22 de julio de 2025
Ante la pregunta de quién fue María Magdalena, es posible que muchos respondan que fue una prostituta arrepentida en los tiempos de Jesús. Y aunque los documentos históricos prueban otra cosa, la creencia se sostuvo a lo largo de los siglos y su nombre quedó asociado al de una mujer pecadora, distorsionando u ocultando facetas que, de no haber caído en un manto de sombra, podrían haber cambiado el rumbo de la historia o haber calado distinto tanto en el corazón de los cristianos como en el ideario de Occidente.
Sin embargo, desde hace un tiempo y sobre todo a partir de la aparición en 1945 de los evangelios gnósticos en la ciudad egipcia de Nag Hammadi –los que no son considerados “oficiales” por la Iglesia católica–, distintas corrientes sostienen que la versión más popular y difundida de María Magdalena no hace justicia con un personaje mucho más rico y con mayor protagonismo en la vida de Jesús. Defienden la idea de que fue, además de una iniciada en temas espirituales, su discípula y apóstol dilecta. Algunos, incluso, afirman que pudo haber sido su esposa y que juntos tuvieron descendencia.
El encuentro entre dos mujeres
Así como esas versiones fueron llegando a distintas partes del mundo a través de libros, conferencias y publicaciones, llegaron a Agustina Martínez de Hoz (47) en un momento de crisis vital. Tras el duelo por sentir que no iba a poder responder al mandato social de, por ejemplo, ser mamá, y en profunda ruptura con su fe católica, la figura de Magdalena la cautivó tanto que desde entonces se dedicó a hacer lo que había aprendido en la Universidad: como licenciada en Historia y docente, Agustina comenzó a investigar, leer, contrastar fuentes, asistir a cursos, desentrañar documentos, seguir pistas.
Cuando la mitad de la vida le estaba poniendo pruebas, Agustina descubrió capas de Magdalena que no había conocido en misa o en la facultad católica a la que había asistido. Esta nueva versión que se iba develando venía imbuida de sabiduría, independencia, autonomía, conocimiento y un montón de otras características poco difundidas.
Por lo que se cree que fue, por lo que se cree que no fue e incluso por lo que pudo ser, pero sobre todo, por lo que voces distintas de las oficiales dicen de ella, el magnetismo de Magdalena la llevó, por ejemplo, a realizar viajes por las regiones de Europa donde, según versiones, pudo haberse refugiado Magdalena tras la persecución a los seguidores de Jesús. Lo que aprendió en el tiempo que lleva vinculada a su figura comenzó a compartirlo de a poco en charlas, talleres grupales y entrevistas. El próximo 7 de agosto será la anfitriona de una charla presencial en la redacción de Sophia, donde compartirá lo aprendido estos años. En esta conversación, anticipa apenas la punta del iceberg sobre un personaje tan cautivante como misterioso.
–Agustina, ¿quién fue María Magdalena?
–Sabemos de ella por los cuatro evangelios canónicos, y también por los gnósticos, por textos coptos, a través del arte y por testimonios de los primeros siglos del cristianismo. Después se la ocultó. ¿Quién era? Era esta discípula de Jesús cuyo nombre lo dice todo. Generalmente pensamos que María Magdalena responde a su lugar de origen, Magdala. Reducirlo a eso es quitarle la riqueza que encierra su nombre. Ella es «María llamada la Magdalena» y “la Magdalena” viene de Magdaleder o Migdal Eder, que en hebreo significa “torre de rebaño”. Es una característica, un título que seguramente se lo haya dado Jesús. Entonces el nombre Magdalena nos dice quién era: María la Fuerte, María la Pastora, Torre de rebaño, la que cuida a las ovejas, algo parecido a lo que era Jesús.
–¿Magdalena era una mujer distinta para la época?
–Magdalena era una maestra espiritual, una pastora. Sigue siéndolo. Es una santa para la Iglesia católica, pero es una santa distinta: habitualmente tomamos a los santos como modelos a seguir y ella propone otro camino, que no es “Vos tenés que ser como yo”, sino “Vos tenés que ser como vos”. Pide que te conectes con vos misma y saques tu mejor versión, que va a ser distinta a la del resto. Y después, bueno, ella es la que va con el jarro de alabastro y unge a Jesús. ¿Qué significa Cristo? El Ungido. Y si el ser ungido es importante, la que lo ungió cumple un rol importantísimo. ¿Y quién lo ungió? María Magdalena con su jarro de alabastro con aceite de nardo.
–¿Por qué hay tantas personas hablando de María Magdalena hoy?
–Hay todo un movimiento de María Magdalena enorme. En algún momento de la historia, si hablabas de María Magdalena te quemaban, porque hablar de ella era hablar de la conexión del corazón a la fuente divina de manera directa, una forma de vivir la espiritualidad sin intermediarios. Germinan las semillas magdalénicas sembradas en nuestro corazón, es un mensaje que nuestro ser más profundo está anhelando escuchar.
–¿Cómo fue tu acercamiento a Magdalena?
–Primero pensé que era un acercamiento histórico y dije “Bueno, me voy a acercar desde la historia”. Pero Magdalena te pone a trabajar, y eso hizo conmigo. Mientras la estudiaba, también yo hacía un proceso personal. Magdalena llegó a mi vida en un momento de crisis con la Iglesia y la religión. Y me mostró una manera nueva de vivir la espiritualidad.
–Los manuales dirían que llegó en la crisis de la mitad de la vida.
–Sí, de manual. Yo venía de una crisis profunda, de no haber podido ser madre, de no saber si quería serlo, de una búsqueda profunda de hacia dónde quería ir con mi vida. Y siento que ella me acompañó a parirme a mí misma. Ese es el gran regalo que tiene para todas las mujeres. Una vez que llega a tu vida, se abre una puerta y tras esa puerta, se abren diez más. A cada uno va a traerle un aspecto de Magdalena diferente, y bienvenido sea, porque ella tiene mucho para ofrecer.
–En lo personal, ¿cuál fue su regalo para vos?
–Magdalena te lleva a trabajar en la autenticidad. En su Evangelio, ella marca que no necesitamos que nadie nos venga a decir por dónde, cómo ni de qué manera es. Que la voz a la que tenemos que escuchar es la propia. Su mensaje es que hay una verdad, y que aspirar a la verdad es un camino divino, pero que cada uno tiene su verdad. Sin caer en el relativismo, su propuesta es empezar a escucharnos, indagar en qué necesitamos. Si estás conectada con tu ser esencial, todo lo que brindes, todo lo que hagas, todo lo que regales, va a ser más auténtico. No será lo que creo que otros esperan de mí, sino lo que, desde lo más profundo del corazón, puedo dar. Es una bajada de la mente al corazón para hacer una alquimia entre ambos.
–¿Sería integrar lo racional y lo no racional, lo intuitivo y lo fáctico?
–La energía masculina y la energía femenina. Ambas. Porque después de años y años, están distorsionadas. La masculina está distorsionada y la femenina está oculta. Magdalena te lleva a trabajar ambas energías, a integrarlas para alcanzar una vida desde un lugar de mayor plenitud.
–¿Por qué la figura de Magdalena nos lleva a integrar lo femenino y lo masculino?
–Bueno, no podemos hablar de Magdalena sin hablar de Jesús… Yo considero que sí, que estaban casados, que eran pareja. Más allá del dato y de la prueba, que es debatible, está la imagen: el símbolo de ellos como matrimonio sagrado es una invitación a que ambas energías se unan en nuestro interior.
–¿Creés que es necesario sintonizar con este símbolo para el mundo hoy?
–Totalmente. Hoy sigue habiendo guerras y conflictos en distintas partes del mundo. Más allá de las causas históricas, si para entender estos conflictos vamos al aspecto espiritual, creo que en gran parte se deben a la distorsión de la energía masculina. El masculino cuando está distorsionado, ataca, agrede, hace la guerra. Cuando no está en su eje, pisotea, tapa y esconde al femenino. El femenino es la amorosidad, la dulzura, la suavidad. Y creo que el mundo necesita eso. Si queremos un mundo que viva en paz, tiene que estar habitado por personas que tengan integradas ambas energías, que la energía del masculino vaya a la acción pero desde la construcción de paz. Por otro lado, si queremos que el planeta se cuide y no se maltrate, necesitamos estar en contacto con nuestra energía femenina, con la Diosa Madre o la Madre Tierra. Durante siglos, desde las religiones patriarcales, nos han enseñado que la espiritualidad es la conexión hacia arriba y por medio de un intermediario, pero no nos han enseñado que la conexión es sin intermediarios, hacia arriba y también hacia abajo, con la Tierra.

–¿Qué pasó en la historia que se minimizó la figura de Magdalena y todo lo relacionado a lo sagrado femenino?
–Magdalena es invisibilizada porque la historia ya venía con bastantes años de ocultamiento del poder de lo femenino. En un momento de la historia, la humanidad veneraba a la Diosa, que era el principio creador capaz de dar vida. Cuando llegó el sedentarismo y empezó la pelea para conseguir más tierras y producir más, salió a flote todo lo que tiene el aspecto masculino para ofrecer, que a veces es la fuerza física para ir a la guerra. Ahí comenzó un proceso de invisibilización de la Diosa. Y así llegamos a las religiones patriarcales –primero el judaísmo, luego el catolicismo–, cuyo centro es un dios masculino. En esa coyuntura apareció María Magdalena, es decir, el contexto ya estaba dado para que no se le diera lugar a la mujer, en general, y a ella, en particular.
–¿Qué hechos concretos hicieron que se difundiera una Magdalena distorsionada?
–Durante los primeros años del cristianismo, la importancia de Magdalena era fundamental hasta que llega el Concilio de Nicea a principios del siglo IV. Allí se establece que los evangelios aprobados por la Iglesia iban a ser cuatro, y quedan por fuera un montón, entre ellos, el Evangelio de María Magdalena y otros evangelios en los que ella está ubicada en un lugar de mucha preeminencia como la compañera de Jesús, como la maestra espiritual, como “la discípula” que está preparada para acompañar a Jesús en su misión y comunicar su mensaje. Esto, el Concilio lo quita. Es la primera estocada que le hacen. De todos modos, en los evangelios canónicos podemos ver ciertas pistas de la importancia de Magdalena.
–¿Cuáles son esas pistas?
–¿A quién se le aparece Jesús cuando resucita? A María Magdalena. Y esto es un dato fundamental, porque ¿cuál es el mensaje principal del cristianismo? Que Jesús resucita. Que hay vida después de la muerte. Podemos hablar de qué entendemos por resurrección, pero este mensaje importantísimo que tiene el cristianismo para dar, se lo da primero a Magdalena. Con esa clave le está diciendo “Vos sos la encargada de salir a contar este mensaje”.
–Hablás de una primera estocada. ¿Cuál es la siguiente?
–En el año 591, aproximadamente, el papa Gregorio Magno menciona en una homilía que Magdalena es una prostituta arrepentida. Es la estocada final. Y ahí ya queda distorsionada para el resto de la historia. Hasta, podemos decir, cuando reaparecen los evangelios gnósticos a fines del siglo XIX y mediados del siglo XX.
–¿Qué pasa a partir de entonces?
–Ahí empezamos a ver otra Magdalena. Tanto es así que la Iglesia después del Concilio Vaticano II, entre todas las cosas que afirma, es «Paren. Magdalena no es prostituta. No hay ningún indicio en los Evangelios que indique que Magdalena es prostituta”. En 1988 Juan Pablo II, en su Carta a las mujeres, Mulieris le Dignitatem, le da el título de «Apóstol de los Apóstoles». En 2016 el Papa Francisco oficializa ese título y eleva su día a fiesta religiosa, y la pone a la altura de los otros santos. Hoy, el 22 de julio es una fiesta para la Iglesia.
–¿Tiene sentido preguntarse si Magdalena existió?
–Sí, tiene sentido, porque existió y eso es lo que la distingue de arquetipos femeninos previos, que ella fue una mujer real. Pero aunque no fuera un personaje histórico, hay algo que también está bueno recuperar, que es lo simbólico, lo mitológico. En el Evangelio, Magdalena le pregunta a Jesús, una vez que él ha resucitado: “Jesús, cuando yo te veo, por dónde es que te veo?». Y él, resumiéndolo, le contesta «Por el nous«. El nous es el ojo del corazón, el mundo imaginal. Lo simbólico nos permite conectar con este tipo de percepción: si el relato resuena en nuestro corazón y hace un click allí, tiene más poder que el dato histórico.
–¿Sentís que el tiempo de conocer quién fue verdaderamente Magdalena llegó?
-Sí, completamente. Es el tiempo de ella.
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Buenas tardes, en el 2020 en un plataforma, vi la serie mexicana de María Magdalena, quedé impresionada y empecé a buscar en internet.
Creo que ella fue Apóstol de Apóstoles y que los hombres se encargaron de tapar por ego, orgullo o vaya a saber porqué razón.
Es una lástima que no pueda ir a la charla, vivo en Mendoza.
Gracias Agustina por todo lo que has estudiado, quizás más adelante pueda conocerte
Muchas gracias por la info Agustina. Yo me enamoré de María Magdalena cuando durante la pandemia dieron una serie sobre ella, después comencé a buscar información sobre ella. Es una lástima que no pueda concurrir, vivo en Mendoza, ojalá vengas en alguna oportunidad para hablar sobre ella
Agustina Martínez de Oz, tiene la sabiduría que da el conocimiento transmitido desde el corazón álmico. Vale la gloria cada minuto para escuchar con qué gracia y claridad integra y comparte este sagrado mensaje de María Magdalena.
Agustina llega al alma con el don de la palabra.