2026, una convocatoria a la inteligencia natural - Sophia Online

OPINIÓN

2026, una convocatoria a la inteligencia natural

Sergio Sinay/ La dimensión humana

Frente al deslumbramiento que muchos sienten ante la IA, el autor de esta columna se pregunta por el valor del pensamiento crítico, la imaginación y el discernimiento.

En las últimas semanas de 2025 una de las redes sociales de perfil más serio, no orientado hacia el entretenimiento, sino hacia cuestiones laborales y profesionales, enviaba la siguiente pregunta a sus usuarios: ¿qué podemos esperar de la inteligencia artificial en 2026? Este interrogante hubiera sido imposible antes de 2022.

Hasta ese año, salvo en circuitos muy acotados y especializados del universo tecnológico, no se hablaba de inteligencia artificial y los ciudadanos de a pie y los usuarios de internet y de redes no la tenían en sus radares ni sabían de ella. En solo tres años este fenómeno tecnológico explotó al punto que millones de personas en el mundo tienen hoy la sensación (¿o convicción?) consciente o inconsciente de que sin inteligencia artificial les sería casi imposible vivir.

La usan para trabajar, para comunicarse, para tomar decisiones financieras, laborales, profesionales, para planificar viajes, para decidir sobre cuestiones de su vida cotidiana, para escribir y hasta para pensar. Como la humedad, como el agua de las inundaciones y como ciertas enfermedades de desarrollo silencioso que se apoderan del organismo sin disparar síntomas, la inteligencia artificial se ha infiltrado en la vida de los humanos del siglo XXI y se instaló, con o sin invitación, como un huésped inevitable de sus vidas.

Al parecer indispensable y necesaria para dar cualquier paso en cualquier orden de la existencia su presencia se naturalizó al punto en que millones de sus usuarios (o fans) parecen haber olvidado que había vida antes de la inteligencia artificial (e incluso también antes de internet), y que solía ser en muchos casos una vida feliz, productiva, en la que abundaban la creatividad, los desafíos existenciales estimulantes, los vínculos persona a persona, las metas individuales y colectivas, la capacidad de pensar por cuenta propia, de recordar, de imaginar.

Si se piensa bien, con autonomía, se advertirá que todos los grandes pasos evolutivos que le permitieron a la Humanidad en primer lugar subsistir, y a partir de ello desarrollar sus mejores capacidades y logros en todos los órdenes (el arte, la ciencia, la organización social, las culturas y civilizaciones), fueron fruto de la inteligencia natural existente en los miembros de la especie.

Ante un altar de pantallas

En un inquietante proceso involutivo legiones de humanos se rinden hoy (es decir, rinden sus recursos y capacidades naturales) ante la inteligencia artificial y la adoran en sus altares tecnológicos con forma de pantallas, como las tribus primitivas adoraban a dioses por cuyos orígenes no se preguntaban y frente a los cuales abandonaban su propia inteligencia, sus propias ideas, sus propias exploraciones del ancho y profundo campo de la vida.

Ante los dioses, la sumisión, la obediencia, la idolatría sin cuestionamiento. Y anatema al no creyente, al insumiso. Quien cuestione hoy los usos peligrosos, espurios y riesgosos para el planeta y para la humanidad de la inteligencia artificial será considerado, obsoleto, obtuso, retardatario y peligroso. Hoy y siempre el pensamiento crítico fue y será peligroso.

Lo cierto es que la inteligencia artificial no es un dios proveniente de una eternidad inaccesible. Es una creación humana que, como toda herramienta tecnológica, puede tener aplicaciones útiles siempre y cuando se destine a necesidades específicas y que mejoren la experiencia existencial de la especie, de sus individuos y de su hábitat, o, en manos de los mismos humanos que la crean y usan, puede resultar disfuncional, tóxica, peligrosa y letal para la misma especie.

Eso no lo decide la inteligencia artificial, de la misma manera que los dioses no deciden la vida de las personas. Son elecciones que los humanos hacen bajo su propia responsabilidad y a cuyas consecuencias deben atenerse. El humano es la única criatura responsable, lo quiera o no.

Cerebros en receso

El célebre Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, su sigla en inglés) realizó recientemente un estudio con usuarios de inteligencia artificial y registró, entre otras, estas evidencias: el 83 % de los usuarios de Chat GPT no pudo recordar ni una frase de lo que había escrito pocos minutos después de haberlo hecho. Quienes escribieron sin IA, sí recordaban. El cerebro se apaga: la actividad neuronal cayó un 47 % al usar IA. Incluso después de dejarla, sus cerebros seguían poco activos. No es solo dependencia: es atrofia cognitiva. Los escritos eran vacíos: los textos fueron descritos como “sin alma” y “robóticos”. La productividad de la IA es engañosa: Chat GPT te hace 60 % más rápido, pero reduce en 32 % el esfuerzo mental necesario para aprender.

Aunque se la presenta como algo complejo, el principio en que se basa la inteligencia artificial es simple: se trata de la recopilación de todo lo que los humanos (con su inteligencia natural, real) han producido sobre un determinado tema a lo largo del tiempo, se hace con ello una especie de licuado y, a gran velocidad y sin ningún tipo de verificación que registre errores, contradicciones o plagios, se lo presenta como una respuesta propia del “dios” tecnológico. Lo que las personas piensan, imaginan, sueñan, temen, aspiran, sufren o sienten en el orden emocional, afectivo, espiritual y psíquico no puede ser registrado ni apresado por la herramienta que tanto a deslumbra a tantos.

De manera que la pregunta acerca de qué podemos esperar de la inteligencia artificial en 2026 (posiblemente escrita por un algoritmo), tiene respuestas que están fuera del alcance de este artilugio. La inteligencia artificial no puede hacer que haya paz en el mundo, que dejen de aumentar los femicidios, que más de 1.400 millones de personas en el planeta no padezcan hambre, que el 90% de la riqueza que produce la Humanidad deje de ir a las manos y los bolsillos de un 10% de sus habitantes, que cese la expoliación de la naturaleza (al contrario, es abrumadora la cantidad de recursos energéticos que se consumen de manera depredadora para el funcionamiento de la IA y los Bit Coin).

Son solo algunas de las muchas cosas que no podrá hacer y que dependen únicamente de nosotros, los humanos, de nuestra capacidad de pensar, de realizar, de comprender, de empatizar, de sentir compasión y tener decisión. Para ello es necesario dejar de adorar falsos dioses y poner los pies, el cuerpo y el alma aquí, en la Tierra.

1 COMENTARIOS

  1. TREMENDA reflexión!!!!! Sergio Sinay como siempre, nos haces pensar y no dejarnos llevar por la marea….
    GRACIAS por esto! Los “pro” y los “contra” de este avance/retroceso según como lo utilicemos🙏🏼🙏🏼🙏🏼

EXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOSEXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOS

Necesitás registrarte para realizar comentarios

REGISTRARME

¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN

nottt - BANNER footer_mobile -
-->
Mes de la Madre Mes de la Madre