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Salud

24 marzo, 2011

No me olvides

El  Mal del Alzheimer es una enfermedad que crece en el mundo en forma alarmante y todavía no tiene cura. Pero los especialistas aseguran que hay tratamientos que aminoran su progreso y mejoran sustancialmente la calidad de vida. Es importante saber de qué se trata y consultar a tiempo.  


«Lejos de ella» (2006), de Sarah Polley, con Juli Christie, Stacey LaBerge y Olympia Dukakis.

En la película “Lejos de ella», el personaje protagonizado por la bella Julie Christie padece de Alzheimer. Una mujer lúcida y elegante, se va apagando con el tiempo. Aún así, hasta que le es posible elige su camino con plena conciencia. El marido la acompaña con una lealtad conmovedora, aún cuando ella deja de saber quién es.  Esa es la peculiar crueldad de esta enfermedad, una de las formas más conocidas de la demencia; el desafío no es sólo para quien la padece sino también para todas las personas que la rodean.

El Alzheimer es un mal degenerativo irreversible que destruye lentamente las células del cerebro, y deriva en pérdida de facultades intelectuales, cognitivas y de conducta. En Argentina hay entre 450 y 500 mil pacientes con demencias asociadas a esta enfermedad.  Sin embargo, hay mucho que se puede hacer para ayudar a frenar el proceso el mayor tiempo posible, e informarse bien es clave.

“La causa de esta enfermedad es el depósito de una proteína anormal que interrumpe la conexión entre las neuronas, afectando las funciones mentales superiores (aprendizaje, memoria, asociación de ideas). Los síntomas normalmente se presentan en adultos mayores de 65 años, explica el doctor Ignacio Previgliano, neurólogo y Jefe de la Unidad de Neurointensivismo y Gestión en Procuración de Órganos y Tejidos para Trasplantes en el Hospital Fernández.

La ADI (Alzheimer´s Disease International) estima que este año, 35,6 millones de personas tendrán algún cuadro de demencia en el mundo. Cada año se diagnostican 5 millones de casos nuevos, lo que equivale a un caso nuevo cada seis segundos. En la Argentina, se estima que hay 400.000 personas viviendo con Alzheimer. Se podría decir que una de cada ocho personas mayores de 65 años y una de cada dos por encima de los 85 padece esta enfermedad. 

¿Cómo se detecta este mal y cuáles son los pasos a seguir? 

Los olvidos y lapsos de memoria son parte normal del proceso de envejecimiento. “Muchas veces, ante un olvido en una persona mayor se piensa en el Alzheimer. Pero hay olvidos benignos y olvidos patológicos.Es cuando observamos cambios significativos en la conducta de un familiar, un amigo o un ser querido que debemos acudir al profesional de la salud calificado para que le haga un control. Generalmente se realiza la consulta cuando el paciente nota que los olvidos interfieren con las actividades de la vida diaria, ya sean laborales, domésticas o familiares. Lo que tiene que hacer el médico es diferenciar cuánto hay de patológico y cuanto hay de normal”, dice Previgliano.

María, una mujer de 76 años, fue diagnosticada con Alzheimer hace dos. Su hija Beatriz y su hermana están a cargo de su cuidado. “Mi mamá empezó con flashes de olvidos. Al principio parecían tontos. Pero el primer destello preocupante fue un día cuando estábamos terminando de cenar y alguien nombró al padre de mi hija (mi ex marido) y mi madre preguntó quién era esa persona. Fue ahí cuando decidimos llevarla al médico. Ella estaba bien, pero tuvo un disgusto fuerte y de repente hizo un click. Así empezaron los olvidos”.

Si bien actualmente no existe cura para esta enfermedad, sí se dispone de fármacos que tratan los síntomas y mejoran la calidad de vida. Estos medicamentos actúan sobre la cognición (memoria) y enlentecen su deterioro.

Pero más allá de los medicamentos, existen otros mecanismos de ayuda para retrasar el avance de la enfermedad. “La persona puede tener períodos de conocimiento y períodos en los que desconoce la realidad, por eso ejercitar la memoria y la vida social es una de las claves para demorar el progreso. Está comprobado que en pacientes con el mismo grado de deterioro cerebral, los que hacen actividad física y tienen una vida de relación social y ejercicio intelectual mantienen la memoria mucho más tiempo de los que no lo hacen. Por eso las capas sociales con menor instrucción son las más vulnerables, ya que estos tienen menor acceso a la educación y peores dietas”, explica Previgliano.

La internación en un geriátrico o institución llega cuando el paciente no puede ser contenido por su grupo familiar, ya sea porque tiene alteraciones de carácter importantes, episodios de agresividad, o porque necesita cuidados de enfermería.

 

Un problema de todos

 

Pero no sólo el paciente del Alzheimer lidia con las consecuencias de esta enfermedad. Habitualmente los cónyuges, hijos, nietos, hermanos u otros miembros de la familia o amigos se encargan de la atención diaria de los pacientes, y sus problemas acaban siendo los problemas de todos. Por eso existen instituciones dedicadas a ayudar a personas que lidian con la enfermedad y a sus familias. Una de ellas es ALMA (Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer y Alteraciones semejantes). “Cuando se desencadena la enfermedad es desesperante porque uno no sabe qué hacer ni cómo actuar. Para mí, los talleres para familiares y grupos de autoayuda fueron muy importantes. Así pude armar una red de contención, además de conseguir los medicamentos para retrasar la enfermedad de mi madre y darle una mejor calidad de vida”, concluye Beatriz.

Para Previgliano, lo primero es hacerle entender al núcleo familiar que la persona no actúa en forma extraña a propósito, sino porque no tiene otra posibilidad.  Y entonces, este difícil desafío se convierte en una prueba de amor insuperable. Seguir dando afecto y contención en estas circunstancias es quizás el mayor acto de entrega que uno pueda hacer por un ser querido en la vida.

 

Cómo convivir con la enfermedad

 

Cuando se detecta la enfermedad, lo primero que hay que hacer es enseñarle al paciente y a sus familiares los diferentes estadíos de su desarrollo y las conductas más indicadas en cada uno.  Aquí, algunas sugerencias:

 

  • En la etapa inicial lo importante es alentar al paciente a realizar actividad física, social e intelectual.

 

  • Controlar la presión, evitar el cigarrillo y el colesterol, y tener una dieta balanceada y sana ayuda a que las neuronas se mantengan activas por más tiempo frente a los embates de la enfermedad.

 

  • Ejercicios de memoria. La estimulación de la memoria se puede hacer en forma programada, según un plan terapéutico, o también mediante métodos más sencillos como leer dos libros al mismo tiempo, o ver dos veces una misma película y discutir sus puntos importantes.

 

  • Establecer rutinas diarias. Una rutina puede disminuir la toma constante de decisiones y traer orden y estructura a la vida cotidiana. Las rutinas otorgan seguridad al paciente. Debemos tratar a la persona de la misma manera que lo hacíamos antes de la enfermedad.

 

  • Mantener la independencia. Es necesario que el paciente mantenga su independencia el mayor tiempo posible, ya que ayuda a preservar la autoestima. Siempre se deberá evaluar en cada caso, ya que sólo podrá hacerse cuando no represente un riesgo para la persona u otros.

 

  • Resguardar la dignidad de la persona. Es importante recordar que el paciente a quien se cuida es todavía una persona con sentimientos. Evitar discutir la condición de la persona delante de ella. Algunas actividades planeadas pueden ayudarlo a elevar el sentido de la dignidad y autoestima, dándole un propósito y significado a su vida.

 

  • Simplificar las tareas. No conviene ofrecerle al paciente demasiados elementos para elegir.

 

  • El sentido del humor. Intentar mantener vivo el sentido del humor alivia el estrés.

 

  • Medidas de seguridad. Las pérdidas de la coordinación física y de la memoria aumentan las posibilidades de lesionarse, por eso es necesario mantener la casa lo más segura posible. El baño y la cocina son los lugares más peligrosos para el enfermo.

 

  • Mantener abierta la comunicación. A medida que la enfermedad progresa, la comunicación entre el cuidador y el paciente puede resultar difícil. Consultar el tema de la comunicación verbal y no verbal. Recordar siempre que lo afectivo nunca se pierde.

 

  • Ayuda-memoria: en especial en las primeras etapas, pueden ayudar a recordar y evitar la confusión. Dejar a mano fotos grandes y claras de los familiares, con sus nombres. Colocar etiquetas en las puertas y cajones indicando el lugar o los objetos que contienen. Es sumamente útil colocar un reloj grande y un almanaque (si es posible tipo taco). Sacar la hoja correspondiente o marcar el día, lo mantendrá orientado en el tiempo.

 

Fuente: ALMA (Asociación Lucha contra el Mal de Alzheimer y Alteraciones semejantes)

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