9 de abril de 2025
La revolución respecto del lugar de las mujeres en el mundo no sólo implicó poner en cuestionamiento alguno de los paradigmas socioculturales que las involucran, también tuvo un impacto en la comunidad en su conjunto, lo que comprende, naturalmente, a los hombres.
Las llamadas “nuevas masculinidades” emergieron como respuesta a los diversos movimientos femeninos por el propio devenir de las reivindicaciones y por la transformación global que supuso que las carencias, limitaciones o presiones que soportaban los hombres, también producto del patriarcado, se hicieran más evidentes.
Bell Hooks (Estados Unidos, 1952-2021) fue una prolífica escritora que se dedicó a trabajar los temas de género. Primero abordó la problemática femenina y luego incluyó la masculina. En uno de sus múltiples libros, El deseo de cambiar. Hombres, masculinidad y amor (Bellaterra, 2021), asegura: “Si bien muchas mujeres estamos enardecidas con el modo en que los hombres en general han manejado las cosas, es indispensable que primero aprendamos sobre el sistema del patriarcado y que en este proceso tomemos conciencia de cómo los hombres también se han visto perjudicados, y abordemos esto juntos. Hay mucho que aprender”.
La periodista del Washington Post, Christine Emba, ha profundizado en sus ensayos sobre los nuevos roles y desafíos que este nuevo tiempo trae consigo. “Los hombres están perdidos —dice—, ahora contamos con relevamientos concretos que muestran que los varones atraviesan una verdadera crisis. El mundo todo se ha dado vuelta. Podemos notarlo en nuestros propios ambientes. La estructura social y laboral, la economía, la familia… Todo ha cambiado de manera significativa en las últimas tres o cuatro décadas. Esto necesariamente modifica el modo en que encajamos en el mundo. Lo que también ocurre a los varones. Muchos enfatizan la necesidad de empatía, carácter y autoexamen, sugiriendo que los cambios sociales han dejado a algunos hombres luchando por encontrar su lugar”, señala.
Roles que se redefinen, esquemas que se resquebrajan, nuevas formas que emergen. En este contexto, decenas de grupos de varones aparecieron como un espacio común de encuentro y debate. ¿La búsqueda? Compartir inquietudes y trabajar los nuevos focos de incertidumbre que declaran los varones. El Instituto de Masculinidades y Cambio Social nació en Argentina en 2018 como un espacio que reúne a activistas, académicos y militantes de trayectorias y recorridos diversos. Surgió en medio del auge de los movimientos de mujeres y feminismos y de interpelación pública a los varones. «El objetivo es incidir en las políticas e iniciativas de trabajo con varones —explica uno de sus conductores, Nicolas Pontaquarto—, promoviendo por un lado iniciativas de igualdad de género y por otro lado, estrategias no punitivas para abordar las violencias de género”.
Fundación Ilusión Viril nació en Chile, también en 2018. Se lanzó como una plataforma digital para prevenir la violencia de género y promover masculinidades igualitarias, “un modo de invitar a los hombres a jugar un rol activo frente al machismo”, explica Pedro Uribe Roncalo, psicólogo y director de la entidad.
La Fundación trabaja en tres ejes. El primero está dedicado a la educación o la formación con charlas, talleres, consultorías y capacitaciones; cuenta con un diplomado internacional en perspectiva de género y masculinidades. El segundo es el trabajo en salud mental. El tercero es la reeducación y apunta a trabajar con hombres y acompañarlos en el desarrollo de habilidades socioafectivas: “Eso no es más que mejorar la comunicación, empatía, capacidad de escucha, reflexión y poder cuestionarse en qué medida estamos muchas veces ejerciendo violencia a otros, otras y, por supuesto, a nosotros mismos”, afirma Uribe Roncalo.
Una mirada similar ofrece la entidad que integra Pontaquarto. “Trabajamos en espacios de taller o de rondas de varones —cuenta—. Pero allí ya encontramos el primer problema: ¿cómo hacer que se acerquen, que participen, que quieran venir? Deseamos que entiendan que un taller de masculinidades no es una invitación a retarlos, a señalar sus errores, ni autoflagelarse, sino que es un espacio para dar lugar a la palabra y también para entrenar la escucha».

Guillermo Augusto Vilaseca, por su parte, preside Varones.com.ar, un sitio que se propone como “un abanico de perspectivas”. Creó la idea en los años 80, cuando estaba empezando en la profesión y le pareció que la psicología masculina no estaba siendo tenida en cuenta en los consultorios. Hoy el espacio se propone como un lugar y un tiempo donde compartir inquietudes, reflexiones, experiencias y observaciones de la vida cotidiana contemporánea sobre el ser varón. “Apostamos a crear un clima inclusivo y de respeto por la opinión de los otros. La idea es sumar aportes que nos ayuden a ampliar las perspectivas y los sesgos. Intentamos transitar un camino para percibir las mejores posibilidades para cada uno”, señala.
Los hombres también cuidamos es un proyecto que lidera el counselor Diego Pins. Los grupos de papás nacieron hace 6 años, como otro proyecto que se llamó Paternando y fue el antecedente del actual. “Trabajamos en la paternidad que nos atraviesa en todos los sentidos, pero también de un modo más amplio pensando el rol del varón como cuidador de otros: además de a sus hijos, a su pareja, a sus padres, a sus hermanos e incluso a sus amigos”, explica Pins. Pero no queda ahí, también proponen el concepto de autocuidado, teniendo en cuenta que “si él no se cuida, difícilmente pueda cuidar a otras personas”, añade.
Bell Hooks asumió un mensaje complejo: el de enarbolar la idea de que el patriarcado daña tanto a los hombres como a las mujeres, atrapándolos en roles de género rígidos y obsoletos que, en el caso de ellos, entre otras cosas, limitan la expresión emocional.
“Muchos hombres sienten alivio al encontrarse entre ellos y darse cuenta de que las presiones que cargaban no les pertenecen sólo a ellos, sino que se trata de algo más global y mucho más complejo —explica Uribe Roncalo—. Cuando uno se reúne con otros deja de pensar que esto es un problema individual. Nosotros trabajamos con todos porque asumimos que venimos del mismo sistema cultural. Reflexionar que esto es un problema social, político y cultural nos permitiría entender por qué los cambios demoran, porque se trata de procesos lentos».

Diego Pins, del proyecto Los hombres también cuidamos, se concentra en el acompañamiento en la paternidad y afirma que esta instancia «representa un desafío muy grande cuando querés hacerlo responsablemente. Las mujeres conversan entre ellas, eso les va dando una mirada y conocimiento preventivo. En cambio parece que los varones improvisamos mucho más. Participar del espacio grupal te permite conocer esto de antemano. También hablamos sobre nuestras emociones en general, de cómo las manejamos, de nuestra salud física, de nuestra sexualidad, para terminar descubriendo que todo se relaciona con todo”.
Los líderes de estos grupos coinciden en que la barrera más difícil de romper es la de animarse a ingresar al espacio por primera vez, un poco por preconceptos acerca de qué ocurre dentro de los grupos y otro poco por temor a la exposición. Sin embargo, dice Pins: “La necesidad de conversar sobre nuestros miedos, deseos, necesidades, alegrías y desafíos es muy grande y cuando te sentís cómodo, sin temor a que te juzguen, no querés soltarlo más”.

Muchos llegan justamente a explorar sus emociones como una manera de compartirlas sin culpa y sin vergüenza. “Y sí, claro que da vergüenza en un principio —aporta Uribe Roncalo—, porque significa bajar las defensas. La mayoría llega con muchas preguntas. Buscan sentirse más acompañados. Creo que varios de los que se atreven a desafiar los mandatos de la masculinidad tradicional se sienten súper solos y raros, incómodos en los espacios muy masculinos. Son hombres que están atravesando crisis propias de este tiempo, como la elección de profesiones consideradas feminizadas. La sociedad está en un proceso de transición cultural, esto hace que muchos se sientan solos y busquen espacios para encontrar compañía, comunidad y fraternidad”.
El largo trayecto de los grupos de Vilaseca le ha dejado decenas de testimonios sobre la experiencia. «Me siento aliviado, contento, comprendido y me di cuenta de cosas que solo no veía. Está bueno conversar con pares acerca de dónde nos aprieta el zapato. Si mi mujer no me insistía, yo no venía”, dijo uno de los concurrentes en su último encuentro.
«No te preocupes —le respondió un compañero—, todos llegamos empujados por alguien. En mi caso mi dentista”. Otro llegó por el boca en boca entre colegas y uno más por recomendación de su contador. Uno más fue instado por su médico clínico, como una estrategia para bajar el estrés. «A mí me lo aconsejó la psicopedagoga de mi hija —contó un concurrente—. A partir de participar en el grupo logré abrir un vínculo diferente con mis hijos”. Otro compañero confesó: “Yo llegué por indicación de la terapeuta de pareja. Hoy puedo dialogar con mi mujer disfrutando de la relación”.
Nilton G. asiste a los grupos que coordina Pins, él se siente en un espacio cuidado, donde cada uno presenta su punto de vista y todos se retroalimentan. “Es también un espacio único, ya que parte desde una mirada complementaria del varón, en un mundo lleno de espacios desde y para la madre, que si bien son extrapolables, los varones tenemos matices propios de la crianza individual y grupal en que nos desarrollamos”, dice. Su compañero Javier afirma que este entorno lo hace sentir escuchado y contenido. En tanto que para Martín, otro de los asistentes, los beneficios que registró son varios: “Es enriquecedor compartir con otros varones esto de tratar de ser el mejor papá que pueda. También es un espacio seguro de escucha, participación e ideas, donde ninguno juzga ni es juzgado. Por otro lado, permite sumar la propia experiencia y reconocer la de los otros, que es súper enriquecedora”.
“Estamos viviendo un momento bisagra. Los grupos de encuentro ayudan a concientizar esta sensación de perplejidad y de miedo que muchos hombres sienten de perder lo que tienen, el estatus, el poder, sus trabajos, sus parejas… Porque estamos viviendo una época de extrema fragilidad —afirma Uribe Roncalo—. Creo que nuestro trabajo es que no se genere más odio, sino que podamos encontrarnos».
Un análisis sobre el impacto de la manipulación, pero también acerca del valor de los grupos terapéuticos para ayudar a salir de la violencia.
Tras el sismo que sacudió Venezuela, una familia descubre, entre el miedo y la incertidumbre, que hay lazos de amor que la tragedia no puede romper.
Tejer en círculo, correr en manada, filosofar en grupo, leer y escribir con compañeros: la tendencia de juntarse que crece en el mundo.
Necesitás registrarte para disfrutar contenidos en audio
REGISTRARME¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN
0
COMENTARIOS
Necesitás registrarte para realizar comentarios
REGISTRARME¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN