el alma no entre. Pero el alma va a estar pataleando porque existe y va a estar golpeando la tapa del sótano para salir y va a salir por algún lado”.

Entre reflexiones pero también entre muchas preguntas, el encuentro del 8M de Sophia incluyó también un espacio, en torno a las velas encendidas, para recordar a las divinidades femeninas de tiempos remotos que guiaron los destinos de muchísimas culturas antiguas. También, como dijo Sinay, para recordar a «las minorías empecinadas en una causa que mantienen una fogata encendida en un bosque oscuro durante toda la noche, encendida con sus valores, con sus creencias, con su causa, para que se acerquen los que andan perdidos, buscando la luz en medio del bosque”.

Guiados por la intuición y por la espontaneidad, tanto como por el conocimiento y las ideas, en el living de Carpa rosa también resonaron palabras como “perdón”, “compasión”, “escucha”. Y nombres como el de Carl Jung, Thomas Moore o el de Joseph Campbell se acercaron a esta ronda de la que, desde fuera, técnicos y staff de Sophia participábamos en silencio, afortunados testigos presenciales de aquello que nació con la idea de ser una charla con transmisión en vivo y acabó, quizás, por convertirse en algo más grande.

Podés ver la charla completa desde el siguiente enlace: www.youtube.com/revistasophiaonline

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"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein