Sophia - Despliega el Alma

Punto de Vista

9 abril, 2008 | Por

Mujeres modelo o modelos de mujer

Le hablamos al alma de las lectoras sobre espiritualidad y valores, autoestima y vínculos, y les mostramos mujeres que rompieron los moldes. En las páginas de moda, lo que mostramos es “ropa”, no “modelos”. Los modelos de mujer están en todas las otras secciones de la revista.


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Hace unos días nos llegó la carta¹ de una lectora cordobesa, Sole, de sólo 20 años, en la que nos reclamaba coherencia entre los textos y las imágenes. Aunque reconoce que Sophia “no es una revista como las otras” y encuentra notas con un alto nivel de contenidos, que “te abren la cabeza y el corazón”, nos señala lo que ella considera nuestras contradicciones. Por un lado, hablamos del estrés que afecta a las mujeres argentinas por alcanzar los estándares de la moda y la imagen, y en la misma nota mostramos esas modelos lindas, flaquitas, impecables, que lucen marcas caras, cuyos cuerpos “bárbicos” sólo llenan pasarelas y sets de filmación. Las calles, los colegios, las universidades, las casas, las familias funcionan sobre la base de otras mujeres. Mujeres normales, naturales, gorditas, que sufren acné, arrugas, celulitis y estrías. Lo que señala Sole es verdad, y fue un error puntual de esa nota por el que nos disculpamos.

Pero no se detiene ahí. Continúa denunciando esta cultura consumista que pone en evidencia que las mujeres nunca dejamos de depender del varón (…), dejamos de ser esclavas de la casa, para ser esclavas del cuerpo, de la moda y de la imagen. Y nos exhorta con fuerte convicción: Superemos las ataduras de un imperio que nos sigue comiendo vivas, el del varón y la industria, el de las ventas y las apariencias, y la imagen, lo exterior.

Como no es la primera vez que nos plantean estos temas (la publicidad, la flacura o la edad de las modelos), decidí tomar el guante. Este debate no es nuevo dentro de la redacción. Sabemos la responsabilidad que tenemos frente a cada página publicada, especialmente en la Argentina, país que ostenta varios tristes récords: es el segundo del mundo respecto de mujeres que padecen anorexia y bulimia, el tercero en cirugías plásticas y uno de los más altos en el consumo de ansiolíticos. Por eso, me pareció importante abrir el debate con todas las lectoras. Porque el tema de la inseguridad de las mujeres argentinas con su cuerpo y su dependencia de la imagen es un problema tan serio que está llegando a extremos insospechados y únicos aun en Occidente, tal como lo expresa nuestro columnista invitado Javier Arroyuelo en otra sección de esta misma revista.

Es importante distinguir los dos aspectos del planteo de Sole: el primero está referido a la coherencia de toda la revista Sophia con un modelo de mujer. El segundo es la vigencia mundial del estereotipo de mujer “Barbie”, que excede ampliamente a la revista.

El necesario debate

Para hablar de coherencia en Sophia, es importante recordar cómo es la mujer Sophia. Lo escribí en mi columna de octubre pasado: “Es una mujer profunda, humana –no un estereotipo de plástico–, inteligente para razonar en el mundo de las ideas e intuitiva para percibir con su alma el universo de los sentimientos, que cuida su aspecto exterior, pero no pierde la paz por unos kilos de más o por la llegada de las arrugas (…) y que elige valores espirituales y no materiales para orientar su vida y sus vínculos”.²

Coherente con esta búsqueda y esta definición, en cada edición de la revista removemos cielo y tierra por encontrar mujeres que cumplan con estos parámetros y que, por eso, puedan servir de modelo inspirador para las lectoras. No es fácil encontrarlas porque muy pocas son figuras conocidas. A ellas les pedimos sus testimonios, contamos sus vidas, sus emprendimientos y su sabiduría, y por supuesto, las mostramos tal como son. Mujeres “normales” en cuanto a sus cuerpos, pero sobresalientes en sus almas y sus trayectorias. Por eso, las elegimos como “modelos de mujer”.

Pero somos conscientes que la mujer Sophia no vive en una burbuja: vive en un mundo y una sociedad como la argentina. Y por eso, sin ser una compra-adicta, le gusta comprarse ropa y “cuidar su aspecto exterior”. La revista le presta un servicio, que es mostrar una selección de ropa y decirle dónde puede comprarla. Y la ropa, desde siempre, la exhiben mujeres que son modelos de profesión, no mujeres “normales”, como reclama Sole, por la simple razón de que una mujer “normal” no sabe pararse delante de una cámara para posar. No tiene tiempo, no le interesa, pero fundamentalmente no sabría hacerlo, no tiene el “oficio”. Mostrar ropa en un desfile o ante una cámara es una profesión como cualquier otra, que requiere una habilidad, tanto como para ser actriz o ser bailarina. Y mal que nos pese, las modelos del mundo tienen el requisito de ser flacas, siguen el modelo “Barbie”. Porque fuera de la revista Sophia, esto es lo que les demanda el mercado y ellas cumplen.

Cuestionar la cultura “Barbie”

Las revistas femeninas del mundo se sostienen por los anunciantes de las industrias de la belleza y de la indumentaria, porque estos productos requieren la gráfica para ser valorados. En Sophia tratamos todo lo posible de ser coherentes también con la publicidad, donde cuidamos las imágenes gráficas y los mensajes, lo que a veces nos lleva a arduas negociaciones con los anunciantes. Y aun así, créanme que tengo una carpeta llena de avisos rechazados (con el costo que implica) que después veo alegremente publicados en otros medios.

Pero no nos engañemos: en la Argentina específicamente, este es un combate entre David y Goliat. Hay algunos indicadores que son claros.

Gorda, la obra teatral del momento, descalifica a las mujeres en los personajes de una gorda seudoliberada y una anoréxica histérica que durante toda la obra se disputan a un pelado neurótico, y bajo la apariencia de denunciar los prejuicios con el físico, sólo esconde un alarde del más puro machismo. Aunque intenta mostrar al varón como una víctima más atrapada en el sistema, al final se traiciona. La mujer se humilla (¡hasta ofrecer operarse para adelgazar!) y el varón elige: la deja. Por gorda. La platea, mayoritariamente femenina, se ríe a carcajadas. Saquen conclusiones.

Otro indicador es el caso de la multinacional Unilever, que hizo una excelente campaña mundial a favor de la belleza “real” para su marca Dove. Pero al comparar los avisos de cada país, se nota que los del nuestro muestran mujeres “reales”, sí, pero no “tan reales”. Gordas “gordas”, no hay ninguna. Se ve que la tolerancia de la mujer argentina a la gordura es muy baja.

En Sophia no hablamos de dietas para adelgazar, de celulitis, ni de cirugías o botox, y buscamos a las modelos más naturales. Es que sabemos que para nuestra lectora, su cuerpo no es tan importante. Le hablamos a su alma, de espiritualidad y de valores, de autoestima y de vínculos, y le mostramos mujeres que rompieron los moldes. Por eso, en las páginas de moda, lo que mostramos es “ropa”, no “modelos”. Los modelos de mujer están en todas las otras secciones de la revista.

Celebro que una chica tan joven tenga esta fuerza y esta lucidez para cuestionar y denunciar el estereotipo de mujer impuesto por una cultura masculina. Varias generaciones de feministas a partir de Virginia Woolf lo vienen haciendo. Tal vez la Argentina, por padecer más las consecuencias de este modelo, sea la primera sociedad en tocar fondo y proponer otro modelo de mujer al mundo. Dios siempre saca bien del mal. Me llena de esperanza e ilusión pensar que, con el compromiso y la militancia de miles de “Soles” argentinas, logremos liberarnos y encontrarnos todos en una nueva cultura universal más espiritual. Tal vez yo no esté para verlo. Sophia espero que sí.

 

¹Ver la sección “Cartas de lectoras”.
² Ver la revista Sophia de octubre de 2007.

ETIQUETAS espíritu estereotipo de mujer imagen femenina valores

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