¿Quieren guerra? Tendrán paz - Sophia Online

OPINIÓN

¿Quieren guerra? Tendrán paz

Cristina Miguens / Punto de vista
Foto: Gentileza Gobierno de Catamarca

Una reflexión sobre la ausencia del canciller argentino en Roma, durante el acto por los 40 años del Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile. Un desacierto que revela la continuidad del viejo paradigma del patriarcado.

Corría el año 1978 y los gobiernos militares de Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet alistaban sus tropas en ambos lados de la cordillera. Largas filas de camiones con soldados y armamentos atravesaban el país al son de los tambores de guerra. El conflicto limítrofe entre ambos estados se centraba en la disputa por la soberanía de las islas Picton, Nueva y Lennox, ubicadas entre los océanos Atlántico y Pacífico, luego de que el gobierno militar argentino rechazara el laudo arbitral británico. 

Fue en ese contexto que la Iglesia convocó a la tercera Peregrinación de la Juventud a Luján bajo el lema “Madre, aquí tienes a tus hijos”, en una clara referencia al mensaje de Jesús en la cruz, cuando ve a su madre y junto a ella al discípulo que amaba, y le dice a su madre «Mujer, aquí tienes a tu hijo» y al discípulo «Aquí tienes a tu madre”, según consta en el Evangelio de Juan (19, 25-27).

Yo no había ido nunca a una peregrinación, pero esa vez sentí la fuerte necesidad de hacerlo. Un día antes, convoqué a dos amigas y nos sumamos al grupo de mi parroquia. Sin preparación física alguna, munida de un rosario, unos caramelos para los calambres y, para peor, ¡en alpargatas!, partí desde Liniers para encarar los más de 50 kilómetros que distan de la Basílica. El espíritu de alegría y concordia que soplaba era muy fuerte, pero se hizo sentir aún más cuando un grupo de jóvenes chilenos, envueltos en una enorme bandera de su país que atravesaba toda la RN7, nos alcanzaron en el camino. Nos abrazamos efusivamente, emocionados hasta las lágrimas, cantamos —algunos bailaban— y caminamos juntos varios kilómetros, hasta que ellos siguieron a un paso más veloz. Inolvidable. Llegué a la Basílica de Luján después de caminar 20 horas, extenuada y con los pies hechos una sola ampolla, pero feliz. Había dado mi testimonio. 

Las crónicas del momento dijeron que fuimos un millón los peregrinos, número más que abrumador en tiempos sin tecnología ni redes sociales. Comprobamos que la fe mueve montañas, porque fue a partir de esa peregrinación que surgió la mediación del Papa Juan Pablo II cuyo enviado, el cardenal Antonio Samoré, inició el proceso de paz que culminó seis años después con el Tratado de Paz y Amistad firmado el 29 de noviembre de 1984 y del que se cumplen 40 años esta semana.

Será porque me siento una protagonista anónima de ese millón de jóvenes que participamos de esa gesta histórica por la paz, que estoy tan indignada con la decisión del presidente Javier Milei de no enviar al canciller Gerardo Werthein —ni tampoco al vicecanciller Bustamante— a la ceremonia conmemorativa del tratado, que se celebró el lunes en Roma. Las razones que adujo el canciller fueron las discrepancias ideológicas que surgieron entre el presidente Milei y su par chileno Gabriel Boric durante las recientes reuniones del G20 en Brasil. 

Tal vez Milei no recuerde que antes de firmarse ese tratado el entonces presidente Raúl Alfonsín convocó a un plebiscito no vinculante el 25 de noviembre de 1984, cuyo resultado favorable fue de más del 81% de los votos. Los gobiernos militares querían la guerra, los pueblos votamos la paz. ¿Con qué autoridad moral el presidente Milei se atribuye la representación de la historia común, para priorizar su mirada política actual y sus conflictos ideológicos con el presidente chileno, por encima de la voluntad de millones de argentinos que hace 40 años eligieron la paz y dieron un ejemplo de espiritualidad en medio de una época de extrema violencia en Latinoamérica? 

Este año se inauguró en Catamarca, una imagen de la Virgen del Valle que es la más alta del mundo: mide 52,42 metros y supera en tamaño al Cristo Redentor de Río de Janeiro

La violencia del Patriarcado

El paradigma del Patriarcado es la hegemonía (y la prepotencia) del poder, la ley del más fuerte y de él derivan el sometimiento a las mujeres, el ansia de dominación al más débil y su consecuencia, los conflictos y las guerras, desde hace más de 4500 años. Por otra parte, el paradigma ancestral del Matriarcado —que rigió desde 30.000 a.C. hasta 2500 a.C.— es la Vida misma; un espíritu femenino de la fertilidad y la armonía, que con sabiduría promueve valores como la justicia, la unidad y la paz. 

Hace poco leí que un miembro de la barra de Boca, amenazando a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich por su política de tribunas seguras en los partidos de fútbol, declaró que con gusto irá a la guerra contra ella: “Me gusta más la guerra que entrar a la cancha”. Sencilla y elocuente declaración del patriarcado. Les gusta la guerra. A los Videla y los Pinochet, los Hitler y los Stalin del siglo pasado, pero también a los patriarcas del poder actual, en la Argentina y en el mundo. La guerra es un “deporte” masculino.

Prueba de ello fue el reciente lanzamiento de la agrupación “Fuerzas del cielo”, constituida por varones jóvenes autodenominados la “guardia pretoriana” y el “brazo armado” de Milei, con un lenguaje y una estética fascista y militar, propia del siniestro siglo XX. Ese espíritu beligerante que sobrevuela el planeta y logra encarnar en los dictadores oficiales y sucedáneos manifiesta el decadente Patriarcado. Hoy hay 49 conflictos armados en el mundo, según una fuente diplomática. 

Para llegar hasta la capilla hay que recorrer un sendero que mide aproximadamente 6 kilómetros y está ubicado sobre la ruta provincial N°4.

Crisis de paradigma

La crisis de civilización es evidente, porque cada vez es más visible el desequilibrio de la psique colectiva. El poder como principio masculino absoluto no encuentra su límite natural, su contrapeso, que es el principio femenino: la sabiduría y la justicia. La consciencia colectiva está unilateralizada, sumida en este espíritu patriarcal materialista y guerrero, que celebra los conflictos y hasta disfruta de las confrontaciones, inclusive en el fútbol. Aun en este zeitgeist, muchos varones que ya cruzaron la mitad de la vida eligen encarnar el arquetipo del “padre” y alejarse del violento y prepotente “patriarca”. Ven a la mujer como compañera y no como objeto sexual o trofeo de guerra. Se trata de la evolución de la consciencia.

La humanidad simbólicamente está huérfana de su Madre, la diosa ancestral de la Sabiduría, la que cuidaba de “sus hijos” y la vida de toda la Creación e impartía justicia a reyes y faraones. Hoy, como aquel día de 1978 en Luján, otro espíritu también sopla en la Argentina de la mano de las mujeres, madres por naturaleza, tejedoras de los vínculos y de la paz, inspiradas en la imagen arquetípica de la Madre divina. Símbolo de este nuevo tiempo es la reciente inauguración de la majestuosa Virgen del Valle de Catamarca, la imagen más alta del mundo, en plena cordillera.     

Las mitologías coinciden en que la diosa ancestral ejerce su soberanía sobre los tres reinos: el inframundo, el mundo terrenal y el celestial, porque ella controla el ciclo de la vida y administra la justicia universal para instaurar la paz. Los entusiastas y beligerantes varones de LLA que se atribuyen la titularidad de las fuerzas del cielo, encarnando al dios guerrero como un juego, no deberían olvidar que el deseo de pacificación y unidad también es un poderoso arquetipo de la consciencia. Llega un tiempo nuevo, el de la sabiduría. ¿Quieren guerra? Tendrán paz. 

Fotos: Gentileza Turismo Provincia de Catamarca

5 COMENTARIOS

  1. Excelente! Ellos quieren guerra. Tendrán paz. No hay fuerza más grande que el amor ni voluntad más fuerte que la de miles de conciencias unidas al unísono de paz y hermandad.

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