Tu vulnerabilidad, tu fortaleza - Sophia Online

OPINIÓN

Tu vulnerabilidad, tu fortaleza

Virginia Gawel/ La vida como camino

Aunque por momentos nos sintamos fragmentados, rotos, la inmensidad de lo sagrado nos ofrece esa ventana a través de la cual podemos ver el gran misterio de la vida, para zambullirnos en él.

  • Comentar

«No eres una gota en el océano, eres todo el océano en una gota»
Rumi

No estás roto. Cuando el dolor nos atravesó con sus lanzas, sus martillos y sus dagas, puede que nos pensemos como si fuéramos del reino de la materia. Pero no: no lo somos. Tu cuerpo lo es, el mío. Pero lo más hondo de ti, de mí, no lo es. Aunque la vida te haya dejado esquirlas de amores deshechos, astillas de pérdidas, espinas de fracasos, escombros de tus derrumbes. Aun así: no estás roto. Déjame explicarte…

Esto es lo que quiero decirte: somos frágiles en una región superficial de nuestra psique. Puede parecernos profunda pero, comparado con eso sobre lo que quiero hoy hablarte, es superficial. Aunque allí estén tus traumas más antiguos, tus mandatos, tus conflictos, creencias que te maniatan en los momentos menos pensados… Allí los hechos dejan sus marcas, y es nuestro imperativo vital hacer algo con ellas. Pues sí, como si fuera un abono que, bajo procedimientos intencionales y transformadores, puede transmutarse en la germinación de lo lúcido.

Pero no estás roto. No estás roto. A veces nos pensamos como si fuéramos del reino de la materia. Y cuidar tu cuerpo, tus cosas personales, tus espacios, —todos pertenecientes al reino de la materia—, también es importante, sí. Pero no te confundas: eso es tuyo, pero no eres eso.

Lo diré tan claramente como pueda, pues no hay maestría en mí: sólo evidencias. Ni siquiera un credo que me sostenga: evidencias.

Tu Esencia, tu Sí Mismo (cómo le llamaba Carl G. Jung), no pertenece al reino de la materia, aunque obra sobre él. En el budismo zen se le llama «lo Nonato», y significa que lo que nació cuando naciste es el cuerpo y lo que morirá cuando mueras será tu cuerpo. Pero lo que anima a tu cuerpo existe en un plano muy diferente del impermanente reino de la materia y del tiempo. Es indestructible, permanente ante la impermanencia.

Tiene un conocimiento no aprendido que a veces nos susurra para darnos consejo, inspiración, consuelo. En el hinduismo también se le llama Atman:  la porción del Todo (Brahman) en mí, en ti. Esto implica que lo que sentimos como “adentro” es uno con lo que llamamos “afuera”: un “afuera” que abarcaría todas las galaxias y más allá. Es Uno con todo lo que existe. Por eso el contacto con esa hondura tuya, mía, nuestra, ha sido llamado “experiencia de Unicidad”. No es una idea: es una experiencia. Pero conocer el concepto tal vez te resulte útil.

Jiddu Krishnamurti —reacio a cualquier doctrina— le llamó simplemente Eso. Lo que no está ni adentro ni afuera, sino que es Uno (pero que necesitamos percibir su frontera para transitar la experiencia humana). Dice en sus diarios: «En el silencio de la mente, cuando no hay movimiento de pensamiento, está Eso, lo sagrado, lo inefable, lo que no puede ser tocado por el tiempo.» Y también: «Cuando la mente está completamente quieta, libre de todo conocimiento y memoria, entonces Eso, lo sagrado, está presente, no como una idea, sino como una realidad viviente.» Y hay algo importante al respecto: señalaba que eso no puede ser captado sino por experiencia directa. No por el intelecto, no por la deducción ni la definición. Es inefable, lo cual significa etimológicamente que “no se puede hablar de eso, no se lo puede poner en palabras”, es una vivencia. Volvamos a Krishamurti: «La inmensidad de lo sagrado no puede ser contenida por el pensamiento; es Eso que vive y se manifiesta cuando el ‘yo’ no está».

¿Entonces? Entonces, ¿cómo vas a estar roto? ¿Cómo vas a estar abollado, desgarrado, destruido?

Es como si fueran dos círculos concéntricos. El de la periferia representaría nuestra mente condicionada, nuestra personalidad, los mecanismos que aprendimos para poder sobrevivir en la experiencia humana. El del centro sería tu Sí Mismo, tu Atman. Y la tarea —desafiante y compleja, pero abrumadoramente simple—, es así: saltar desde nuestra periferia hacia nuestro centro, traslocarnos, como si ese círculo interno fuera un lago y nuestra periferia tuviese un trampolín.

A veces, la vida nos da un empujoncito, inclusive a través de sucesos perturbadores (que nos hacen autopercibirnos como desmoronados) y no sabemos cómo, pero de pronto estamos nadando en aguas desconocidas y a la vez hondamente familiares. Y no es posible ahogarse, porque es Agua Viva. Allí es donde han saltado místicos de todos los tiempos. También gente “rara” que está a tu alrededor, pero que no encaja en el mundo liso y llano. De esa agua bebieron muchas de las personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte (ECM) y pudieron volver: se bendijeron en el lago luminoso, y es posible que hayan traído el perfume de su luminiscencia, cambiándoles la vida y la perspectiva que tenían sobre sí mismos y sobre la realidad. Tal vez algo de esa agua clara te esté salpicando amablemente ahora, al leer estas palabras que refrescan tu memoria esencial…

Pero, ¿qué se puede hacer cuando uno se siente separado de lo más profundo de sí? Al menos, saber que eso está, puede hacer ya una enorme diferencia. A veces, en ese estado de desconexión, puede que se perciba el mundo como si fuera un desierto. Pero, como decía el Principito, «Lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en algún lugar». Ese lugar es tu centro. Y beber de esa agua nos convierte en camellos que beben de sí mismos (que es por ello que tienen su joroba: colectan allí el agua y, a medida que atraviesan las arenas, es esa agua la que les hace posible el camino.)

Y un día, estando sentados a la orilla y sin saber cómo encontrar ese pozo añorado, de pronto nos quedamos quietos, orantes, desprovistos de toda pretensión: simplemente disponibles. Y, en vez de estar agitados por hallar ese “lago del centro», es el Agua Viva la que viene a buscarnos, la que nos empapa con su pureza, la que nos embebe por su propia decisión, regándonos las mejores semillas. Volviendo a Krishnamurti: «Cuando la mente está completamente quieta, libre de todo conocimiento y memoria, entonces Eso, lo sagrado, está presente, no como una idea, sino como una realidad viviente.»

Siéntate a la orilla de tu lago. Te lo garantizo: no estás roto. Ni siquiera cuando te vayas muriendo lo estarás. Deja que se aquiete todo el ruido que el Sistema ha percutido dentro tuyo. Pide ayuda: no hay por qué poder solos cuando así nos sentimos. Espera. Respira. Mantente poroso. Y cuando ese Agua Viva vaya subiendo desde tus raíces, ya sabrás de qué se trata. Y lo sabrás para siempre.

COMENTARIOS

nottt - BANNER footer_mobile -
-->
Mes de la Madre Mes de la Madre