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Paola Marzotto, la condesa y fotógrafa italiana que advierte: “Nos hemos portado muy mal con el planeta”

Una charla con la reconocida artista visual italiana que después de visitar la Argentina para presentar su última muestra, comparte un mensaje de amor, unión y cuidado en pos de salvar la naturaleza.

Por María Eugenia Sidoti. Fotos: Paola Marzotto y Lorenzo Poli.

A los 68 años, ante el imponente paisaje de la Antártida, la fotógrafa italiana Paola Marzotto renovó su compromiso con el asombro. De madrugada, caminando por la cubierta del ARA Almirante Irízar con sigilo para no resbalar por el hielo, encontró en el silencio su aliado y en su cámara a una fiel compañera para retratar, una vez más, la belleza. Todo fue cuestión de detenerse a observar porque, a quienes aguardan con humildad, la naturaleza suele entregar con generosidad sus tesoros: amaneceres rosados, horizontes infinitos. De la experiencia nació una serie fotográfica que retrata una de esas maravillas que el cambio climático ha puesto en peligro. De eso, justamente, quiere hablar Paola. Del frágil latido de la vida. De un llamado que, asegura, debemos atender. 

“Somos embajadores de la Naturaleza”, cuenta en diálogo con Sophia desde Italia. Se refiere a Eye-V Gallery, el colectivo que creó en agosto de 2021. Una galería global y asociativa que organiza exposiciones y eventos culturales en distintos espacios y plataformas alrededor del mundo. Con el fin de impulsar una revolución cultural y ambiental, los artistas que la integran buscan mostrar a la Naturaleza como una gran madre o, en sus propias palabras, “como un bien superior que sustenta el futuro de la humanidad”. 

¿Qué le regaló a Paola su reciente experiencia a bordo de Irízar? “La posibilidad de hacer una pausa para ver y reflexionar”, comparte la artista, que viajó por primera vez a territorio antártico en 2020. Desde entonces, las ganas de volver hicieron que, al saber que el rompehielos de bandera argentina podía llevar una tripulación civil además de la militar, se anotara para ser parte de la misión. “Antes iba y venía por el mundo. Pero ahora trato de hacer pocos viajes para evitar la polución. Por eso me pareció que esta expedición era una buena oportunidad, una travesía menos contaminante”, se sincera. 

No quiere pecar de distraída. “El problema es que yo lo vi, vi lo que le estamos haciendo al planeta y las consecuencias que tiene, y eso me tiene angustiada. Por eso quiero sacar fotos, necesito una mejor manera de encarar el tema”. Aunque para ella el asunto es urgente, le apena que no lo sea para muchas personas de su edad: “Mis amigos no saben lo grave que es, y tampoco quieren escuchar hablar de eso. Prefieren pensar que van a volver a la ‘normalidad’ de los años 70, 80. Y yo les digo que no, que ese mundo ya se acabó, que no va a existir más. Fue muy invasivo todo lo que le hemos hecho a la tierra”, dice y se refiere al consumo extremo, a la explotación sin límites, a la falta de cuidado. “Nos hemos portado mal, todos, yo también”, reconoce con pena, sin perder de vista el florecimiento de una nueva generación más conectada y más atenta a los temas ambientales. 

Descendiente del conde Umberto Marzotto y de la diseñadora y gestora cultural Marta Marzotto, el destino hizo que Donna Paola recibiera el título de condesa. Fruto de su matrimonio con Don Carlo Ferdinando Borromeo tiene dos hijos, Carlo (diseñador industrial) y Beatrice Borromeo (periodista y licenciada en Derecho y Economía), casada con Pierre Casiraghi, uno de los hijos de la princesa Carolina de Mónaco.

Pero esos condimentos jamás definieron su vida. Buscadora incansable, empezó a trabajar a los dieciséis años como asistente de una fotógrafa que retrataba a artistas de la talla de la cantante y presentadora italiana Raffaella Carrà. Entre sus recuerdos, aparece uno que le saca una sonrisa: “Me arrodillaba una y otra vez para limpiar el camino blanco por donde Raffaella caminaba para las fotos”. También fue periodista, productora de televisión y empresaria de la moda, en una época en las que las mujeres que salían al ruedo no eran mayoría. “Entre mis amigas, las que trabajábamos  éramos solo tres. Pero a mí nunca se me ocurrió otra opción. Cuando era adolescente mi mamá me sacó el carnet de feminista de un grupo que creó junto a otras mujeres y, aunque no sé si el término ‘feminista’ me define, sí que creo profundamente en nuestra capacidad de hacer las cosas, de estar ahí, de ser comprometidas, de cuidar de otros”. 

Entonces aparece su abuela paterna: “Se llamaba Alma. Ella y mi abuelo eran campesinos muy pobres. Se fueron de la provincia de Reggio Emilia hasta Mortara. Al principio mi abuela fue obrera en la fábrica de mi abuelo, Gaetano Marzotto, quien lideró una industria textil familiar que tenía varias sucursales. Y después fue guardabarrera del ferrocarril. Vivía con la familia en una casita minúscula, en el campo”. De esa mujer humilde, defensora de la vida, heredó el espíritu de comunión con el entorno. “Me enseñaba todas las hierbas, sabía exactamente cuáles cosechar y cómo usarlas. Qué lástima que se haya perdido tanta sabiduría”. 

Para Paola, en este momento de crisis global, el ser humano está ávido de respuestas. “La civilización humana o el Antropoceno, como lo llaman, ya está en su apocalipsis. Todos tenemos preguntas y, si abrís los ojos, siempre encontrás las respuestas, porque la Naturaleza nunca deja de dártelas. ¿De dónde viene toda esa perfección? Cuando empezás a mirar, la conexión es profunda, el asombro es profundo, y aparece el respeto. Es verdad que cuando uno es joven siempre va apurado, vive en un microcosmos. Pero uno siempre puede elegir detenerse, contemplar. ¿Te das cuenta que respirás porque los árboles producen el oxígeno? Bueno, pero no toda la gente lo sabe”.

También pintora, hoy elige la fotografía, porque le permite una acción más rápida para plasmar todo eso que necesita contar. “Es fijar un momento de luz, ese instante en el que la Naturaleza tiene una enorme poesía: una neblina, una aurora, la lluvia, la noche, las estrellas. El desafío que he tomado es el de plasmar esa belleza a través de mi cámara sin Photoshop y sin filtros. Las fotos son, para mí, una forma de pintar esos paisajes y no quiero intermediarios”. 

Acercar luego esas imágenes a las personas forma parte de la gran responsabilidad que siente. “La Antártida es hermosa, pero también es un símbolo del drama, aunque nadie quiera creerlo. Da miedo saber que uno puede perder eso que tiene, eso que quiere, pero la mayoría no ve a la vida como algo suyo, de todos. Vivimos entre muros, nos alumbran lámparas. No nos sentimos parte del todo, estamos disociados: así como los hay en las redes sociales, también hay demasiados filtros entre nosotros y la Naturaleza, y eso nos impide sentir realmente todo lo que tendríamos que sentir”. 

Ella levanta su cámara, dispara. Un ejercicio que, a fuerza de perseverancia y fe, la convirtió en una activista serena. “No es una denuncia lo que hago, es una narración. No junto firmas, hago exposiciones. Intento convencer a la gente que me rodea de lo que estoy viendo. Busco, a través de mis fotos, que las personas se rindan ante esa flor o esa puesta de sol que se pierden por andar corriendo todo el tiempo. Ojalá lo logre, no lo sé. Soy activista, tengo reacción al trauma, no pienso huir del problema sin presentar batalla”, dirá al final de la charla. Su voz es suave, amable. Pero el mensaje está lleno de intención. Y sabe que, para tocar el corazón de las personas, sus imágenes valen más que las palabras.  

La muestra ARA Almirante Irízar, Misión a la Antártida es fruto del trabajo de los fotógrafos italianos Paola Marzotto y Lorenzo Poli. Para darle vida, Marzotto y Poli exploraron el paisaje antártico y la diversidad de experiencias vividas en el Irizar durante el verano de 2023. Esta inmersión total inspiró la exposición, que presenta 40 obras, 20 de cada artista, junto con 47 retratos realizados por Marzotto. La exhibición se puede recorrer hasta el 4 de junio de 2024, de 9:00 a 15:00h, en el Edificio Libertad, Comodoro Py 2055. 

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"Hay mucha belleza, verdad y amor a nuestro alrededor, pero pocas veces nos tomamos las cosas con la suficiente calma para apreciarlos".

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