Sophia - Despliega el Alma

Mujer y trabajo

14 octubre, 2014

¿Por qué ellos se la creen… y nosotras no?

Ellos piensan que pueden. Nosotras que no. Esto tiene consecuencias en el ámbito laboral porque la autoestima es tan importante como la idoneidad. Recientes investigaciones confirman que nuestra falta de confianza nos resta posibilidades.


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Durante años pensamos que si poníamos talento, estudio y dedicación en nuestras carreras, íbamos a llegar a buen puerto. Y en cierta manera, con esa fórmula, en los últimos treinta años obtuvimos logros y progresos: accedimos a puestos de conducción, alcanzamos metas deseadas, nos proyectamos. En la actualidad, participamos cada vez más en el mercado académico y laboral. En Brasil –según el  informe “Relación Anual de Informaciones Sociales 2012”– las mujeres representan el 60% de las estudiantes universitarias, y el 51,8% estudia carreras de posgrado. De acuerdo con una investigación llamada “Las mujeres importan: Una perspectiva latinoamericana”, de McKinsey & Company, en la Argentina el empleo femenino se incrementó en un 33,2% durante la última década. “La historia de las mujeres en el ámbito laboral es reciente en comparación con la de los hombres, que históricamente lideraron estos espacios. Hoy, sin embargo, cada vez más mujeres ocupan puestos profesionales y de liderazgo en todo tipo de empresas. En el caso de Microsoft, por ejemplo, más de un 30% de la población total está compuesta por mujeres, desde jóvenes profesionales hasta directoras”, apunta Fabricia Degiovanni, gerente general de Microsoft Argentina. Eso no es todo: en Estados Unidos la gran mayoría de los graduados universitarios son mujeres, y los estudios demuestran que las empresas integradas por mujeres superan en resultados a aquellas formadas –únicamente o en su mayoría– por el sexo masculino.

Nuestra capacidad y competencia nunca ha sido más obvia. Quienes analizan los comportamientos y valores de la sociedad observan que el mundo se mueve en una dirección femenina. Sin embargo, ¿por qué, si estamos trabajando mejor que nunca, los varones siguen obteniendo ascensos con mayor rapidez y salarios más altos?

Más allá de todos los impedimentos sociales, fruto de la cultura patriarcal imperante, todavía “nos falta lo más importante: confianza en nosotras mismas”, escriben Katty Kay y Claire Shipman, autoras del flamante libro The Confidence Code: The Science and Art of Self Assurance. What Women Should Know (El código de la confianza: la ciencia y el arte de la autovaloración). Ellas empezaron a notar esa falta de autoestima en 2009, cuando escribieron juntas Womenomics, un libro centrado en los logros obtenidos por el género femenino en las últimas décadas. “Para nuestra sorpresa, mientras entrevistábamos a muchas mujeres, en su mayoría altas ejecutivas, nos topábamos con un agujero negro difícil de identificar, como si existiera dentro de ellas una fuerza que las tiraba para abajo”, explican las periodistas de las cadenas ABC y BBC.

Historias que hablan por sí mismas

¿Por qué la ejecutiva de cuentas de una reconocida empresa decía que no se merecía su reciente ascenso como gerente comercial? ¿Por qué la científica dudaba de si ella era la persona indicada para desarrollar un importante proyecto de un laboratorio internacional? ¿Existía alguna razón para que una chica que durante años había estudiado en las mejores universidades y sabía idiomas pensara que no era lo suficientemente buena para trabajar como periodista en la televisión, y una vez obtenido el puesto, dijera que su éxito había sido “cuestión de suerte”?

Entre los numerosos casos presentados en su investigación, Katty Kay y Claire Shipman relatan la historia de Clara Shih, una de las pocas CEO tech del –en ese momento– “mundo macho” de Silicon Valley. A los 29 años, ella logró ubicar primera, en la lista del ranking empresarial de Estados Unidos, a su compañía de redes sociales Hearsay Social (el mismo puesto que ocupaba la archiconocida Starbucks). Sin embargo: “Cuando Clara era una estudiante en la Universidad de Standford, pensaba que las materias que ella consideraba difíciles resultaban fáciles para otros. Si bien tuvo el promedio más alto, cuando la entrevistamos nos contó que por momentos se sentía una impostora”, revelan las autoras.

Muchos más ejemplos demuestran que entre varones y mujeres hay una larga brecha, que las mujeres no se consideran merecedoras de ascensos, predicen que les va a ir peor en los exámenes y, generalmente, devalúan sus habilidades. Prueba fehaciente de esto es una investigación realizada en 2003 por los psicólogos David Dunning, de la Universidad de Cornell, y  Joyce Ehrlinger, de la Universidad de Washington, en la cual, luego de un examen de diez preguntas, se consultaba a los alumnos cuántas respuestas correctas creían que habían obtenido. ¿El resultado? Las mujeres intuían haber respondido bien 5,8 preguntas, mientras que los varones decían 7,1. A su vez, Hewlett-Packard descubrió años atrás que las mujeres que se postulaban para un ascenso solo lo hacían cuando sentían que cumplían el 100% de los requisitos para el puesto. Los hombres, en cambio, se lanzaban cuando sentían que cumplían con apenas el 60%. Estos estudios confirman que, aunque estemos preparadas, las mujeres nos retraemos. “Se sienten listas solo cuando son perfectas o prácticamente perfectas”, explican las autoras de The Confidence Code...

Las evidencias hablan por sí solas y demuestran cuán devastadora puede resultar la falta de valoración personal. Es que el éxito, pareciera, está tan relacionado con la autoestima como con la capacidad. Durante décadas nos hemos capacitado, pero pasamos por alto una regla importante de la jungla profesional: la autoestima es un talento. Y el perfeccionismo es, además, un enemigo de la confianza en uno mismo que suele estar más presente en las mujeres.

No respondemos preguntas hasta que estamos completamente seguras, no nos anotamos en un triatlón hasta que sabemos que corremos muy rápido. Observamos a nuestros colegas masculinos asumir riesgos mientras nos acobardamos. Somos perfeccionistas en el colegio, en casa, en la clase de gimnasia, incluso de vacaciones. Bob Sullivan y Hugh Thompson, autores de The Plateau Effect (El efecto meseta), llaman a esta tendencia “enemiga de lo bueno”. Nuestro impulso de perfección nos hace perder el tiempo y muchas veces nos impide hacer cosas buenas para nosotras mismas.

¿Por qué las mujeres carecemos de confianza? ¿Hay algo que podamos hacer para revertirlo? La buena noticia es que la brecha entre varones y mujeres puede cerrarse. La clave está en tomar conciencia de cómo y por qué se abrió bajo nuestros pies.

Siglos de historia

Desde Aristóteles, que aseguraba que las mujeres no tenían alma, hasta culturas que aún hoy siguen relegándolas. Desde Juana de Arco, quemada en la hoguera, hasta la actual cosificación del cuerpo femenino en los medios. El género femenino carga con siglos de postergación y sometimiento de los que los varones carecen. Recién a principios del siglo pasado la mujer obtuvo el derecho a votar y pudo incursionar en un mercado laboral regido por varones. Lustros de postergación, aún frescos en el inconsciente colectivo femenino, siguen produciendo en la mujer ese “no sentirse apta” para grandes oportunidades.

“A lo largo de los siglos las mujeres hemos tenido un espacio acotado a lo doméstico y familiar, por lo que necesitamos ganar confianza en este nuevo ámbito de ‘lo público’. Además, creemos que solo nos va a ir bien en las empresas si ejercemos un estilo de trabajo masculino. Ese comportamiento nos pone en un lugar de menor confianza en nosotras mismas porque no nos sale naturalmente, nos vemos forzadas a construir la postura. Si la mujer entendiera que puede ejercer un rol directivo con características femeninas, se sentiría más confiada y sobre todo agregaría valor al ámbito donde se desenvuelve con una visión complementaria”, explica Silvia Torres Carbonell, directora del Centro de Entrepreneurship del IAE.

La confianza como motor

La confianza es fundamental. En el ambiente laboral, facilita la toma de decisiones y permite que la creatividad fluya. “Una idea reprimida puede ser una importante oportunidad perdida, no solo de demostrar el propio potencial sino además de creación colectiva a partir del trabajo en equipo”, opina Fabricia Degiovanni, quien días atrás participó del Congreso IDEA sobre Diversidad, con el objetivo de fomentar la igualdad de oportunidades para la mujer en la empresa. Según ella, es fundamental partir de una total certeza de que hombres y mujeres somos pares y tenemos las mismas capacidades de lograr lo que sea. No se trata solo de pensar la cuestión como un eslogan, sino de vivir y trabajar desde esta óptica. La propia sociedad está formada por varones y mujeres, y toda empresa exitosa necesita replicar el panorama hacia adentro. “Si no lo hiciera, estaría desconociendo el mundo del que es parte. El valor está en los equipos diversos: tienen mayor involucramiento en los proyectos y son  fructíferos a partir del intercambio. Hay que animarse siempre a opinar y escuchar, porque cada voz es tan legítima como las otras”, agrega.

Para cambiar esta realidad, es necesario poner el foco en la autoestima. La confianza parte de un conocimiento personal profundo, “de una valoración de las propias fortalezas y debilidades, de una decisión de encarar la vida con valores sólidos, de no traicionar esas características femeninas sino de potenciarlas. Se trata de capacitarse, de estar actualizada y conectada, de crear capital social y sobre todo de buscar un equilibrio entre la vida personal, familiar y profesional, que permita integrar todos esos ámbitos en forma armónica, teniendo siempre claras las prioridades”, explica Torres Carbonell, directora también del Global Entrepreneurship Monitor y miembro de la comisión directiva de Endeavor. En ese aspecto, es clave no copiar estilos de liderazgo, sino “confiar en nuestra sensibilidad y capacidad de escucha, de búsqueda de consensos, de enseñar, de aprender, de estar alerta a las necesidades de los demás, de tener en cuenta los medios y no solo el fin, de buscar el impacto social y sobre todo de ser personas íntegras”, concluye.

Sheryl Sandberg, la CEO de Facebook y defensora del liderazgo femenino en las empresas, se preguntaba qué haríamos las mujeres si no tuviéramos temores. Claramente, hay mucho camino por recorrer “para sentirnos dueñas de todos los espacios de las empresas y del liderazgo social en una competencia productiva con los hombres, que nos permita cubrir los cargos con los mejores. Sin duda, la cultura y el rol histórico femenino son un aspecto dominante en la explicación de nuestra falta de valoración personal”, afirma Marcela Cristini, licenciada en economía y analista senior de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas). Según la experta, en este nuevo siglo que ha dado en llamarse “el siglo de la mujer”, ese estereotipo está cambiando de la mano de la mayor conciencia general sobre el tema y de la mayor preparación de las mujeres para ocupar puestos y derribar mitos. “Es necesario entender que aprovechar el talento femenino debe ser un compromiso de toda la sociedad”, destaca.

Queda camino por recorrer, sí. Pero, como dijo Lao-tsé: “Un viaje de mil millas comienza con el primer paso”. Allá vamos.

Por Isabel Martinez de Campos

ETIQUETAS autoestima mujer y trabajo

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