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Origami: una chispa de magia que brota de un papel

La práctica de plegar papel tiene miles de años. En su sencillez e intención, se encuentra el secreto de su maravilla: crear un mundo de paz, amor y alegría.

Por Clementina Escalona Ronderos

El día que converso con Pao Okada puede precisarse de distintas maneras. Podría decir que fue un jueves 22 de agosto, o podría decir, siguiendo el antiguo calendario japonés, que fue el 22 del “mes de las hojas” (hazuki), o del “mes del viento de otoño” (akikazetsuki) o del “mes de la contemplación de la luna” (tsukimitsuki).

Para Pao —creadora del emprendimiento Kokoro, origami y etcéteras y madre de dos— quien vive hace 14 años en Japón, existen tres calendarios: el que cuelga de la pared, el de las estaciones y el del corazón. Me cuenta que los feriados en Japón no homenajean a personas o próceres, sino a la naturaleza y las estaciones: hay, por ejemplo, feriado por el día del mar y de la montaña. “El calendario te invita a seguir ese ritmo, acompañar a la naturaleza. Es una semilla que se planta desde chiquitos; cómo vas aprendiendo la vida y el año. Después tenés la elección de adulto de seguir honrando y celebrando eso que te hace brillar el corazón”, dice.

Algo de todo esto se deja ver en la práctica de origami. Algo de la sensibilidad, de lo simple. 

Paola Okada nació en Buenos Aires, Argentina, y reside en las afueras de Tokyo, Japón, hace 14 años. Desde chica adora plegar papel y actualmente es la cabeza del emprendimiento Kokoro, origami & etcéteras, donde se venden productos de confección artesanal. También da talleres de origami para todos los niveles. Descubrí sus maravillas en @kokoro_origamiyetc

“Para mí el origami es poesía con papel”, dice Pao mientras me muestra a través de la cámara tres figuras de origami distintas: una grulla, una estrella de varias puntas y un corazón. El origami para ella es la forma de honrar a la naturaleza, a la fuente del papel que es el árbol. Es la manera de expresar amor, o un buen deseo a otra persona. Es la posibilidad de crear mundos, de desplegar la imaginación, de regalarse a uno mismo un momento de paz. “El origami es habilitarse a la magia. Que un cuadradito de papel, poniendo intención, amor y atención, se pueda transformar en algo que tiene vida propia, es mágico”, dice Pao, quien repite, varias veces, que el plegado del papel se hace con intención y con amor. 

Fuente: gentileza Pao Okada

Origen del origami

Se cuenta, se cree y se difunde, que el arte de doblar papel empezó en China y llegó a Japón a principios del siglo seis, de la mano de los monjes. En ese entonces, el papel era un bien escaso y costoso, y solo las clases pudientes o los religiosos tenían acceso a él. El washi, un papel delgado aunque resistente, fue creado para la escritura de los sutras o textos sagrados y también para la realización de ofrendas. 

“Quedó ahora esa asociación del origami con lo espiritual y los templos. Y a la vez es algo muy cotidiano”, explica Pao. En los templos budistas o sintoístas en Japón, pueden encontrarse miles de figuras de papel. “Simbolizan un deseo de salud, de felicidad. Acompañan la vida cotidiana y los momentos felices. También se pliegan grullas cuando alguien está enfermo, por su salud. Es una forma de sumar fuerza e intención”. 

Hace tiempo que este arte no sólo se vincula al mundo religioso, sino que logró inmiscuirse también en las casas y las escuelas japonesas. “El origami acá en Japón está muy arraigado a la niñez, como un juego. En el jardín de infantes los chicos hacen origami desde que son muy chiquitos. Es como una manera de expresión”, comparte Pao. Entre adultos, es común regalar figuras de papel para los casamientos, las graduaciones y las comuniones. También suelen adherirse a un sobre con dinero, un regalo habitual en Japón para este tipo de ocasiones. 

Fuente: gentileza Pao Okada

El origen de la palabra puede entenderse en dos partes: oru (doblar) y kami (papel). Esta simple práctica tiene valiosos beneficios, como aliviar el sentimiento de soledad, reducir la depresión y el estrés y aumentar la autoconfianza. 

Pao, quien dicta talleres de origami online, nota los sutiles y poderosos efectos que tiene esta actividad. “Se les enciende una lucecita interna”, dice al describir a quienes se conectan con el papel. En cuanto a las técnicas más modernas, que validan el uso de pegamento y cortes para armar las figuras (el origami tradicional sólo permite dobleces), ella piensa que mientras sean funcionales a la expresión creativa de cada persona, son válidas. 

El origami funciona como un lenguaje propio, amoroso y libre; como una manera de ver el mundo. Así lo concibe Pao, quien invita a darle rienda suelta a la creatividad y a que las emociones estén presentes sin barreras. 

Una grulla por la paz

Cuentan que en el año 1945, cuando se realizó la primera prueba de detonación de la bomba atómica en Estados Unidos, Robert Oppenheimer, físico nuclear y figura clave en el desarrollo de la bomba, dijo —citando al libro sagrado Bhagavad Gita—, “Ahora me he convertido en la Muerte, la destructora de mundos”.

Ese mismo año, Sadako Sasaki tenía apenas dos años de edad y, mientras iniciaba su infancia, en paralelo contraía su muerte. La bomba efectivamente explotó en la ciudad de Hiroshima, Japón, y diez años después, a raíz de las radiaciones tóxicas absorbidas de pequeña, Sadako murió de leucemia.

La historia conmovió tanto a la escritora estadounidense-canadiense Eleanor Corr, que la convirtió en un libro para niños. Sadako y las mil grullas de papel se publicó en 1977 y cuenta cómo, durante los meses en que estuvo en el hospital, Sadako se dedicó a armar lo que hoy constituye un símbolo de paz universal: grullas de papel

“He encontrado una forma de que te cures’ dice Chizuko a su mejor amiga Sadako, y corta un cuadrado de papel dorado que dobla hasta formar una preciosa grulla. “’¿Recuerdas la antigua historia de la grulla? Si una persona enferma hace mil grullas de papel, los dioses escucharán su ruego y se curará’”.

Fuente: gentileza Pao Okada

Sadako llegó a hacer 644 grullas con papel de bambú, envoltorios de medicamentos y papeles de diario. Hoy podemos encontrar estatuas de Sadako adornadas con estos pájaros de papel en el Parque de la Paz de Seattle, Estados Unidos, y en el Monumento a la Paz de los Niños en Hiroshima. “Se pueden enviar desde cualquier parte del mundo, desde colegios, fundaciones, o personalmente, sumando fuerza al deseo de paz” explica Pao. Cada tanto, las grullas son recicladas y convertidas en diferentes objetos como señaladores, manteniendo así un ciclo de renovación continua del deseo mundial.

Detrás de la práctica del origami hay un significativo y poderoso gesto por la paz. Hay un silencio que grita que paremos con las armas y las guerras. Hay un vuelo invisible que busca la libertad de la humanidad. Hay una búsqueda por la hermandad y la armonía con la naturaleza. 

Cuando termina la entrevista, alzo la vista y parece que el mundo entero fuera hecho de origami: el árbol, las paredes, los libros, mis manos… piezas de geometrías perfectas, de singularidad, colores y vida propia. 

Intención y amor, repitió Pao. Intención y amor, repito yo, mientras vuelvo a casa. 

¿Querés participar del taller que brindará Paola Okada para Círculo Sophia el próximo 26 de julio a las 18:30h? Suscribite a nuestra membresía digital haciendo clic acá: circulosophia.com/membresia

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