Los arquetipos de nuestra historia personal - Sophia Online

OPINIÓN

Los arquetipos de nuestra historia personal

Adriana Amado/ Pensar en red

Las historias que nos contamos tienen el poder de darle un sentido y una narrativa heorica a nuestra vida. El psicólogo y astrólogo Juan Carlos Gómez nos revela por qué son tan importantes.

Los seres humanos estamos llenos de historias. Historias que contamos. Que nos contamos. Esas historias, de alguna manera, encarnan historias de otras personas en nuestra propia historia. Pero parece que esas infinitas historias pueden resumirse en media docena de argumentos.

Un estudio que analizó más de mil trescientos libros del Proyecto Gutenberg, en su mayoría historias de ficción, detectó seis arcos emocionales: ‘De pobreza a riqueza’ (ascenso); ‘De la riqueza a la miseria’ (caída); ‘Hombre en un agujero’ (caída-ascenso); ‘Ícaro’ (ascenso-caída); ‘Cenicienta’ (subida-bajada-subida); ‘Edipo’ (caída-subida-caída).

Cualquiera ha experimentado alguno de esos avatares que cuentan los cuentos. Muchos de nosotros, más de una vez. Por eso es tan calmante verlas reflejadas en las historias y mitos que nos ayudan a comprender los ciclos humanos. Desde su canal de YouTube, Juan Carlos Gómez se ocupa de estos temas desde una perspectiva psicológica y astrológica. Como intérprete de estas cuestiones, le propuse compartir una charla sobre estos arquetipos que aparecen en las historias. Del video que registra nuestro encuentro, tomo algunas reflexiones para ahondar en un análisis muy rico sobre la búsqueda ancestral de una explicación para nuestra historia, entre tantas otras historias.

Su primera reflexión se dirigió a los arquetipos: “Lo arquetípico es una forma que tenemos los analistas junguianos de determinar funciones humanas que son como moldes; que existen en ese imaginario que llamamos inconsciente colectivo”.

La popularidad de la astrología en estos días tiene mucho que ver con el devenir de los arquetipos, que van cambiando de roles según se mueven los astros. La antigüedad griega y romana los llamaba dioses; la literatura, personajes; la astrología, planetas. “Lo que hace la astrología es referenciarlos, como lo hacían los antiguos griegos y romanos, con los planetas, que son las estrellas peregrinas del cielo. Los antiguos unían esos puntos y los constelaban para hacer historias. Y esas historias también son modelos humanos”, señala Juan Carlos. 

Esos arquetipos son los que usan el arte y la literatura para expresar ideas. Venus persiste desde antes de que Boticelli la pintara como parámetro de la belleza y el amor. Saturno, devorador de hijos, como pintó Goya, representa el paso implacable del tiempo. Zeus o Júpiter representa al dios del Olimpo, protector de los hombres y gran benefactor, que encarnan los superhéroes de las películas de Marvel.

En este tema, Gómez remite a los mitos y a Joseph Campbell “con un libro que se llama el Monomito, donde precisamente lo que hace es decir que toda historia de la mitología o de las nuevas novelas o de las nuevas películas tiene un proceso en el que el héroe nace, primero, de un ser mitad dios y mitad terrestre. La historia del héroe arranca casi siempre con una tragedia, con una situación compleja”. 

El sentido de esa historia universal es ayudar a entender. Dice Gómez que “Ojalá nosotros, como seres humanos, pudiéramos entender que cada una de nuestras tragedias y nuestras desgracias es la convocatoria y el llamado del héroe, a que desarrollemos virtudes y talentos que de otra forma no podríamos ni siquiera acercarnos”. 

En sus charlas virtuales, Gómez remite muchas veces a la psicología de Carl G. Jung, que incorpora los arquetipos a partir de sus viajes a los Estados Unidos donde conoce a los navajos. A través de su contacto con el gran chamán de la tribu y de conocer sus rituales, comenta, “él empieza a conocer y a reconocer que sus mitos están totalmente vivos y activos a diferencia del hombre occidental, que al perder el contacto con el mito perdió su camino. El mito puede llegar a rescatarnos y redimir una conciencia individual”. 

Esta perspectiva mitológica fue recuperada por Liz Greene, psicóloga e historiadora, que tuvo acceso a los documentos de Jung y escribió dos libros donde menciona el camino de Jung en la astrología: cómo la aprendió, sus maestros y orígenes de esta búsqueda. Gómez menciona que gracias a su trabajo descubrimos que Jung realizaba cartas natales para sus pacientes y familiares, asistido por su hija. “Es precioso saber que Jung, un luminar tan importante, incluyó la astrología en sus análisis y escritos, dejando un legado significativo”, describe.

Desde la mirada que combina astrología con psicología, Gómez menciona que esa época coincide con el ciclo del planeta Neptuno que empezó a transitar por Aries hace 164 años, como volverá hacerlo en 2025. Entonces hubo un cambio en la forma de aproximarse al misterio, que pasó “de los chamanes, los sacerdotes, los religiosos, a la psicología, que empezó a manejar el misterio a través de Charcot, Freud, Jung”. Él los define como místicos también en tanto capaces de utilizar las energías no visibles y hacer algo con ellas.

No en vano recuerda que el símbolo de Neptuno en el lenguaje astrológico es la letra Psi (Ψ), cuyo signo es un tridente como el que porta el dios griego de los mares. Gómez dice que para los griegos representaba el alma humana que, cuando moría el ser humano, salía en forma de mariposa. Esa letra representa el planeta Neptuno, símbolo del misterio, y está presente en la palabra psique, que proviene del griego alma, y que la psicología tomó como el eje de lo que estudia y sana. Según los movimientos celestes, en el 2026 hay una nueva entrada de Neptuno en Aries luego de una retrogradación, en conjunción con Saturno. Para Gómez, “sin duda alguna está marcando el inicio de otra etapa, así como la tuvimos a finales de 1800, principios de 1900, con la psicología. Yo esperaría a que la astrología tuviera un mayor énfasis un poco más científico, menos show, más estructura psíquica, más herramientas para analizar los mundos invisibles, más mística”. 

En los últimos tiempos la astrología salió de los horóscopos del diario, inventados muchas veces desde la redacción, para estar presente en múltiples expresiones en las plataformas. Hay gran cantidad de divulgadores con éxito, gracias a su enfoque humanista y contenedor en tiempos un tanto alterados.

Esa búsqueda de explicaciones, para Gómez se basa en que “todos somos tan únicos y especiales, que a veces nos sentimos mal porque como seres humanos tenemos un recuerdo atávico, genético de la vulnerabilidad. Si no agradamos a mamá y a papá tenemos el peligro de perecer, porque no nos van a cuidar. Entonces, inconscientemente, tratamos de acomodar nuestros procesos de individualidad”. En este punto, la psique es distinta a la biología, porque, según ejemplifica Gómez, los lobos nacen entre lobos, pero los seres humanos podemos nacer tanto en una familia de lobos como de ovejas.

Frente a esa vulnerabilidad activa que todos tenemos, “algunas personas se quedan en el proceso de victimización, buscando culpables de lo que les ha sucedido en la vida. Pero en lugar de quedarnos buscando culpables, lo que podríamos hacer, más bien, es empezar a desarrollar las características del héroe”.

La fascinación que ejercen las historias del cine, de las series, de la astrología tiene que ver con esa proyección que hacemos de nuestras historias. Los superhéroes aparecieron en la cultura popular después de la Gran Depresión y renovaron su presencia en las guerras del siglo pasado, tanto como relanzan sus versiones en los conflictos de este. A su vez, el arte también interpreta los signos del inconsciente colectivo. Una película como La forma del agua (2017, Guillermo del Toro) es un exponente estético del paso de Neptuno por Piscis del que hablaba antes Juan Carlos Gómez. Esa criatura horrorosa, pero a la vez tierna, condensa esa metáfora de la inmensidad que aterra pero también contiene como el océano.

“Lo más precioso de una película del cine o de un libro, de una novela, es la identificación que puedo tener con el personaje central. En el cine se apaga la luz, es decir, se apaga la conciencia de mi yo individual y me transporto en una proyección donde empiezo a ser uno con los personajes. Es más, la película es mejor en la medida en que llore o me ría con el personaje. Esto es algo muy importante para la psique humana”, reflexiona Gómez. Pero nuestra vida también tiene una historia y “si nosotros no hacemos una narrativa de nuestra propia vida, si no tiene un inicio, un clímax, un desenlace y, después, otro reinicio en nuestra vida, terminamos proyectándola siempre en novelas, en cine, en arte”. 

Cada vez que tomamos conciencia de esa historia y la ponemos en nuestra propia secuencia, de pronto se nos hace claro que las cosas ocurrieron en el orden que debían ocurrir, aunque en sus momentos nos parecía injusto. También podemos tomar conciencia de que la persona que nos dejó, permitió encuentros posteriores de más afinidad. O un cambio de carrera necesitó que pasáramos primero por la que abandonamos. 

“Cuando logro hacer esa narrativa, encuentro un sentido, una teleología”, dice. “Es tan fácil ver nuestra historia en una narrativa de Netflix pero es tan difícil verla en la vida propia que, cuando lo logramos, cuando corremos un poco el velo y nos vemos también como en tercera persona, como la proyección del cine, nos llenamos de significado y nos llenamos de alegría. Encontramos el milagro de amanecer día a día para ver otro capítulo más de esta historia”.

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