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Narges Mohammadi: en tiempos violentos, ella es el rostro de la paz

La periodista y activista iraní, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2023, se encuentra detenida por defender los derechos de las mujeres en Irán. Retrato de una pacifista valiente a la que, a pesar del terror y la violencia, no lograron callar.

A sus 51 años y encerrada en una celda de la temible prisión de Evin, en Teherán. Así recibió la periodista Narges Mohammadi la noticia de que había recibido el máximo galardón internacional por la paz: el Premio Nobel que en esta edición la tiene como protagonista. En la soledad de saberse presa de un régimen que reprime a quienes se animan a denunciar los aberrantes abusos a los que son sometidas las mujeres en Irán. A la sombra de un planeta donde, casi en simultáneo, estallaba una nueva ofensiva en Israel, dejando cientos de muertos y desaparecidos.

Narges sabe bien de qué se trata la cárcel, no es la primera vez que está detenida. De hecho, ya fue arrestada en otras trece ocasiones y, por los delitos que se le imputan, recibió una condena por un total de 31 años de prisión y de 154 latigazos. Aún nadie ha podido comunicarse con ella: solo puede recibir llamadas telefónicas los días jueves y viernes. Pero los mensajes de apoyo a su alrededor provienen de todo el mundo y se multiplican, a la espera de que por fin puedan llegarle.

Por su entrega y compromiso, es una de las activistas fundamentales en la defensa de los derechos humanos en su país. Y aunque se encuentra encerrada, continúa haciéndose oír para dejar constancia de los atropellos a los que son sometidas las mujeres. En esta condena, que le costará diez años de su vida alejada del cuidado de sus dos hijos mellizos y de las acciones públicas, le toca habitar el pabellón de presas políticas en una causa caratulada como «difusión de propaganda contra el estado». ¿Su delito? Pronunciarse públicamente contra el Régimen Islámico por los constantes abusos y violaciones.

“Testifico desde el interior de la prisión sobre la existencia de tortura y agresión», declaró semanas atrás, narrando el calvario al que son sometidas las mujeres entre las rejas, y denunció además, a viva voz, por carta: «Se han producido ejecuciones, torturas, arrestos y duras penas de prisión ante los ojos del mundo. Aún así, el gobierno miente imprudentemente incluso en la sede de la ONU para engañar a la opinión pública mundial».

Su lucha por la paz

«En la década de 1990, cuando era una joven estudiante de física, Mohammadi ya se distinguía como defensora de la igualdad y los derechos de las mujeres. Tras finalizar sus estudios, trabajó como ingeniera y columnista en varios periódicos reformistas. En 2003 se involucró con el Centro de Defensores de los Derechos Humanos en Teherán, una organización fundada por la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi. En 2011, Mohammadi fue arrestada por primera vez y sentenciada a muchos años de prisión por sus esfuerzos para ayudar a los activistas encarcelados y sus familias», expresó el colectivo que la representa en un comunicado para dar a conocer su verdadera historia.

Dos años más tarde, tras quedar en libertad bajo fianza, Mohammadi se implicó en una campaña contra la implementación de la pena de muerte. «Irán ha estado durante mucho tiempo entre los países que ejecutan a la mayor proporción de sus habitantes anualmente. Sólo desde enero de 2022, más de 860 prisioneros han sido castigados con la muerte en Irán», declaró en aquella oportunidad, al salir de prisión, embanderada en una protesta por la muerte de Mahsa Amini, que tuvo lugar ese mismo año.

Su activismo contra la pena de muerte provocó un nuevo arresto y una sentencia de años adicionales tras los muros. A su regreso a la cárcel, comenzó a oponerse al uso sistemático de la tortura y la violencia sexualizada por parte del régimen contra los presos políticos, especialmente las mujeres, una práctica cotidiana en las prisiones iraníes.

La ola de protestas del año pasado llegó a conocimiento de los presos políticos recluidos en la famosa prisión de Evin en Teherán. Una vez más, Mohammadi asumió el liderazgo de la protesta. Desde prisión expresó su apoyo a los manifestantes y organizó acciones solidarias entre sus compañeros de encierro. El resultado fue que las autoridades penitenciarias respondieron imponiendo condiciones aún más estrictas para ella.

«A Mohammadi se le prohibió recibir llamadas y visitas. Sin embargo, logró sacar de contrabando un artículo que el New York Times publicó en el primer aniversario del asesinato de Mahsa Jina Amini. El mensaje era: ‘Cuanto más nos encierren, más fuertes nos volvemos'», describe una cuenta de Instagram que lleva su nombre y que hoy manejan sus allegados para dar a conocer su mensaje fomentando la desobediencia civil.

A pesar del cautiverio, el gran mérito de esta mujer es haber ayudado a garantizar que las protestas no hayan disminuido y que las represalias no alcancen para silenciar su potente voz. Desde Sophia acompañamos su lucha, con la esperanza de que, de su mano, pueda iluminarse un proceso de paz que por fin termine con tanta violencia.

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