Beatriz Leveratto, astróloga: “Hay un nuevo clima de época y es nuestra responsabilidad hacernos más conscientes” - Sophia Online

OPINIÓN

Beatriz Leveratto, astróloga: “Hay un nuevo clima de época y es nuestra responsabilidad hacernos más conscientes”

Adriana Amado/ Pensar en red

La directora de Consideral, una de las escuelas de astrología y tarot más reconocidas de la Argentina, comparte su visión sobre lo que viene: los desafíos que nos propone el cielo y cómo tomar una dimensión mayor del lugar que ocupamos en el cosmos.

En los últimos años la astrología se convirtió en un tema de conversación. Muchas cuentas de redes sociales aprovechan ese interés y comentan las características de los signos o advierten sobre los tránsitos planetarios. Beatriz Leveratto empezó a divulgar astrología mucho antes de que existieran las redes. Desde 1999 estudia y enseña astrología y tarot en Consideral, un espacio que comparte con Alejandro Lodi, con quien publicó varios libros, además de una docena de títulos propios. El último de ellos es Carta natal y revolución solar exprés (Kier), gestado desde ese espíritu divulgador de la autora, escrito para que cualquiera pudiera entender de qué se trata este lenguaje simbólico.

—Tengo la impresión de que se habla más de astrología últimamente. ¿Cómo lo ves desde tu experiencia?

—Hay una cosa más masiva, lo que me parece súper positivo. Voy a cumplir 26 años dando clases en mi escuela y ahora hay muchos más alumnos. Con esta posibilidad que da la tecnología de hacer clases online, puede estudiar gente de cualquier lado que está empezando a interesarse por la astrología. Algunos arrancan medio desconfiados, preguntándose dónde se metieron. Pero, a lo largo de los meses, se van activando y poniendo contentos. Porque la buena astrología nos vuelve a nuestra esencia, nos recuerda lo que siempre sospechamos que éramos y tal vez no nos animábamos a ser, quizás porque no nos parecía correcto. Uno trata de que lo quieran, de acomodarse, de estar en las estructuras que la sociedad dice que son las correctas, y muchas veces las cartas natales son mucho más complejas, vanguardistas, contradictorias. Entonces, la buena astrología siempre hace bien, es sanadora, nos vitaliza. Por otro lado, así como hay más gente que conoce algo de astrología, también es algo que da para generar expectativas, como cuando hay una alineación o eclipses, que está buenísimo, pero no es algo que diga que se va a terminar el mundo. Hay, también, mucha información bastante superficial, que no suma.

—Los detractores dicen que no hay tal cosa como una corriente energética desde los planetas, pero tu definición habla de la astrología como un lenguaje simbólico. ¿Qué diferencia hay entre este enfoque y quienes esperan que algún planeta les cambie la vida? 

—Hay climas astrológicos como ahora, que el planeta Saturno está en Piscis, por ingresar a Aries el 25 de mayo de 2025, y se va a encontrar con Neptuno en febrero de 2026. Este tránsito tiene que ver con un nuevo clima de época, una nueva humanidad. Pero tiene que ver más con cómo uno responde al momento. Osho decía que nuestro único pecado es la falta de conciencia, nuestra única falta es no ser conscientes. La astrología nos ayuda mucho a estar más conscientes. Entonces, ante determinado clima que puede estar anunciando el astrólogo cada persona, desde su conexión interna, su responsabilidad, puede dar una respuesta diferente a las cosas que van anunciando los diferentes movimientos planetarios.

—Esa perspectiva también ayuda a tomar conciencia de nuestra pequeñez y a mirar con humildad el lugar que tenemos frente a la inmensidad de la luna llena o la belleza de Venus cerca de Saturno.

—Esa consciencia de pequeñez, de ser más humus, ese estar en contacto con que somos pedacitos de tierra, lejos de lo que uno podría pensar, nos hace más felices. Hace poco, en una trasmisión en vivo dije algo así como “nuestras pequeñas viditas” y alguien comentó que se sentía ofendido. Pero sí, son nuestras pequeñas viditas. Cuanto más ofenda esa idea, más evidencia de que hay un ego que va a sufrir mucho. Cuanto más esperamos reconocimiento y éxito, peor la pasamos. Nuestra pequeñez es la clave que nos da la astrología y también es la clave para tener vidas un poco más armónicas.

—De hecho, más allá de la religión que tengamos o los lenguajes simbólicos con que contemos las vivencias, sabemos que estamos atravesando tiempos de cambio. ¿Cuánto de esa observación del universo nos habla de eso?

—Hay varios planetas que no podemos ver sin telescopio. Si uno sabe mirar, se pueden reconocer en el cielo hasta Saturno. Más allá están Urano, Neptuno y Plutón, que se llaman planetas transpersonales porque generan movimientos o desafíos a la personalidad. Estos planetas están muy lejos del sol, por lo que tienen órbitas muy extensas. Urano está siete años en cada signo y el 4 de julio del 2025 va a salir de Tauro para ingresar en Géminis. Por su parte, Neptuno está entre doce y trece años en cada signo y acaba de pasar de Piscis a Aries, un tránsito que comenzó el 30 de marzo. Todo planeta que ingresa en Aries inicia algo nuevo porque es el primer signo del Zodíaco. Entonces Neptuno, el planeta de la sensibilidad, de la resonancia, de la conciencia universal, empieza ahora un nuevo ciclo, una nueva temporada. Un poco de observación histórica nos dice que la última vez que Neptuno ingresó en Aries fue a mitad del siglo XIX, cuando la humanidad empezaba a comprender que había que abolir la esclavitud, a tomar conciencia de que el otro es un ser humano. Veremos qué nos trae este nuevo ciclo de contacto con lo sensible, lo empático, lo universal. Hay un montón de formas de esclavitud todavía vigentes. Hemos avanzado, pero me parece que se viene una nueva etapa en relación a cuán amorosos y sensibles somos al dolor del otro. No está garantizado que respondamos bien, pero va a haber experiencias que nos desafíen a empatizar y después veremos cómo respondemos a eso.

—¿Cuánto de esta empatía con los demás y la posibilidad tecnológica de conectar con gente que no conocemos tiene que ver con la era de Acuario? 

—Además de Urano y Neptuno, entre los transpersonales está Plutón, que tiene un ciclo de doscientos cincuenta años. En noviembre de 2024 Plutón ingresó en Acuario. La última vez que había estado en ese signo fue hace dos siglos y medio, en el tiempo de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial. Plutón es el planeta que simboliza el poder, la intensidad, la capacidad de responder, y en Acuario está en el signo más universal, más comunitario. Aparece algo de descentralizar el poder que en la Revolución Francesa fue literal. La vez anterior, hace cinco siglos, fue la revolución copernicana que trajo la idea de que no somos el centro del universo, sino un planeta más que gira alrededor del sol. Obviamente estoy eligiendo cosas para ilustrar de manera muy simple que se viene un tiempo de descentralización del poder. No sabemos qué va a pasar con las redes o la inteligencia artificial, pero claramente estamos muchísimo más conectados y creo que todavía no nos damos del todo cuenta del poder que da eso. Más allá de que creas o no en esa configuración celeste, esta correlación que hubo entre estos movimientos y eventos mundiales tan trascendentes también es un ejercicio muy enriquecedor.

—Tu libro se llama Carta natal y revolución solar exprés y si hay algo que define a Urano es la rapidez, ¿cuánto de esa celeridad aplica a esta era de Acuario?

—En principio, lo exprés tiene que ver con simplificar la carta natal. Todavía hay una idea extendida entre quienes no saben astrología de que es muy difícil o que hay que saber matemática, como en la época en que la carta se calculaba artesanalmente. Ahora hay un montón de programas que hacen el dibujo de tu carta natal. El gran desafío, lo que yo enseño, es a interpretar ese dibujo en el que aparecen todos los planetas, según en qué signo y en qué casa estaban cuando cada persona nació. Y cómo entramos en contacto con esa gran partitura celestial que ejecuta ese director de orquesta que es nuestra conciencia. No hay cartas natales buenas o malas, así como no hay partituras buenas o malas. Hay más complejas, que habrá que ensayar mucho más, y más simples. Lo que el libro propone es comprender los tres tonos más fuertes de la melodía de nuestra vida: el sol, la luna y el ascendente (ver abajo).

 

Además de dar cursos de astrología, Beatriz Leveratto es profesora de tarot.

 

—¿Qué les dirías a los escépticos que subestiman la astrología?

—Pareciera que lo esotérico, el contacto con lo espiritual, es el tabú de esta época. Más allá de las religiones dogmáticas encerradas, todavía hay una sombra sobre lo espiritual y el conocimiento del cosmos. Ya hace más de un siglo que Sigmund Freud dijo que había un inconsciente individual y que Carl Jung habló de un inconsciente colectivo. Esta forma de entender la carta natal y de aprender astrología nos lleva a una sensación de que hay un inconsciente cósmico, que no somos los únicos con inquietudes espirituales. Hay algo en esta gran partitura. Energéticamente, las estrellas están hablando. Hay algo que resuena por ahí. Me parece muy interesante la frase que dice ¿cómo puede ser que le tengamos miedo a las brujas y no a aquellos que las quemaron vivas?

—Mencionabas la revolución copernicana de hace cinco siglos, que recuerda que además de quemar brujas, quemaron a Giordano Bruno por plantear las bases del sistema solar que luego condenó también a Copérnico. Luego demostraron tener base científica. ¿No está pasando algo de eso ahora que la neurociencia empieza a dar explicaciones de las cuestiones energéticas?

—La astrología es un saber que ha sobrevivido por siglos, incluso a todas las quemas de brujas. Y cada vez está más activa y vigente. A los escépticos les preguntaría qué eran los tres reyes magos.

—En la cabalgata que se organiza en Madrid por el día de Reyes, un niño entrevistado dijo que eran astrólogos y la periodista rápidamente, desde la corrección política, le dijo que eran astrónomos. Y eran las dos cosas.

—¡Exactamente! En esa época eran tanto astrólogos como astrónomos. Seguir el movimiento de una estrella o un planeta para encontrar un evento en la Tierra, como la posible conjunción de Júpiter y Saturno que representaría la famosa estrella de Belén, es precisamente lo que hace la astrología. De hecho, el 6 de enero se celebra el Día del Astrólogo, lo cual muestra cómo la astrología nos atraviesa por todos lados.

Es muy llamativo que todavía haya tanta resistencia a este saber esotérico. Creo que es tan potente porque nos libera de mediadores en el contacto con lo divino. Ya no necesitaríamos curas, iglesias ni rabinos porque la astrología nos religa con nuestro sentido estelar. Tal vez hay mucho miedo a toda la potencia sanadora y a la información de sentido de vida que tiene la astrología para dar.

—Me parece que esa mirada está muy ajena a la divulgación que tuvo hasta ahora la astrología.

—Con los periodistas estoy en un enojo continuo. Siguen llamando a la astróloga para que les diga qué les va a pasar a los de Tauro. Eso sí que no es serio. Es muy contradictorio, porque cuando das el “horóscopo”, insultás mi inteligencia. Hay tanto bueno para contar. Se pueden trabajar cartas natales de famosos, cartas de países, vínculos entre un signo y el otro. No sé, hay tanto para hacer. Por eso no entiendo por qué no le dan más espacio a la astrología.

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere conectarse con este lenguaje?

—Un par de cosas. En principio, que no crean en los horóscopos. Es evidente que a todos los Aries no les va a pasar lo mismo. Eso no es astrología. Si les interesa algo de astrología, o empezar a aprender, sugiero que comiencen con algún libro con información que no sea de esos “qué les va a pasar a los Aries en 2025”, porque son una mentira. Ya démoslo por descartado. Por otro lado, me parece que cualquiera que se adentró un poquito en un taller, en un curso de astrología, en general después es como que tiene un virus que no lo abandona. Seguro que encuentran ahí algo de una consciencia que empieza a decir: “Oh, acá hay información que revela algo de mí, que me vuelve a mi esencia, que me hace bien”. Quien se haya metido en la astrología seguro le pasó eso. Cuando la gente me dice: “Yo no creo en la astrología”, yo respondo que no es una religión en la que creer. Es un lenguaje, un lenguaje musical, esotérico. Un lenguaje simbólico que entendés o no. Nadie va a decir yo no creo en el ruso. A lo sumo dirán que no comprendo ruso. Por eso el consejo es empezar a aprender, a meterte. No digas “no creo” en un lenguaje que no comprendés.

 

 

Entender los tonos de la melodía de la vida: sol, luna y ascendente**

El sol: la expresión El signo solar es lo que más conocemos por surge de la fecha de nacimiento. El signo solar es lo que somos y expresamos. Pero no todos los de Leo son iguales, porque a ese signo se le agrega la combinación de la Luna y el Ascendente, más allá del resto de configuraciones de planetas. Esa lectura de las posiciones en la carta requiere una mirada más técnica pero conocer dónde están la Luna y el ascendente es sencillo y aporta mucha información

La luna: la emoción La luna, que cambia cada dos días y medio de signo, es el astro más cercano a la Tierra. El signo donde está nuestra luna representa la cercanía materna, el útero que nos albergó para que encarnáramos. Conociendo la luna, comprendemos nuestra matriz emocional, porque hemos sido simbióticos en el cuerpo de nuestra madre y dependientes de su alimento, no solo comida sino también alimento emocional y psíquico. Ahí se inscribió un primer signo que cada uno activó para sobrevivir y ser amado.

El ascendente: el aprendizaje El signo ascendente es lo que venimos a aprender durante la vida o a padecer por destino. El signo ascendente no remite a un cuerpo físico como la luna y el sol. Es el signo que se mostraba en el este, que aparecía en el horizonte en el momento que respiramos por primera vez. Se mostrará desde esa primera jornada de vida y durante la vida se irá revelando a nuestra conciencia. Será como nuestro GPS existencial, hacia dónde conducirán los caminos de la vida. Descubrir el destino que marca el signo del ascendente es muy revelador porque se irá descubriendo según la persona responde a las escenas de destino.

 

**Hay muchas páginas web que permiten calcular la carta natal ingresando la fecha, hora y lugar de nacimiento. Una de ellas es astro.com, a través de la opción “Horóscopos gratuitos”. Del gráfico resultante sólo hace falta ver en qué signo está la Luna y en cuál empieza la rueda, que es la sección marcada con el número 1.

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