Destinos espirituales: la transformadora experiencia de los viajes con propósito - Sophia Online

Viajes con alma

Destinos espirituales: la transformadora experiencia de los viajes con propósito

Viajar en busca de lo sagrado es una tendencia que crece, a través de propuestas que invitan a la introspección y el recogimiento. ¿Qué buscamos en estos rumbos que expanden el alma?

Aurelio Agustín de Hipona nació en el epicentro de la cultura beréber en Tagaste. Escritor, teólogo y filósofo, revolucionó las ideas de su tiempo. Vio más mundo que muchos de sus coetáneos. Nunca detuvo su trayecto. Ni siquiera cuando se convirtió al cristianismo, bautizado en Milán por San Ambrosio, a sus 33 años (curiosamente, la edad de Jesús). Este corazón inquieto se convirtió en San Agustin y en el máximo pensador del primer siglo del catolicismo. Esta cabeza rebelde decía “el mundo es un libro, y aquellos que no viajan se quedan leyendo siempre la misma página”. 

La pandemia irrumpió en el epicentro del turismo. Nunca antes, gracias a decenas de factores, la posibilidad de partir a explorar nuevos destinos se había democratizado tanto. El covid golpeó los planes de una industria con un crecimiento que parecía imparable. Luego de algunos años de expectación, la rueda volvió funcionar y, según la Organización Mundial del Turismo, a fines del año 2023 ya había recuperado el tono. 

Sin embargo, dos tendencias se volvieron casi regla: la sustentabilidad y el sentido. De hecho, este último concepto se expresa en el 63% de los viajeros, según la plataforma de viajes Viator. En la última encuesta, los participantes revelaron que suelen elegir sus viajes con el objetivo de vivir una experiencia que los enriquezca y les resulte trascendente. El 38 % de ellos prefiere, incluso, optar por destinos que tengan algún trasfondo espiritual, lo que incluye un circuito de templos, ruinas con esencias místicas, monumentos religiosos y peregrinaciones o retiros. 

Asia y el Pacífico son dos zonas emblemáticas para el turismo religioso y atraen a la mayor cantidad de peregrinos. En todo el mundo se realizan alrededor de 600 millones de viajes y retiros espirituales anualmente, más de la mitad de ellos en destinos asiáticos. Sin embargo, fronteras adentro, la experiencia espiritual es cada vez más buscada en muchos otros países. Se han expandido las experiencias de retiro y meditación, los sitios con desconexión digital para revalorizar el contacto real y, a la par, han escalado sitios de interés específicamente religiosos que convocan a experiencias de bienestar consciente no sólo para el cuerpo. “El viajero debe llamar a cada una de las puertas ajenas, para encontrar el templo más sagrado de su ser”, señaló el filósofo bengalí Rabindranath Tagore.

Se prevé que el turismo religioso reporte un crecimiento anual del 9,1% hacia 2034, según una medición de la consultora Future Makers Insights, donde señala que el sector superó los 16.000 millones de dólares este año y está en camino de alcanzar los 39.000 dentro de una década. 

Rutas sagradas

Adela tiene 38 años y recuerda las visitas al Vía Crucis de Tandil durante las Semanas Santas de su niñez. “Partíamos un martes, faltábamos al colegio el miércoles y volvíamos el domingo por la mañana”, señala. Según cuenta, esa experiencia sembró en ella la idea de un viaje familiar con un propósito. “Mis padres eran católicos practicantes y aunque mis hermanos y yo no lo somos como ellos, crecimos con una conciencia de espiritualidad que nos preocupamos por trasladar a nuestros hijos. Propiciar esas experiencias nos abre la oportunidad de volver a los valores y a lo que nos importa transmitir como aprendizaje. No es lo mismo que irte a otro sitio cualquiera: cuando el lugar al que vas propone un recorrido, una ruta o un hito, te da la excusa perfecta para hacer entrar la espiritualidad”.

La Basílica de Luján y el Santuario María del Rosario de San Nicolás, ambos cerca de la Ciudad de Buenos Aires. La Gruta de Lourdes de Puerto Deseado en Santa Cruz que termina en el increíble Cañadón de las Bandurrias. El Parque Temático de la Cruz en Misiones y su cruz metálica de 52 metros de altura. El Parque Vía Christi en Junín de los Andes, Neuquén y su escultura de Jesús de 36 metros de longitud, 30 metros de ancho y 7 metros de alto, recostada en la ladera del cerro. La peregrinación anual en Chimpay, a 80 kms. de Choele Choel en Río Negro donde se puede visitar la ciudad que vio nacer a Ceferino Namuncurá; el recorrido jesuita en Córdoba. Nuestra Señora de Itatí hallada en 1589 en el río Paraná a pocos kilómetros de la Reducción Franciscana de Yaguarí en la provincia de Corrientes.Las siete iglesias centenarias de la ciudad de Salta y su mítica Virgen del Cerro que moviliza a miles de personas cada fin de semana. 

En Catamarca, la Virgen del Valle —patrona del turismo en Argentina— cuenta con una imagen que se convirtió en la más grande del mundo y supera en altura al Cristo Redentor de Brasil. Con sus 52 metros de alto, emplazada sobre la Ruta Provincial N° 4, a pocos kilómetros de la villa turística El Rodeo, propone una inmersión religiosa a través de un relato que pasó de generación en generación. Cuenta la historia que alrededor del año 1616, un grupo de pescadores encontró una pequeña estatua con el rostro de la Virgen en una gruta cerca del río del Valle y el hallazgo fue interpretado como un signo de la divinidad.  

La Virgen del Valle de Catamarca, una imponente imagen de 52 metros de altura.

A las tradiciones católicas se han sumado decenas de opciones espirituales que incluyen al Cerro Uritorco en Córdoba, sitio de confluencia de terapias alternativas y bienestar y el Templo Zen Shobogenji, ubicado en Capilla del Monte, donde se realizan prácticas budistas. El culto a la Madre Tierra también está presente. Por ejemplo, en lugares como el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, con su potente fuerza natural y el Alerce Abuelo de más de 2600 años. También en los centros termales más profusos del mundo, con fangos, algas, vapores y aguas minerales a los pies de un volcán, como el retiro tradicional de Merlo, en San Luis, o las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero.

Los destinos internacionales ofrecen una mirada ecuménica que reporta interés histórico y cultural, además de cultivar el espíritu. El Hajj es la mayor concentración humana del mundo y reúne a millones de musulmanes en Masjid al-Ḥarām (la Gran Mezquita) entre junio y julio. 

El Pacific Crest Trail es una senda para quienes buscan un viaje espiritual distinto. Sus 4.265 kilómetros se extienden por casi toda la costa del Pacífico de América del Norte. Consideradas entre los sitios hindúes más sagrados de Malasia, las cuevas de Batu están dedicadas a Murugan, el dios hindú de la guerra. En la cima de los acantilados, a donde dirigen las escaleras de colores, se abre una red de cuevas entre las que se encuentra la principal, con techos de 100 metros de altura. 

Los viajes en globo en Capadocia, Turquía, sobrevuelan un paisaje que conmueve desde la majestuosidad del sol. El Camino de Santiago es, tal vez, la peregrinación católica más célebre del mundo, que tiene rutas que parten desde Portugal, Francia o España, y convergen en el santuario de Santiago de Compostela. 

La India y su inabarcable fuente de experiencias introspectivas, los retiros en el Himalaya y la decena de templos que ofrecen programas de meditación. Tierra Santa y su mezcla religiosa en un único sitio. Las inquietantes pedras neolíticas de Stonehenge, a una hora de Londres, y la riqueza americana de Macchu Picchu, el Cristo Redentor, Riviera Maya e Isla de Pascua. 

La ruta de la Virgen de Medjugorje incluye una peregrinación a Medjugorje, Bosnia y Herzegovina, donde los peregrinos visitan el Monte de las Apariciones y el monte Križevac para rezar y vivir una experiencia espiritual, buscando paz y una conexión profunda con la Virgen María.

El Camino de Santiago de Compostela convoca a peregrinos de todo el mundo.

Un viaje interior

“Por lo común, lo que se busca en este tipo de experiencias es autoconocimiento —explica Shelley Kohtz, creadora de Vacation Travel Services, una de las consultoras en travesías espirituales más requeridas en el turismo mundial—. Frente a esa idea, no existe el viaje perfecto para todos, sino que cada uno debe apelar a descubrir qué quiere para sí, en qué etapa de su vida se encuentra y qué espera obtener de ese recorrido”.

«Hubo un tiempo en que pensé que viajar era puro ego —afirma Martina, de 32 años—. Pensaba que era una manera de mostrarme conocedora del mundo y cosmopolita frente a mis amigos. Tengo una cultura de viaje arraigada desde chica. Mi familia consideraba que viajar también era irse de picnic al Tigre. Con esa idea sembrada en la infancia, hoy busco encontrar algo más de mí y enriquecer lo que soy. Cuando tomás conciencia de tu lugar en el mundo y te dejás invadir por la belleza que te rodea, cualquier sitio puede ser transformador. No sólo es el lugar al que vas, también es cómo hacés el recorrido”.

Eso es, precisamente, lo que refleja la tendencia: los viajeros hoy buscan una intención para el destino. “Sentirte abierto en tu ruta es una manera de percibir los estímulos internos que invitan a descubrir el sitio que elijas visitar. Es amable escuchar la voz interna que te invita a conectar con los locales o a recorrer sin rumbo, dejando que el lugar entre en vos”, destaca María Marcos Delaguila, asesora en turismo alternativo. 

La escritora Denise Linn, quien vivió una experiencia cercana a la muerte en su adolescencia y desde entonces explora temas espirituales, invita a dejar fluir la sincronicidad y recomienda escuchar a los locales, consultarles qué lugares visitar y dejar que el recorrido fluya más allá de una guía turística específica, para vivir en el momento presente. “Viajar puede generar muchos instantes sorprendentes. Cada experiencia es una invitación para permanecer en ese instante, allí donde estás, como si el mundo se apagara por un rato”, explica.

Las Cuevas de Batu se encuentran en un acantilado de piedra caliza, en Malasia.

Frente a la imagen de la Virgen del Valle de Catamarca, Raúl, un turista de 29 años, asegura que nunca deja de tener un encuentro espiritual allí donde va. “Lo que me pasa en cada sitio es distinto y se relaciona con mi momento personal. En ocasiones pido algo, en otras agradezco, a veces sólo me quedo en silencio. No sé exactamente qué busco en esos destinos, pero sí sé que siempre vuelvo distinto, más feliz, más sereno”.

El cruce con la naturaleza suele ser una constante en este tipo de recorridos. Kohtz asegura que “el mundo natural es un encuentro espiritual en sí mismo. Nos habla de nuestra pequeñez frente a la inmensidad. De cierta magia de la cadencia del universo del que somos a la vez espectadores y parte”.

Desde el hombre nómade, el viaje fue siempre una búsqueda. Consuelo, ayuda, recursos espirituales, gratitud, silencio, paz interior, espacio de reflexión, comunión, encuentro familiar, sentido, crecimiento personal, autodescubrimiento, catarsis, retorno al aquí y ahora, ejercicio de la intuición, la oportunidad de trazar nuevas metas… Algo, apenas, de lo mucho que viajar con propósito ha significado para la humanidad. Una tendencia que sigue siendo clave, donde podemos encontrar una ruta propia. Porque, como dice un proverbio noruego, solo los que vagan encuentran nuevos caminos.

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