19 de julio de 2023
1. Facundo
Sea rubio. De blanco, casi celeste. No es fundamental. No es necesario. Pero es lo que resalta y lo poco que sabemos. Sea, entonces, eso. Siéntese en el banco de un colegio en el que usted y los otros están por primera vez. Sea, como todos, nuevo. Tímido. Impenetrable. Sea “El Rubio”. Esté incómodo con el apodo elemental. Soporte, al lado suyo, al chico que le pusieron. Morocho, pecoso. Que ese chico sea nada para usted. Algo impuesto. Ruido. Que ese chico le cuente todo junto, se atropelle en preguntas, le exhiba sus gustos como un vendedor que, en la playa, despliega su tela con artesanías horribles armadas sin gracia. Diga que a usted le gustan ciertas otras cosas. Responda con timidez al entusiasmo, pero parezca calmo. Deje que se confunda el pudor con suficiencia. Haga que el que está a su lado se pregunte si no debería cambiar, no debería ser otro mejor para poder alcanzar la altura de esa amistad nueva. En esos días primeros de la adolescencia, con ese otro, crezca. Comparta la abulia y el entusiasmo. Prueben las noches torpes, las chicas crueles, equivóquense. Descubran esa forma de la vida que es estar solos y ser nuevos. Avancen. Lado a lado, en un banco de escuela que se mueve y flota y va dejándose llevar por un río bravo. Sea el amigo compañero.
2. Ivanna
Escriba cartas. Aunque hayan inventado ya el teléfono, el e-mail, formas de comunicación más prácticas e inmediatas. Aunque viva a una hora de tren de su amigo, escríbale en papeles, guarde en sobres, ciérrelos con la lengua, vaya al correo, mándelos. En las cartas hable poco de usted, más que otra cosa, pregunte, cuente lo que hay a su alrededor, lo que de la vida entiende poco y la sorprende, comparta. Encuéntrese con su amigo en esquinas, en bares y ocasiones específicas. De las cartas, no digan nada, como si fuera ese el diálogo de otros ajenos. Puedan hablar entre ustedes solo de lo que con otros no. Un día váyase. Esté de verdad lejos y ya no escriba. A veces, cuando el amigo llame, del otro lado del océano aparezca, diga, sin mentir: “Justo estaba pensando en vos”. Sea la amiga de otra parte.
3. Guido
Imposte una formalidad. Conozca a su amigo en un contexto absurdo de reglas impuestas. Pongamos, por caso, una entrevista laboral. Mienta virtudes y defectos, enumere estudios, capacidades que crea pertinentes. Al rato, ríase. Desentiéndase del rol. Comprenda que ese que está ahí, como usted, está obligado. Con los días iguales, vaya y almuerce, cruce miradas, establezca códigos. Sonría y escuche. De las reuniones, saque solamente el chiste, la anécdota. Entréguense, juntos, a la indolencia y la vagancia. Sepa que ese trabajo, como todos, no va a durar siempre, pero sí, la amistad. Cuando pueda, renuncie. Cuando el otro renuncie también, juntos, festejen. Recuerden siempre esos días aburridos y opacos como los más luminosos. Recuerden ese tiempo que los otros quisieron usar para otros fines prácticos como el territorio en el que floreció su amistad. Sea el amigo irresponsable.
4. Flora
Diga, sin sabiduría, sin adivinaciones mágicas, cómo va a ser el futuro. Con afecto, ayude a transitar, asegure que eso no va a pasar así; sea suficiente: “No, ese no va a ser el amor que tengas para la vida que sigue. No esa chica de quince años que ahora te parece todo. Van a tener que pasarte otras muchas cosas”. Sea la hermana de la novia de su amigo. Sea un personaje, en apariencia, secundario, prescindible. Y, sin embargo, cuando el enamoramiento se haya ido, cuando las circunstancias que predijo se cumplan, esté ahí. Haga lo que hace una amiga en su función más básica: quédese. Sea, para su amigo, lo que sigue estando. A veces, encuéntrense en sus nuevas circunstancias: en fiestas y noches largas, con hijos, ya, con otras vidas que siguen compartiendo. Después de verse, dígase: “Tenemos que vernos más”. Nunca lo cumplan. Sea la amiga inesperada.
5. Sebastián
Sobre todo, maneje. Atorado en el tránsito, piense en asuntos diversos. Advierta que algunos, sobre todo los más imbricados, los menos prácticos, solo pueden ser compartidos con un amigo. Convierta en palabras eso que llena su cabeza, grabe y envíe. Divague y reciba del otro, también, vaguedades. Plantee problemas sin solución, proposiciones retóricas. Diga, por ejemplo: “No termino de encontrar un motivo firme para que exista de este modo el Parque Rivadavia”, o también: “Vivo en un estado de febrícula constante, un malestar. ¿Soy yo o los cuerpos ya no vienen como antes?”. Escuche: “En todo caso, siempre es más necesario un parque que un cuerpo”. Entienda la amistad como un respiro en el embotellamiento. Una charla sobre nada. Una forma de abandonar, por arriba, el laberinto de la vida cotidiana. Sea el amigo neurótico.

Foto: Pexels.
6. Paola
Equivóquese. En vez de decir el nombre de su amigo futuro, diga otro. En lugar de saber qué hace y quiere, suponga, invente. Sepa tejer, con la madeja de la confusión, el abrigo de un vínculo. Conozca al amigo futuro por un tema práctico y derive en digresiones. Supongamos, un encuentro formal en una feria para fijar las coordenadas de una publicación. Usted edita, él escribe. El desencuentro es, casi, inevitable. Así que, siéntese en un café y deje a un costado la pila de papeles y formularios que exige un vínculo de roles. Vaya más que nada al chisme, a la indignación común, a la crítica de los otros. Sin darse cuenta, estén en otra. Que esa otra, sea la suya. Preséntense gente querida. Compartan lo que tienen. A una edad en la que se sugiere que lo nuevo ya no pasa, que las amistades ya están hechas, nieguen. Dejen que pase. Cuando retomen la charla abandonada, editora y escritor, puedan mejor y sin fricciones, ser sin protocolo, lo que son ustedes. Sea la amiga nueva.
7. Pablo y Diego
Sea mellizo. Uno sea. Y sea el otro. No sea igual, idéntico, pero vaya junto y al lado. Sea dos.Tenga un primo unos años menor y, a dos voces, introduzca en él sorpresa y conocimiento. Dígale los nombres de los miedos: Pesadilla, Martes 13, El Exorcista; simulando redobles y riff en el aire, muéstrele la música épica: KISS, Black Sabbath, Iron Maiden. Enseñe a ir por el barrio, a usar una bicicleta, a querer y odiar a su parte idéntica, a ser hermano. Haga del primo un amigo, un mediador, un juez entre ustedes. Que sea el que decida quién ganó la carrera, quién hizo el mejor dibujo, quién ofreció la historia más tenebrosa, la canción más vuela cabezas. Sea dos. El uno y el otro. Permítale decir al primo, al amigo, cuando esté entre los otros más grandes, en los lugares habitados ya por la pubertad y la adolescencia: “Yo estoy con ellos”. Sea el amigo doble.
8. Bruno
Ríase. Con una boca ancha y llena de dientes chiquitos. Como si fuera la infancia algo que durara siempre, tenga esa risotada de azúcar y cereal, de chicles en caja. Sea el estruendo, los ojos irritados, la palma de la mano golpeando el muslo. Al amigo señálele lo que del mundo usted destaca y mira para divertirse. Una palabra complicada, el modo de mover las manos de un profesor, el sinsentido de una propaganda. Arme con él un estante en el que ubiquen las cosas que siempre van a volver a mirar para estar seguros de que no todo tiembla, ni se cae, ni se gasta, ni se acaba, ni queda viejo. Arme una repisa llena de carcajadas compartidas. Sea el amigo risa.

*Santiago Craig nació en Buenos Aires en 1978. En 2010 publicó su primer libro de relatos El enemigo. Ganó premios tanto en poesía como en narrativa y sus textos han sido incluidos en diversas antologías. Sus libros fueron traducidos al francés y al portugués. Actualmente escribe para distintos medios y dicta talleres de escritura.
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