Mujeres que se animan a decir no - Sophia Online

Sociedad

Mujeres que se animan a decir no

Una mirada sobre qué negociamos cada vez que entregamos nuestra voz y aceptamos las condiciones de aquello que no queremos.

POR María Eugenia Sidoti

Cuando, días atrás, la influencer Ashley St. Clair rechazó una oferta de 40 millones de dólares para firmar un acuerdo de confidencialidad que la obligaba a no dar su testimonio en un documental sobre la vida del magnate tecnológico Elon Musk, su decisión abrió paso a la siguiente pregunta: ¿qué significa decir “no” en un mundo donde, históricamente, se ha condicionado a las mujeres a aceptar —a través de diversos artilugios— las condiciones impuestas por el poder y el dinero?

La noticia recorrió el mundo como un recordatorio de lo que tantas veces olvidamos: podemos negarnos. Ese “no” es una forma de resistir, de transformar y de dejar de reproducir mandatos. Porque cada vez que nos sentimos obligadas a abrirle las puertas a lo que no queremos, o a aquello en lo que no creemos, lo que está en riesgo es nuestra propia integridad. «Nunca se debe anteponer la comodidad material a decir la verdad», expresó St. Clair tras rechazar la oferta para participar en Musk, el film dirigido por Alex Gibney. Y luego agregó: “Creo que mis hijos necesitan saber que hay cosas más importantes que el dinero”.

No es la primera ni será la última en poner un límite a quienes creen que la voz de una mujer tiene precio. Esposas, amantes, amigas, secretarias, funcionarias o presidentas de grandes compañías: son muchas las que eligieron abrir los cajones de los fondos malversados, los abusos o la ausencia de ética. Ya sea por enojo, culpa, vergüenza o por la pura necesidad de poner en palabras lo que otros buscan callar. “La verdad los hará libres”, dice el Evangelio de San Juan.

Pero no todos los “no” tienen la misma dimensión. Algunos aparecen en los diarios y otros ocurren en la absoluta intimidad. Algunos enfrentan grandes estructuras y otros apenas modifican la pequeña trama de una vida cotidiana. Sin embargo, todos comparten un denominador común: el instante en que una mujer comprende que seguir diciendo que sí, que seguir aceptando las reglas de un mundo que la silencia, tiene un precio demasiado alto.

El peligro de negociar la voz

Cuando La Sirenita, el personaje creado por Hans Christian Andersen, entrega su voz a cambio de piernas humanas para poder unirse al príncipe fuera del agua, algo en ella muere: su esencia. Y es que al pretender encajar en un mundo al que no pertenece, termina traicionando a su verdadero elemento.

Lo inquietante de este cuento arquetípico es que nadie la obliga a tomar esa decisión. La Sirenita acepta el pacto y entrega su don a cambio de lo que cree necesitar para ser parte de ese universo ajeno al que aspira llegar. Es ahí donde, de la mano de este clásico, se impone una reflexión sobre nuestros propios consentimientos: ¿qué estamos dispuestas a entregar para conseguir lo que creemos que deseamos? ¿Cuántas veces negociamos nuestra autenticidad para ser aceptadas, queridas o simplemente para no ser violentadas, y hasta para no incomodar?

El pacto con la bruja del cuento muestra cómo nos alejamos de nuestra naturaleza cuando el silencio se convierte en una moneda de cambio. Aunque, claro, nunca es una tarea simple tomar la decisión de hablar para hacer oír nuestra voz. 

Laura Muñoz, exmujer de Alejandro Vandenbroele, sabe bien de qué se trata pagar ese precio. En plena Causa Ciccone, tuvo el coraje de hacer valer sus palabras, al declarar en la investigación judicial por corrupción que terminó en la condena del ex presidente Amado Boudou. Después de eso, Laura vivió mucho tiempo en la carencia y el miedo. “Durante años pensé que me iban a matar. Y en esa espera, que es como quedar en pausa, un día decidi dejar de temer. Ya había contado mi verdad, podía ir liviana”, compartió en esta charla con Sophia en 2018.

La entrevista que Laura Muñoz brindó a Sophia en su edición papel de otoño de 2018.

Como ella, hubo otras. Hilda Horovitz fue clave en la causa Cuadernos al romper un entramado de silencio político y revelar cómo se trasladaban bolsos con millones de dólares en efectivo. También Miriam Quiroga, exsecretaria de Néstor Kirchner, decidió hablar públicamente y ante los tribunales sobre la estructura de recaudación en la Casa Rosada que, según denunció, se realizaba de manera ilegal. 

Estas mujeres que, en circunstancias diferentes y atravesadas por historias distintas, tuvieron que decidir qué hacer con aquello que sabían, eligieron llevar luz a los oscuros rincones del secreto, probablemente para poder sanar sus partes rotas.

El desafío del whistleblowing

Traducido al español como “denunciante” o “informante”, el término inglés whistleblower significa literalmente “la persona que hace sonar el silbato”. Se trata justamente de eso: de una señal de alarma que irrumpe en medio de la quietud para dar cuenta de que hay algo que ya no podemos seguir ignorando.

Quienes hacen sonar su silbato pagan de un modo u otro semejante atrevimiento: decir lo que otros quieren ocultar puede significar perder un trabajo, una relación, una posición social o la propia seguridad física. Lo cierto es que la verdad nunca nos deja en el mismo lugar y, aunque duela, cruzar esa frontera es profundamente transformador. 

No importa si no somos denunciantes que desafían a una inmensa estructura geopolítica o corporativa. Todas las mujeres sabemos lo que significa callar, en el ámbito que sea. Callamos para no herir, para no perder, para no decepcionar. Lo hacemos para no quedar como «exageradas», “emocionales”, «conflictivas». Pero la mayoría de las veces callamos por miedo. Nos resulta más sencillo adaptarnos que explicar por qué ya no queremos jugar un juego en el que nos sentimos perdidas y sin querer jugar.

¿A qué podemos animarnos a decir no? Una mujer puede negarse a una relación que ya no la nutre, a una exigencia que la desborda, a una culpa heredada, a un trabajo que la despersonaliza y, sobre todo, a la necesidad crónica de cumplir con patrones, reglas y exigencias trazados por otros, que no respetan necesidades, vivencias ni origen. Como aquellas palabras de una lengua materna nativa que, en los pueblos colonizados, arrasados muchas veces, las madres y abuelas eran obligadas a dejar de pronunciar públicamente.

De objetos de deseo a sujetos con voz propia

Durante miles de años, las mujeres fuimos narradas por un relato construido por varones. En cada capítulo de esta larga historia fuimos elegidas, entregadas, intercambiadas, conquistadas o asesinadas, según el caso. Nuestros cuerpos y destinos fueron frentes de batalla, mientras nuestros deseos e ideas quedaban en un segundo plano.

Cuenta el mito griego que ese fue el destino de Helena, “la más bella de las mortales”, cuyo nombre quedó unido para siempre a una guerra que los hombres libraron para poseerla. Como tantas otras figuras de los relatos que heredamos, Helena fue convertida en un símbolo y un objeto de disputa, mientras su voluntad era ignorada por completo.

Por eso, aunque todavía existan quienes eligen mirar hacia otro lado y avalar los pactos de silencio que en tantos lugares se siguen firmando, cada mujer que hoy se anima a decir «no» está recuperando un territorio sagrado para ella y para otras. Una forma de estar en el mundo desde la verdad, desde la libertad, con la certeza de que no existen un precio capaz de pagar una voz que nos es propia. Y, más importante aún, de que los valores que residen en el alma humana no deben negociarse jamás.

0 COMENTARIOS

EXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOSEXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOS

Necesitás registrarte para realizar comentarios

REGISTRARME

¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN

Te puede interesar

Comunidad

«Los jóvenes no necesitamos que nos traten como un problema a resolver»

POR Violeta Lacroze

La referente de proyecto Ánkyra comparte un testimonio sobre la crisis de soledad que enfrentan los adolescentes y la necesidad de crear espacios para sanar.

Sociedad

Dios no juega con los algoritmos

POR Norma Morandini

Una reflexión desde Mujeres & Compañía sobre dos visiones opuestas de la IA: la que impulsa Elon Musk y la del historiador Yuval Noah Harari.

Inspiración

«Pasé años camuflando mi sensibilidad, pero hoy es mi brújula»

POR Sigrid Dziwak

Antes de saber que era una Persona Altamente Sensible, trabajó en una multinacional. Hoy acompaña a familias y profesionales a entender qué es ser PAS.

nottt - BANNER footer_mobile -
-->
Mes de la Madre Mes de la Madre