Sophia - Despliega el Alma

Espiritualidad

17 diciembre, 2020

Navidad, un tiempo para renacer

En este año tan difícil y lleno de desafíos, tenemos la oportunidad de celebrar el milagro de la vida dejándonos atravesar por la Navidad. Un tiempo que nos regala lindos recuerdos, nuevas esperanzas y el profundo anhelo de ser cada día mejores.


Por P. Federico Piedrabuena

Hannah Arendt, en ese maravilloso libro titulado “La condición humana”, nos recuerda con énfasis que cada nuevo nacimiento está revestido de fe y esperanza. Que en el milagro de una vida que amanece, el tiempo vuelve a empezar. Que se trata de una verdadera revolución, ya que interrumpe el inexorable curso automático de la vida cotidiana. La brillante pensadora del siglo XX expresa con hondura y cercanía lo más genuino del espíritu navideño:

Esta fe y esperanza en el mundo encontró tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras que en los evangelios anuncian la gran alegría: “Nos ha nacido hoy un Salvador”[1]

Próximamente celebraremos la Navidad, ese tiempo marcado por la ternura, que despierta lo mejor del espíritu humano. Quizá porque nos conecta directamente con los más prístinos recuerdos de nuestra vida. Es la celebración del “niño” por excelencia. Del niño Jesús, y de nuestro propio niño interior. La memoria brota y resplandece poblada de sonrisas, abuelos, villancicos, aromas y fiesta. En torno al 24 de diciembre resurge la ilusión de un tiempo antiguo y nuevo a la vez.

El padre Federico Piedrabuena es sacerdote de la congregación de Schoenstatt y se desempeña como párroco en la parroquia San Pantaleón de Florencio Varela, en el Gran Buenos Aires, donde cada día -con enorme amor y entrega- le pone el cuerpo a la dura realidad del conurbano.

Siempre me ha parecido significativo que el pesebre esté acompañado por ese árbol que adornamos con pasión y devoción. Un árbol de hojas perennes, como esa alegría que año tras año no conoce de caducidades. Se trata de la auténtica felicidad del corazón, expresada en esos regalos que daremos y vamos a recibir. ¡Cuánto tiene para enseñarnos sobre humanidad el acontecimiento de la Navidad! Una auténtica fiesta en todos los sentidos. Pero este no es un año más…

Muchos de nosotros pasaremos la Nochebuena lejos de nuestros familiares y seres queridos. La pandemia y los protocolos han modificado nuestra vida y la forma de encontrarnos para celebrar. Ha sido un año transido por el dolor y el sufrimiento, que pasará a los libros de historia. Meses de pérdidas y reflexiones profundas, donde hemos tomado amplia conciencia de nuestra finitud. Surge entonces la pregunta que clama: en esta Navidad, ¿tenemos todavía motivos para celebrar?

Signos concretos de esperanza

Camino por las calles, aquí en Florencio Varela, Gran Buenos Aires. Pienso en un año sorprendente y desafiante, que me exigió y llevó al límite de maneras inesperadas. Una experiencia compartida con tantas personas en el barrio y en la villa. Y en el mundo entero.

En junio de este año, Sophia publicaba un artículo sobre esa maravillosa iniciativa y campaña llamada Seamos Uno. La elijo como un signo de esperanza y vida. Un canto a la solidaridad y a ese horizonte por el cual trabajo constantemente: hacer de este mundo un mejor lugar para vivir, un hogar más digno y fraterno. En especial para quienes están atravesando dificultades y sufrimientos. Medito en tantas personas que han tenido la generosidad de compartir su tiempo y medios materiales en un año como este: hicieron presente la Navidad en una fecha diferente. Lo vi con mis propios ojos al entregar las cajas de alimento de Seamos Uno.

Hicieron posible un renacimiento en épocas de miedos, ansiedades y oscuridad. Es el espíritu navideño que se adelantó. No ya con Papá Noel distribuyendo regalos, sino con miles de manos voluntarias entregando esas cajas que fueron un signo concreto de cercanía y amor. Me siento parte de esa alegría serena, de esa luz que volverá a brillar en la Nochebuena. Atesoro esos rostros y ojitos brillantes que, con las manos abiertas, recibían el don de una presencia cercana y amiga. Encuentro motivos para celebrar y volver a creer. Navidad despunta entonces como una oportunidad para renacer. De las cenizas que ha implicado esta Pandemia. De todas nuestras preguntas e inseguridades. Todos seremos el ave Fénix en esta Navidad.

Y creo que esa es la propuesta. Haré mi lista de todos aquellos ámbitos en los que quiero volver a nacer. Y te invito a que hagas la tuya. Que esta no sea una fecha más, de adultos que han olvidado cómo ver un elefante dentro de una boa [2]Deseo con toda el alma que renazcas con el Niño. Porque también vos, con tu sueños y anhelos, estás llamado a ser un signo de esperanza para el mundo. Hoy más que nunca.

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad! De todo corazón…


[1] Hannah Arendt, La condición humana, Buenos Aires, Paidós, 2009, pg. 155

[2][2] Cf. “El Principito”, Capítulo 1, Saint-Exupéry, original de 1943

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