4 de octubre de 2024
Con esta frase Gisèle (me niego a identificarla con su apellido de casada) insistió frente al tribunal que juzga a Dominique Pelicot (por haberla drogado y entregado para que 80 varones la violaran), para que se habilitara a la prensa a estar presente cuando se proyectaran los videos que fueron hallados en la computadora de su exmarido, “para que la vergüenza cambie de bando”.
Además de celebrar su coraje y su entereza —aunque por dentro Gisèle declara estar “rota”— la frase me lleva a hacer una pregunta obvia: ¿cuánto falta? ¿Cuánta mas violencia contra las mujeres hace falta para que los varones se hagan cargo y sientan vergüenza?
Soy hija de una pionera del feminismo, la cineasta María Luisa Bemberg, de cuya muerte están por cumplirse 30 años. Una vez me contó haber conversado con un varón norteamericano del ámbito de la cultura, quien le dijo, textualmente: “Mirá, María Luisa. El día en que los varones tomemos conciencia de brutal daño que históricamente les hemos hecho a las mujeres, no nos va a alcanzar la vida para pedirles perdón”.
Pasaron 30 años. Las mujeres siguen siendo discriminadas, golpeadas, violadas, abusadas, asesinadas, traficadas, humilladas, esclavas-botín de guerras, torturadas y criminalizadas por no usar un velo en la cabeza, privadas de estudiar o de alzar la voz en público, obligadas a abortar por sus parejas o arrojadas a los chanchos…
Pasaron 30 años. Las mujeres seguimos esperando que la vergüenza cambie de bando y que los varones nos pidan perdón. Ya es tiempo.
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