Nada comienza, todo continúa - Sophia Online

Membresía digital

Círculo Sophia

Sophia Online

Reflexiones

Nada comienza, todo continúa

Cada nuevo año que empieza, renovamos el calendario con el propósito y la ilusión de que algo en nosotros, o para nosotros, será distinto. Pero, ¿y si eso que buscamos que cambie ya está, de hecho, desde antes?

Por Sergio Sinay

Un nuevo año. Nos deseamos mutuamente un buen comienzo, felicidad, que se cumplan los deseos. Nos proponemos iniciar finalmente aquello que tantas veces nos propusimos. O retomar lo postergado. O cambiar hábitos. O abandonar costumbres. O reforzar vínculos. El ritual se repite cada doce meses e inauguramos el nuevo calendario con el propósito y la ilusión de que la próxima vez nos encuentre renovados. Parte de esa energía se invertirá efectivamente en lo que nos prometimos a nosotros mismos o a otros. Y una buena dosis de ella se agotará a lo largo de los meses sin provocar cambios. Pero, ¿hay de veras un nuevo comienzo? ¿O ese inicio es sólo una formalidad, una consecuencia de nuestra manía de fragmentar y envasar el tiempo en calendarios, relojes, agendas, días, semanas, meses y años? ¿Es así la vida o es una continuidad que se saltea los mojones con que la marcamos?

Nos seduce la idea del “borrón y cuenta nueva”, del “a partir de mañana”, del “esta vez sí”. Como si el comienzo de un año nos propusiera el inicio de una nueva vida, despojada de las falencias, las carencias, las imposibilidades, de la anterior. Pero acaso no sea necesaria una nueva vida para alcanzar esos momentos de sentido que nos proponemos. Y ni siquiera sea necesario pensar en términos de “comienzos”. Quizás no necesitemos de disparadores externos para acceder a esos anhelos que alientan en nuestras mentes y nuestros corazones. Porque es posible y probable que la nueva vida ansiada ya esté en la vida que vivimos, como la mariposa palpita en el interior de la crisálida.


Una voz silenciosa

Esta es la fascinante idea que el filósofo francés François Jullien viene desarrollando en obras como Una segunda vida y De vera vita. Jullien, un pensador original y sensible, es un profundo conocedor de la filosofía y las tradiciones chinas y ha explorado temas esenciales, como la intimidad, el encuentro, el amor y ha propuesto también nuevas miradas sobre el psicoanálisis. Sostiene que no podemos plantear un nuevo comienzo en algún momento de nuestra vida (a fin de año, luego de un accidente del que salimos milagrosamente ilesos, tras atravesar una grave enfermedad o luego de una separación, por ejemplo) porque, en realidad, nunca hubo un primer comienzo. Al entrar en la vida, es decir al nacer, no tuvimos elección, ya había expectativas y designios que nos estaban destinados por otros. Y lo que con el tiempo fuimos considerando elecciones, dice Jullien, como tipo de vida, profesión, amor, etcétera fueron inducciones. Cuando nacimos, y en todos nuestros años formativos, mientras se construía nuestra identidad, no teníamos ni distancia ni conciencia para una elección autónoma. Y así llegamos a consolidar una vida que, en la adultez, consideramos “nuestra vida”. Aún cuando sea o fuera satisfactoria y hasta “exitosa” en esa vida no fuimos sujetos, sino objetos. Y una voz en lo profundo de nuestro ser, apunta este pensador, espera ser escuchada. Es la que pide reorientar la existencia por fuera de las verdades establecidas y codificadas, de los carriles y los corrales en que estuvo dirigida y controlada. Es la voz de verdades que permanecieron siempre en nosotros, inadvertidas. La mariposa que pugna por salir de la crisálida y volar.

«Es posible y probable que la nueva vida ansiada ya esté en la vida que vivimos, como la mariposa palpita en el interior de la crisálida»

Esa segunda vida, como la llama Jullien, o vida verdadera, como también la denomina, no necesita de un nuevo comienzo, de una ruptura dramática, de una rebelión expresa. No es “segunda” en términos cronológicos. El pasaje de una vida a otra se da en el curso de nuestra existencia de una manera sutil, como si atravesara una delicada nebulosa. En la segunda vida volvemos sobre lo sabido y ejercido para encontrar lo esencial, lo simple que no habíamos podido ver y elegir, para optar, ahora sí, por lo que encierra sentido y trascendencia. Es cuestión de aventurarse, insiste el filósofo, no se trata de vivir una vida que nos haga quedar bien, sino de expresar lo propio.


Lo que nunca comenzó

Para entrar en la segunda vida, advierte, es necesario descalzarse de la primera. Y si queremos vivir más debería ser para experimentar esa segunda vida, para adentrarnos en ella. Desde esa segunda vida podremos tener una perspectiva de la primera. No es ajena a esta, proviene de ella, pero la reencauza en una dirección trascendente. Todo esto ocurre en una continuidad de tiempo, sin rupturas, sin reinicios, sin nuevos comienzos. La obra se despliega desde lo ya plantado en un camino de desprendimiento, escribe Jullien. Como la mariposa se desprende la crisálida sin negarla.

Los mandatos, las inducciones, los consejos y “sabiduría” sobre la vida nos atan y nos hacen vivir mal, aunque nuestra vida esté en orden y en línea con las opiniones establecidas acerca de cómo se debe vivir. Esas opiniones que llegamos a considerar como propias, considera Jullien. Parte de esa “sabiduría” consiste en fragmentar la vida en etapas y cronología. Así llegamos a creernos viejos. Pero, advierte el pensador francés, no se es viejo. Lo que es no puede no ser. Para escapar de la jaula de “ser viejo” se nos otorga el consuelo de la “sabiduría”, que nada tiene que ver, sin embargo, con el tiempo, sino con la actitud existencial. Envejecemos, corrige Jullien, que es algo diferente. Se trata del camino de la vida. Un camino signado por la finitud.

«Para escapar de la jaula de “ser viejo” se nos otorga el consuelo de la “sabiduría”, que nada tiene que ver, sin embargo, con el tiempo, sino con la actitud existencial»

Por eso, señala, solo podemos liberar nuestra segunda vida, apropiarnos de ella y vivirla, cuando somos capaces de mirar de frente a nuestra propia muerte. Al hacerlo nos liberamos de los paredones de la primera vida, rompemos la crisálida, dejamos de pensar y sentir en términos de años (uno más, uno nuevo, uno menos) y hacemos nuestra primera gran elección existencial. Sin ser otros, sin dejar de ser quienes somos, abrimos paso a una vida que nos habita y que nunca comenzó. La segunda lectura de un libro, señala Jullien, es una degustación, no hay impaciencia por lo que sigue, no repite la primera lectura, la despliega. Pero el libro es el mismo y los contenidos estaban en él. El nuevo día no repite el anterior, simplemente retoma y continúa la vida. Nuestra propia vida no cambia de un modo dramático y teatral, sino que se manifiesta a través de pequeños desplazamientos. La vida es una continuidad, no una sucesión de nuevos comienzos.

Más notas del autor

Tiempo de rescatar rituales

El sentido está en la búsqueda

La vida tiene sus razones

COMENTARIOS

FRASE DEL DÍA

"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein