Sophia - Despliega el Alma

14 junio, 2014

Pasión por comunicar


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El 7 de junio es el Día del Periodista y, para celebrarlo, Sophia convocó a un seleccionado de voces nuevas dentro de este desafiante oficio, para conversar sobre el presente y el futuro de la profesión. En estas páginas, Luciana Geuna, Luciana Peker, Mariana Enríquez, Josefina Licitra y Sonia Budassi responden algunas preguntas disparadoras de reflexión como las cinco chicas comprometidas que son. Jugadas por sus ideas e imparables a la hora de cumplir con las más diversas misiones periodísticas, en estos años protagonizaron anécdotas que las llevaron, por ejemplo, a esconderse en un vestuario masculino para esperar a un jugador y entrevistarlo; cambiarse de nombre o traje para pasar por alguien más, o meterse en cárceles de alta seguridad. Con o sin hijos, casadas o solteras, todas hacen el esfuerzo, en tiempos difíciles, para llegar a fin de mes alternando trabajos. Pero sin perder la pasión jamás. Por Sofía Almiroty.

Preguntas:

1. ¿Cómo se reinventan ante los cambios?

2. ¿Cuánto incide en el trabajo la cuestión de género?

3. ¿Cuáles son sus límites y qué fue lo más jugado que tuvieron que hacer para conseguir una nota?

4. ¿Qué se ganó y qué se perdió con la aparición de los medios
digitales y los blogs?

5. El periodismo, ¿hacia dónde va?

Luciana Peker

Es periodista especializada en violencia de género. Actualmente escribe en el Suplemento Las12 del diario Página/12. Trabaja en el programa Tengo una idea, que conduce Jorge Halperín en Radio Nacional, y en Casi despiertos, conducido por Pablo Marcovsky en FM Rock Nacional. En 2014 recibió el premio Juana Manso del Instituto Municipal de la Mujer de Rosario por su compromiso con los derechos de las mujeres. Es mamá de Benito y de Uma, y, en consecuencia, una gran experta a la hora de hacer malabares y organizarse para poder trabajar.

1. Reinventarse es un desafío porque soy periodista pero también madre. Hay periodistas que escriben lo que se les viene a la cabeza y otros que pueden dedicarse años a un texto. Yo estoy en el medio. Trato de que cada nota contenga una reflexión y que las historias de las personas me movilicen. Tener una dosis alta de sensibilidad es importante, pero a veces cuesta caro. A mí me jugó a favor para valorizar el derecho de muchas mujeres y para priorizar mi oficio y tener algo que contar.

2. En el llano del oficio hay muchas mujeres, pero la tarea se complejiza por la necesidad de compatibilizar la maternidad con la profesión, un oficio absorbente con horarios complicados. En este trabajo la regla tácita es que seas dura y aceptes insultos, peleas, recriminaciones y descalificaciones, y yo me llevo mal con el maltrato. Esto hace que las mujeres que acceden a lugares de poder sean pocas y que muchas de las que llegan tengan los mismos vicios que los varones.

3. Mi límite es el respeto por la persona que entrevisto. Puedo perder una entrevista si para esa persona no es conveniente que el caso salga a la luz. He vivido todo tipo de situaciones. Nunca voy a olvidar el día en que estaba cubriendo el entierro de Alfredo Yabrán en Entre Ríos e íbamos en el auto a toda velocidad con la paranoia de que nos estaban persiguiendo, o haber estado en una cárcel con presos de alta peligrosidad agarrándome del cuello, e igual estar contenta de poder contarlo.

4. Las redes sociales e Internet generan más puentes para la información y eso es una ventaja y un desafío. Puedo buscar, por ejemplo, víctimas de abusos en diferentes países en poco tiempo. Se ganó inmediatez y hay una mayor conexión entre colegas, pero se perdió calidad y precisión. La viralización de la palabra escrita puede hacer pensar que cualquier texto es periodístico. Además, la vida de redacción tiene una mística y una solidaridad que no pueden ser reemplazadas por las redes sociales.

Josefina Licitra

Es periodista, editora , narradora y docente. Nació en La Plata, en 1975, y tiene un hijo, Joaquín. Es autora de dos libros de no ficción, Los imprudentes y Los otros, este último sobre un enfrentamiento entre vecinos en la zona de Lanús, Gran Buenos Aires. En sus producciones cruza el relato narrativo con el rigor periodístico para contar historias muchas veces ocultas. Una de ellas, “Pollita en fuga”, recibió el Premio al Nuevo Periodismo que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano –presidida por Gabriel García Márquez– en 2004. Colaboró con los más relevantes medios nacionales y del exterior. Actualmente escribe en las revistas Sábado, Soho, Don Juan y El Malpensante, entre otras.

1. Si uno le hubiera preguntado a un periodista hace cuarenta años si estaba contento con su trabajo, probablemente habría obtenido la misma respuesta que hoy: “El panorama es complicado”. Lo que puede salvarte es tener, en paralelo a tu trabajo “ganapán”, una búsqueda personal que te reconcilie con el oficio y te recuerde por qué elegiste ser periodista. Esa búsqueda, si no media la ansiedad, tendrá un espacio de publicación. Es difícil que un buen trabajo quede en silencio.

3. Mi límite en el trabajo es no violar los off the record (salvo que medie un crimen de lesa humanidad; aunque es una salvaguarda debatible, para mí son la excepción a la regla); no hablar con menores de edad sin autorización ni presencia de los padres; no ventilar en un texto algún fantasma impronunciable del entrevistado, y –por obvio que suene– no inventar. Fuera de eso, soy flexible. He entrado a cárceles haciéndome pasar por miembro de una ONG (no había otra forma) o me he ido de mi propio cumpleaños porque salió una entrevista imperdible.

5. El periodismo va camino a ejercitarse en tiempos cada vez más cortos y con “periodistas maxikiosco”, que no solo hacen las tareas que suponían que harían cuando soñaron con ser periodistas (investigar un tema, preguntar, escribir), sino otro tipo de tareas, como tomar fotos con sus teléfonos, hacer videos de las entrevistas y twittear desde cuentas personales –a pedido de la empresa en la que trabajan– sobre los temas que están cubriendo. Esto no significa que el periodismo vaya hacia un agujero negro: una vez que tomemos conciencia, habrá herramientas para negociar con la época y las demandas que imponen las empresas. Aun en los momentos más adversos, o quizá sobre todo en esos momentos, es posible hacer cosas interesantes.

Luciana Geuna

Es periodista especializada en temas judiciales y de investigación. Nació en Rosario, en 1977, y vino a Buenos Aires en 2002, cuando ganó la Beca Clarín para Nuevos Periodistas. Desde entonces trabajó en Noticias, Crítica de la Argentina y Clarín. Fue productora periodística de BRIC, el ciclo de documentales conducido por Jorge Lanata para Turner Co, y trabajó como investigadora en los panoramas políticos que realiza el periodista en el diario Perfil. Hoy es columnista de actualidad en No está todo dicho, programa de Radio La 100, y columnista y productora periodística en el ciclo Periodismo para todos, que emite El Trece. Además, o por sobre todo, es la mamá de Vito.

1. Estamos ante un cambio generacional. El fenómeno actual es que antes el periodista era un integrante anónimo en un medio, y hoy es protagonista, se identifica, expresa sus opiniones en las redes sociales. Es fácil saber la opinión de algunos de ellos siguiendo su cuenta de Twitter, por ejemplo. Como si cada periodista fuera un medio en sí mismo.

2. En mi experiencia hoy es más fácil ser mujer y ser joven. Busco información en un mundo de hombres y ahí es fácil que, siendo mujer, me atiendan sin problemas. Después, si van a dar el dato, es otra cosa; tal vez a un hombre se lo den más rápido. A veces sí me pasa de sentirme muy chiquita o vulnerable cuando estoy por difundir una investigación –como fue el caso de la bolsa en el baño de Felisa Micheli–. El abismo que sentí en ese momento fue inmenso y ahí Lanata estuvo para contenerme. Es muy femenino eso de buscar contención.

3. Alguna vez me hice pasar por otras personas. Con quien hoy es mi marido, una vez hicimos cuenta de que queríamos comprar un departamento para ingresar a un edificio. Mientras sacaba fotos como si fuera a comprarlo, pregunté si la persona a la que investigaba tenía un departamento allí. Otra vez me subí con mi hijo de seis meses a un remise, y fui a ver una casa en un country donde tiene propiedades un ministro. Me pasé el día mirando casas con la señora que las mostraba hasta que ella sola me confirmó –a modo de chisme– que la casa pertenecía al funcionario.

5. El periodismo es un oficio simple: se trata de contar historias. El tema es la forma, el cómo, y eso aún está en plena discusión. En mi caso, luego de haberme especializado en periodismo judicial y en temas de corrupción, hace tiempo empecé a involucrarme más en temas que puedan mostrar una matriz social. Un ejemplo es el caso de los narcos en Rosario, donde enfoqué la nota en relación con cuánto cambió la vida de la gente a partir de esa realidad.

Mariana Enríquez

Periodista especializada en cultura, es subeditora del suplemento Radar de Página/12 y novelista de ficción y de crónicas narrativas. Nació en Buenos Aires, en 1973. A los 21 años publicó su primer libro, Bajar es lo peor. En la redacción de Página/12 trabajó en un espacio lleno de escritores que la inspiraron, como Alan Pauls y Tomás Eloy Martínez. Cuando trabajaba en la sección Sociedad del mismo diario, un día le hizo una nota a un australiano que había recorrido África en bicicleta. En medio de la entrevista, él se levantó, le dio un beso y al tiempo se casaron. El año pasado publicó Alguien camina sobre tu tumba, una recopilación de visitas a cementerios del mundo que resignificó en forma de crónicas.

1. Tanto en mi forma de trabajar como en mi cabeza tengo separada la “parte periodista” de la “parte escritora”. En este momento tengo más acceso a la información y a los materiales que necesito, y eso me permite reinventarme en las dos partes. Cuando escribo, lo hago a partir de obsesiones personales. Ahora estoy por sacar un retrato de Silvina Ocampo.

2. Los grandes lugares de poder del periodismo todavía son ocupados por hombres y ellos son también quienes distribuyen esos lugares desde su rol de jefes. En el diario en el que trabajo, y por poner un ejemplo, hay solo dos jefas mujeres.

3. Me cuesta entrevistar; es una situación que me resulta incómoda. Recuerdo que sufrí mucho cuando entrevisté a Charly García para Rolling Stone. Él no estaba bien, me echó muchas veces, me la banqué, y ahí ganó el instinto periodístico de conseguir la nota y seguir. Me dejé llevar por las ganas de descubrir por qué un tipo como él es importante para tanta gente y pude lograrlo.

4. Creo que la revolución se está dando ahora y al cambio lo vamos a ver recién en unos años. Desde la Web puedo llegar a todos los datos y el contenido que quiero. Lo que se ganó es la accesibilidad. En mi caso, aunque trabaje en un diario –un medio gráfico apegado al papel– y en la radio –un medio muy tradicional–, para mí lo más natural es leer on-line.

Sonia Budassi

Es coeditora del sello de narrativa Tamarisco y colaboradora habitual de suplementos y revistas culturales. Es subeditora de Anfibia, una revista digital de textos periodísticos que intercalan el rigor periodístico, la mirada de un académico relevante en la cuestión, y formas ágiles y coloridas de narrar. Actualmente trabaja en su quinto libro: una crónica sobre el conflicto israelí-palestino. También es autora de los libros de crónicas Mujeres de Dios. Como viven hoy las monjas y religiosas en la Argentina y Apache. En busca de Carlos Tévez. Para este último tuvo que hacerse valiente y sumergirse en el mundo (masculino) del fútbol, el periodismo deportivo y otras peripecias. Nació en Bahía Blanca, en 1978, y, por ahora, no tiene hijos.

1. Veo cada vez más evidente la posibilidad de distinguirse y reinventarse para generar nuevas preguntas y reflexión. En Anfibia, por ejemplo, tratamos de narrar los conflictos que subyacen a la noticia de impacto. Un ejemplo fue el del abuso infantil que ocurrió en el jardín Tribilín de San Isidro en 2013. Mientras la mayoría hizo una cobertura amarillista del tema, nosotros nos preguntamos qué reflejaba ese caso de la contemporaneidad.

2. Desde luego que hay una cuestión de género. Los diarios siguen hablando de “crímenes pasionales” en lugar de “violencia de género” o “femicidio”. El machismo persiste en los medios y en la vida pública y privada. En la Argentina aún son pocas las mujeres que ocupan puestos jerárquicos en redacciones y editoriales ganando lo mismo que un hombre, y el cánon literario argentino y latinoamericano es falocéntrico.

3. Lo más ridículo que hice fue esconderme en un vestuario de jugadores de fútbol. Hacía un año que, por diferentes vías, intentaba una entrevista con Tévez y esa era mi última oportunidad. En un momento, con el grabador escondido, logre camuflarme con alguna esposa o novia que esperaba. Apenas salió Tévez lo abordé y le hice la nota. Desde el otro lado del vidrio me miraban los experimentados periodistas deportivos.

4. Me entusiasma que las plataformas digitales sean asequibles a más gente, porque esto genera nuevos medios y una mayor competencia, pero también veo que hay muchos blogs que exponen columnas de opinión y se autoproclaman como revistas periodísticas cuando no lo son.

5. Este momento del periodismo es ideal para la experimentación. Entre la potencia colaborativa que produce Internet y los procesos de edición, el saber se construye colectivamente.

ETIQUETAS mujer y trabajo periodismo

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