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Solidaridad

16 noviembre, 2021

Jetsun Pema: la mujer que se animó a plantar las semillas del futuro

Creada hace más de cinco décadas, la organización Tibetan Children Villages les da a los chicos del Tíbet la posibilidad de abrir sus alas al mundo, gracias a la educación, el amor y el respeto por sus tradiciones. 


Foto: World’s Children’s Prize

En una pequeña aldea al norte de la India, justo al sur de los Himalayas, Jetsun Pema, de 81 años, agradece haber pasado más de cuatro décadas al frente de una organización que educa a chicos huérfanos o refugiados tibetanos para que crezcan en un marco de amor y contención. Allí, los chicos rescatan los valores de su cultura y aprenden lo necesario para salir al mundo. 

Ella también salió del Tíbet, donde nació, para estudiar en la ciudad de Darjeeling, en la India, justo antes de la invasión china que obligó a sus compatriotas a migrar masivamente a ese país, en 1959. 

La Misión de Aldeas Infantiles Tibetanas (TCV), una organización caritativa integrada, es garantizar que todos los niños tibetanos bajo su cuidado reciban una educación sólida, una identidad cultural firme y se conviertan en miembros independientes y contribuyentes de la comunidad tibetana y del mundo en grande.

Cuando dejó el Tíbet, Jetsun tenía sólo 10 años y llevaba consigo el recuerdo de los años felices de su infancia, en los que iba con sus hermanos de picnic y disfrutaban de los días de verano. Esas imágenes quedaron grabadas en su memoria y la acompañaron mientras estudiaba en la India y Europa. “Fui educada por las monjas católicas –en el Convento de Loretto en Darjeeling– y en 1961 viajé a Suiza y a Inglaterra para continuar mi formación. Durante los años que estuve en el extranjero, sentía en el pecho una gran preocupación por el destino de mi pueblo y me prometí que cuando volviera a la India, iba a dedicarme a ayudar a los más necesitados de mi país, sobre todo a los niños huérfanos”. Y cumplió con su palabra.

 

Foto: Tibetan Children’s Village (TCV). 

Jetsun Pema nació en Lhasa, Tíbet, el 7 de julio de 1940 y partió hacia la India en 1950. Luego de estudiar en el Convento de San José en Kalimpong, completó su último año en Cambridge en 1960. En 1961 se mudó a Suiza y luego violvió a Inglaterra para seguir con sus estudios. Regresó a la India en abril de 1964 y a instancias de su hermano mayor, el decimocuarto Dalai Lama, se convirtió en presidenta de las Aldeas Infantiles Tibetanas (TCV), ocupando el cargo durante más de 42 años hasta su jubilación. En 1997 publicó el libro Tibet: My Story, que inspiró la película Siete años en el Tíbet, que fue protagonizada por Brad Pitt y se filmó en distintas locaciones de Argentina. 

Esta sabia anciana de sonrisa bondadosa, que saluda con las manos juntas realizando un mudra que expresa compasión y calidez, fundó Tibetan Children Villages (TCV), una organización que trabaja en distintas aldeas en las que viven chicos tibetanos, que para ella son hijos y nietos de la vida. En los ojitos y en las capacidades de cada uno de esos niños, Jetsun encontró siempre esperanza e ilusiones que se empeñó en estimular para que la cultura tibetana pueda preservarse, y para que ellos puedan nutrirse, a su vez, de las posibilidades que les ofrece el mundo occidental, para salir de situaciones de vulnerabilidad. 

“El desafío para los niños de hoy es adaptar la sabiduría y la tradición tibetana al mundo moderno, y preservar nuestra identidad”, explica Jetsun. Ella, que con los años pasó de ser la Ama La a la Mola (madre y abuela en tibetano) de los chicos de las aldeas, también crio tres hijos propios junto con su esposo. De su mano muchos de esos niños, que ya son adultos, sueñan, como decía John Lennon en su canción Imagina, con que el mundo se convierta por fin en un lugar sin fronteras ni odios o religiones que nos separen a unos de otros. “En este mundo globalizado –dice Pema– todos tenemos una interresponsabilidad universal. Ya no se puede afirmar más que el mundo está fragmentado y sin conexión entre sí.

“El desafío para los niños de hoy es adaptar la sabiduría y la tradición tibetana al mundo moderno, y preservar nuestra identidad”. Jetsun Pema

Todo es interdependiente: lo que pasa en la Argentina afecta a Brasil, lo que pasa en Sudamérica afecta a Europa. No hay otra alternativa que buscar la forma de desarrollar una armonía sin divisiones de naciones o de religiones de ningún tipo. “Hay muchas personas en los países occidentales –explica Jetsun– que no han perdido su tierra y que están abiertas a la influencia de las distintas tradiciones y culturas que pueden conocer. El mundo se ha vuelto interdependiente y todo lo que ayude a lograr una mayor comprensión entre las distintas culturas va a posibilitar la paz y la armonía”.

En las aldeas de la organización Tibetan Children Villages, los chicos viven en hogares, asisten a escuelas y tienen acceso a centros de cuidado y capacitación vocacional. En el lugar, también hay hogares para los ancianos, ya que la comunidad presta especial atención al legado de abuelos y bisabuelos. Ya hay varias generaciones de tibetanos que se formaron en estas aldeas y que eligen que sus hijos se eduquen allí, en un ambiente que respeta los valores de su cultura y adopta sistemas educativos occidentales. Ejemplo de esto es que en las escuelas se introdujo el método Montessori, que incentiva la espontaneidad y el autodesarrollo de los niños a partir de sus capacidades innatas.

Fotos: Tibetan Children’s Village (TCV).

“Es importante crear las condiciones para que los niños se sientan seguros y queridos. Ellos tienen que sentir que hay alguien que los cuida y los ama porque eso genera una mejor predisposición en ellos para aprender. Si entre los 5 y los 16 años los niños incorporan una autodisciplina y ciertos valores morales fundamentales, más tarde, cuando salen al mundo, lo hacen como personas preparadas, con un criterio propio para elegir”, comparte la creadora de organización cuyo trabajo se lleva adelante a través de la amabilidad y la generosidad de las personas. 

Jetsun Pema sabe de lo que habla porque ella misma recibió una educación que le permitió abrir sus alas. Ahora, luego de más de cuarenta años de estar al lado de niños y adolescentes, sabe que el amor, la espiritualidad y la reafirmación de las propias raíces son los alimentos fundamentales para poder desarrollarse. Por eso, está en paz: su legado continúa con alegría, con los rezos, canciones y celebraciones tibetanas, pero también con las costumbres modernas que hoy permiten que los chicos del Tíbet puedan mirar hacia el futuro.

La organización Tibetan Children Villages trabaja en aldeas ubicadas en la India, al sur de los Himalayas. Allí, los chicos viven en hogares y se educan con sistemas occidentales, como el método Montessori, que se utiliza en las escuelas. Al mismo tiempo, aprenden y preservan los valores de la cultura tibetana. Varias generaciones de profesionales que trabajan en el mundo en distintas disciplinas se formaron en estos centros. Más información: tcv.org.in

ETIQUETAS educación respeto solidaridad tibet tradiciones

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