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Sociedad

26 agosto, 2020

Pequeños creativos: desplegaron su talento en medio de la pandemia

Pasan los meses y sentimos que, más allá de los juegos y las actividades cotidianas, nuestros hijos se ven inmersos en el aburrimiento e incluso en el desasosiego. Hoy, tres historias de chicos que pudieron darle una vuelta positiva al confinamiento y encontraron un sentido y un propósito a través de diferentes proyectos.


Por Isabel Martínez de Campos

VALENTINA BUSCAGLIA, 10 AÑOS

“Empecé a organizar Zooms para chicos con autismo y síndrome de Down”

Todo comenzó cuando animó el cumpleaños de su hermana y las mamás de sus amigas la empezaron a recomendar. Hasta que una vez, un chico conocido que tiene síndrome de Down, le preguntó si quería animar fiestas para él y sus amigos. “Probé y me sentí súper cómoda. Ahora lo hacemos cada quince días. Me encantó porque desde muy chiquita sueño con ser maestra y siento que es un inicio. Además, me parece lindo hacerlo con ellos porque tienen muchas terapias y cosas para hacer, y entonces esto les sirve para relajarse un poquito y divertirse. A mí me da satisfacción enseñar. Nos juntamos por Zoom y les hago actividades a través de Power Points que se adaptan a lo que ellos pueden hacer y a las posibilidades técnicas de la pandemia que estamos viviendo”, comparte Valentina. A la hora de organizarles juegos, asegura que pasa mucho tiempo en sus ratos libres de estudio pensando ideas para ellos. “Les propongo búsquedas del tesoro, bailes, el juego del veo-veo y también, como a muchos les encanta jugar a las muecas, les hago emojis. Todos son muy libres y los encuentros se dan de manera muy espontánea. El otro día les puse música y algunos dibujaban, otros bailaban. Me pone muy contenta ver sus caras de alegría cuando hacen las actividades porque me lleva mucho tiempo organizar los juegos y pensar con qué se pueden enganchar. Compartir su felicidad es una manera de sentir que el tiempo que dediqué valió la pena. Las mamás me dicen que les cuesta engancharse con otros Zooms de estudio y con mis juegos están súper divertidos”.
Con frescura y naturalidad, Valentina dice que este proyecto le dio enorme sentido a su cuarentena. “Aprendí que me puedo organizar bien con los estudios y en mis ratos libres hacer esto que tanto disfruto: acompañar a los chicos que lo necesitan”.

CATALINA PÉREZ MERCADER, 17 AÑOS

Realicé un cortometraje sobre el cuidado del medioambiente

Toda la vida me encantó hacer videos. Los hago desde que soy muy chica, pero a veces la doble escolaridad no me da el tiempo necesario para hacer lo que tanto me gusta”, dice. Este año iba a ser un año especial para Catalina, el último año de secundaria: viaje de egresados y miles de sueños típicos de ese momento bisagra del paso del colegio a la facultad. Pero al igual que muchas chicas y chicos de su edad, tuvo que elaborar de la manera que pudo esta etapa que quizás nunca, o por ahora al menos, no se va a hacer realidad de la manera que ella esperaba. “Estoy en el último año de secundaria y la verdad es triste que este tiempo que esperé toda la vida no lo pueda experimentar de manera presencial. Mi primera reacción con la cuarentena fue bajonearme y sentir mucha incertidumbre, hasta que en un momento hice un clic y me di cuenta de que nada de lo de afuera podía cambiar, salvo mi actitud desde adentro“, cuenta. Así decidió ponerse manos a la obra con lo que más le gusta: hacer cine y videos. Un día, por Instagram, encontré que se organizaba el concurso de Green Film Fest de cortometrajes sobre medio ambiente. Nunca había hecho un corto en mi vida, pero después de dar muchas vueltas, me animé y presenté un cortometraje sobre el cuidado del medio ambiente que, para mi sorpresa, quedó entre los 10 finalistas. La cuarentena me agarró en Necochea. Ahí me inspiré y escribí el guión y lo filmé. La historia habla de cómo una chiquita va tomando conciencia del cuidado del medioambiente“. Catalina siente que este cortometraje realizado en pandemia la aseguró en su vocación de estudiar dirección de cine el año que viene. “Estoy convencida de que en los momentos más difíciles podemos tomar fuerzas. Y también que con esfuerzo y dedicación se pueden lograr muchas cosas y que el arte es una forma de poder expresarnos y de encontrarle lo positivo a todo lo que está pasando”.

FRANCISCO DÁVILA, 11 AÑOS

“Armé un gallinero móvil en mi jardín”

Francisco transcurría la cuarentena con sus hermanos estudiando online, con esa sensación de que quería aprovechar sus horas libres para hacer algo conectado con la naturaleza y los animales, su pasión desde que es muy chiquito. Un día se metió en la página del INTA y vio un paso a paso para construir un gallinero móvil. Fue con la idea a sus padres y les dijo: “¿Puedo construir un gallinero en el jardín?”. Sus papás no dudaron en decirle que sí y decidieron acompañarlo en su proyecto. Fue toda una experiencia aprender a construirlo. “Compramos las varillas de madera, las cortamos, les pusimos los tornillos y luego fuimos viendo dónde y cómo ponerlas. Aprendí a usar el serrucho, el taladro, el destornillador y la engrampadora. Tardamos tres días en tenerlo listo y después conseguimos tres gallinas a las que cuidamos muchísimo. Ellas caminan por todo el jardín, cada día están más lindas y parecen súper contentas en casa. Les gusta muchísimo comer la rúcula de la huerta y algunos gusanitos: todos los días agarro la pala para trabajar la tierra y dejar que aparezcan. Además, les doy comida especial para gallinas”, cuenta Francisco y dice que, a la noche, sus tres gallinas duermen en el gallinero que construyó y que todas las semanas limpia con ayuda de su familia para tenerlo impecable. Su alegría más grande fue cuando vio los primeros huevos.Para mi sorpresa pusieron los huevos entre los arbustos. No me voy a olvidar nunca la felicidad que sentí cuando los vi, hacía días y días que iba siempre a ver si por fin los ponían, hasta que un día pasó”. Según explica, este proyecto le dio un gran significado a su cuarentena: “En vez de estar jugando con la tablet puedo aprovechar mi tiempo libre para hacer esto que tanto me gusta. Al principio pensé que iba a ser muy difícil, pero no lo fue tanto. Pienso que el gallinero es algo bueno que me trajo la cuarentena, porque si hubiese ido al cole todo el día no habría tenido tiempo de hacerlo. Para mí, en este tiempo es mucho mejor hacer algo útil que pasarme el día frente a la Play. ¡Está bueno vivir experiencias nuevas! Sé que la cuarentena en algún momento va a terminar y voy a poder juntarme otra vez con todos mis amigos“, destaca Francisco, para quien este tiempo tendrá por siempre un valor muy especial: “Hacer el jardinero móvil me puso súper orgulloso de mí de haberlo logrado. Valió la pena animarme a intentarlo”.

Valorar los espacios

Por Florentina Sassoli*

Los actos creativos en los chicos están ligados a la libertad. Representan el contacto con el niño interno, que es sabio y libre. Cuando se conectan con ese interior, expresan la sabiduría que nos realiza como humanidad, se recrean y disfrutan valores como la solidaridad, la contribución al otro y al mundo. La creatividad es hija del tiempo ocioso, espacioso y relajado, en el cual los chicos están en contacto con su interioridad y con una sensación de libertad a flor de piel.
Esta conexión con el niño interno es un gran desafío a lograr en estos tiempos frente a la tentación, muchas veces ineludible, de los juegos tecnológicos: la tablet, el celular o la Play. El juego como adicción no despierta ese espíritu creativo y coloca a nuestros hijos en un lugar cómodo, en el cual están imposibilitados de desplegar todo su potencial. La obsesión por los aparatitos se vuelve entonces un refugio donde los chicos se evaden de la realidad, anestesiándolos y alejándolos de sí mismos. Pasan el tiempo, pero no actualizan ningún potencial. En muchos casos se vuelve algo compulsivo y en vez de ser ellos, presentes, disfrutando, el juego los tiene en piloto automático y los desconecta de sus sentimientos y de lo que les pasa.
Claramente, en esta pandemia, los chicos que tuvieron estas ideas creativas son chicos que no están sobresaturados de actividades, sino que tienen tiempos menos estructurados y más espacio en su agenda. Esta nueva realidad les ofrece un margen para conectarse con esos lugares internos llenos de ideas y proyectos y les da también la posibilidad de tomar acción y llevarlos a cabo. Sin duda, los chicos pueden transformar la adversidad de la pandemia (donde muchas veces aparecen el miedo y el aburrimiento) en un impulso sanador y creativo que los ayude a darle un propósito y un significado, y así volverla una oportunidad.

*Counselor, Consultora Psicológica, Focusing Trainer.

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