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23 mayo, 2022

Nueva York verde: rincones infaltables para conocer su costado natural

En una de las junglas de cemento más interesantes del mundo, los oasis de naturaleza van ganando terreno para darle un respiro a la ciudad que nunca duerme. Un breve recorrido por los parques que hay que conocer, si salís de paseo por Nueva York.


La autora de esta nota salió en busca de los rincones verdes más bellos de Nueva York y así llegó hasta Battery Park.

Texto y fotos: Victoria Llorente

La naturaleza insiste, insiste. No se cansa de tocar puertas, de salir hacia afuera, de avisarle al mundo que ella estaba antes que cualquier rascacielos, antes que cualquier monumento. Aparece entre grietas ocultas porque busca el sol, el que la hace crecer, salir al mundo. Y así respira. Ella y todos los que caminan y deambulan por la ciudad de las mil contradicciones. La ciudad que nunca duerme, la de las luces sin fin, la del ruido que aturde. La ciudad donde nacieron mil historias, la de los mitos, la de las bicicletas azules, la de la oda a la libertad. Allí, en Nueva York, el verde también se hizo su lugar.

Otra postal Battery Park, uno de los espacios naturales más antiguos de la ciudad.

Desde muelles transformados en plazas hasta calles entre edificios que dieron lugar a huertas comunitarias. Desde ferrocarriles abandonados que son un emblema entre paisajistas del mundo y fábricas de azúcar que hoy son descanso a la vera del Este, en la Gran Manzana hay espacios verdes (y de mil colores más) que dan un respiro a la vista entre tanto cemento, pipes y vidrieras deslumbrantes. Te invito a descubrirlos a través de este recorrido.

The High Line es un parque urbano elevado construido sobre una antigua línea de ferrocarril de Nueva York.

Sobre las vías del tren

The High Line

La Highline es un mar de gente y no hace frío. Se escuchan diferentes idiomas, huele a comida, huele a vainilla, huele a café. Se ven edificios con formas raras y pienso quién vivirá al costado de esta marejada de gente que camina sobre lo que alguna vez fue una vía de ferrocarril. Angosto y llamativo a la vez, este parque “en el aire” es un imperdible si alguna vez pasás por Manhattan. Se puede iniciar el recorrido de 2 kilómetros en Ganseevort Street o en la calle 34, depende desde donde vengas. Además, hay más de diez accesos por escaleras donde podés subir y bajar para continuar recorriendo la ciudad debajo de donde alguna vez pasaba el tren. Hay flores y árboles nativos y lugares para descansar en este espacio que se inauguró el 8 de junio de 2009 y se inspiró en el Coulée verte René-Dumont de París, un proyecto similar de casi 5 kilómetros. La idea, tan bien lograda, fue recuperar el espacio sin uso de la extinta compañía de ferrocarriles New York Central Railroad, que atravesaba una parte del este de la ciudad, intentando mantener el estilo despojado, agreste y natural de la zona.

Little Island, un parque flotante de hormigón construido sobre el río Hudson.

El pequeño muelle

Little Island

Bien cerca de The Highline está Little Island, un parque flotante construido sobre el río Hudson, montado en 132 plataformas de hormigón en forma de tulipán repletas de árboles y especies perennes. Heatherwick Studio, el responsable de la construcción de este parque inaugurado en mayo del año pasado, quiso crear un espacio con un diseño futurista, pero inspirado en el pasado. Sobre ese muelle, el 54, funcionó hace más de un siglo la línea transatlántica británica Cunard-White Star. Allí, por ejemplo, desembarcaron, en 1912, los sobrevivientes del Titanic. Un siglo más tarde, el huracán Sandy destruyó el área casi por completo. La administración del Hudson River Park y la  Diller-von Fürstenberg Family Foundation (propiedad del magnate norteamericano Barry Diller y su esposa, la diseñadora belga Diane von Fürstenberg) fueron los encargados de financiar la obra, la cual tuvo como principal objetivo reactivar el muelle, luego de los daños ocasionados por el huracán. La “pequeña isla” está a la altura de Meatpack District y dentro del Hudson River Park y la hora más linda para visitarla es el atardecer, donde la línea de los enormes edificios queda recortada en el horizonte con la bajada del sol.

El atardecer en Little Island, uno de los paisajes preferidos de Victoria durante su estadía en NY.

Con casi diez hectáreas de verde, este parque ofrece una vista privilegiada de la Gran Manzana.

Respirar entre finanzas

Battery Park

A pocas cuadras del Financial District y también a orillas del río, está el Battery Park, otro pulmón verde imperdible entre las calles de Manhattan. Es uno de los más antiguos de la ciudad y tiene el privilegio de contar con la vista (a lo lejos) de la Estatua de la Libertad. De hecho, desde allí salen los ferrys para las visitas guiadas a la isla de Staten, donde está el monumento. Su nombre deriva de los cañones que pusieron los británicos en el siglo XVII a lo largo de la calle para defender el ingreso a la ciudad desde el agua y, en sus casi 10 hectáreas, se pueden encontrar unas cuantas referencias históricas. Lo más valioso del parque es el diseño que acompaña el movimiento de las calles, la variedad de flores tan bien pensada que acompaña con colores durante casi todas las estaciones del año. Tomarse un respiro después de recorrer las calles del Distrito Financiero mirando a lo lejos al homónimo monumento a la Libertad, es un parada obligada en la ciudad.

Dos imágenes de Liberty Community Gardens, los jardines que dan aire y vida a las calles neoyorquinas.

Cultivar entre rascacielos

Liberty Community Gardens

Entre el río y los inmensos edificios, los neoyorkinos encontraron una manera ingeniosa de poder generar sus propios alimentos y dar un poco más de oxigeno a sus calles ruidosas. Los Community gardens (jardines comunitarios) son espacios de descanso, en muchos casos; y de trabajo en la huerta, en otros. En un punto de la ciudad donde parecía imposible dar vida a tantas plantas y alimentos (al lado de West Street, a pocas cuadras del World Trade Center), el trabajo en conjunto de los vecinos hace posible ver un escenario atípico en una zona típica de la Gran Manzana. Vale la pena ver este contraste en vivo. Y no vale llevarse nada de lo que esté creciendo…

El Morningside Park, un pulmón de alrededor de 12 hectáreas ubicadas en el Upper Manhattan, cerca de Harlem.

El Central Park, un oasis natural en pleno corazón de Nueva York, es parada obligada para los turistas.

El gran pulmón

Central Park

Imposible decir New York sin decir Central Park. Bastante más lejos de la Highline, de Little Island y del Battery Park, está el pulmón verde de esta selva de cemento. De más está decir que hay que conocerlo. ¿Consejo? Elegir de antemano los espacios que vas a ir a ver. También es ideal para recorrerlo en bicicleta, aunque te vas a perder más de un rinconcito donde solo permitan el ingreso de peatones. Es lindo en todas las estaciones del año y, vayas el día que vayas, vas a encontrarte con mucha gente: lo visitan un promedio de 25 millones de personas al año. Si tu idea es “huir” de la marejada de turistas, quizás no sea el mejor rincón para descansar. Pero si estás con ganas de recorrer lugares icónicos donde te vas a acordar de más de una película que viste, este es tu lugar.

A pesar de ser una de las ciudades más edificadas del planeta, Nueva York ofrece también espacios para disfrutar de la naturaleza.

Del otro lado del puente

Brooklyn verde

Hay quienes insisten que al Brooklyn hay que conocerlo por la tarde. Perderse en las calles elegantes de Brooklyn Heights, tomarse un rico café y seguir camino hasta el Prospect Park, el pulmón verde más amplio del otro lado de la isla. Dicen, también, que lo más lindo es caminar sobre el puente de regreso a Manhattan cuando se empiezan a encender las primeras luces de los edificios. Dicen muchas cosas… Lo que yo diría es que elijas andar por las calles menos conocidas, que no dejes de mirar los bordes del río, que están más lindos que nunca. Que te pierdas entre las casas de ladrillo a la vista y entre los community gardens que ofrecen hasta un lugar para descansar los pies andariegos. Que no te pierdas los kiris que crecen naturalmente a los costados de las vías, ni dejes de deleitarte con los laberintos de gramíneas del Brooklyn Park. Y sobre todo: no dejes de admirarte con la vida que emana cada una de sus calles.

Domino Park tiene un pasado industrial, pero hoy ofrece un remanso de vegetación con vistas increíbles.

De azúcares y parques recuperados

Domino Park

Lo que más llama la atención del Domino Park, inaugurado en 2018, en Williamsburgh, donde antiguamente funcionaba la refinería de azúcar que llevaba su mismo nombre, es el verde agua que se eligió para transformar en parque la estructura de hierro que solía sostener a la fábrica. Entre hierro y hierro, se cuelan flores que parecieran haber crecido por sí solas, pero ya se sabe que en esta ciudad, nada es adrede. Sobre la margen del East River este pequeño descanso verde fue diseñado por James Corner y forma parte de un emprendimiento de departamentos lujosos que aún sigue en construcción y va a preservar las fachadas antiguas de los edificios.

Diseñado por James Corner sobre la margen del East River, un pequeño descanso verde.

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