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Mes de la Mujer

Mujeres de dos siglos: todo eso que nos hace fuertes

En este tiempo tan especial para todas, una invitación a hacer visibles a todas aquellas mujeres valientes que abrieron caminos y se animaron a dejar viejas estructuras atrás, para alumbrar un cambio de paradigma.

Por Adriana Amado

En febrero circulaba una campaña hecha, supuestamente, para romper con los estereotipos de género, en la que tres mujeres jóvenes expresaban que ellas cumplieron el sueño de ser científicas pero, a renglón seguido, que eso no les pasa a la mayoría de las niñas “por sentirse menos capaces que sus compañeros”. Durante todo el mes se escuchaba en la televisión española esa afirmación de boca de tres mujeres que en el siglo XXI sí habían cumplido su sueño con lo que, se deduce, ellas no padecieron el mal que le diagnostican a todas las niñas. Pero se parece a muchas campañas de todo el mundo. Ojalá que este Día de la Mujer haya muchas más salutaciones que pongan el foco en lo que nos hace fuertes y no tanto en aquello que nos denigra.

En los últimos tiempos se entendió que, en la equidad de oportunidades y la igualdad que garantiza la ley, tenía que intensificarse la comunicación. Suponiendo que cualquier atraso se debe a que lo ignorábamos. Pero si revisamos las películas, los libros, las historias de hace un siglo atrás, comprobaríamos que ya lo sabíamos desde entonces y que muchas ya estaban aportando logros que hoy nos allanan el camino.

También, hace un siglo atrás, estábamos en una sociedad pospandemia con la amenaza de una guerra extendida, como ahora. Fueron muchísimas las mujeres que ganaron lugares en fábricas, comercios y fueron sustento de su familia. Contrariamente a la idea de que sus hazañas fueron invisibles, en esa época diarios y publicidades se hacían eco de las proezas de muchas mujeres. Nuestras abuelas y bisabuelas cruzaron mares con largas travesías, habitaron territorios desconocidos en lenguas que no hablaban, viajaban semanas en faldas livianas y abrigos pesados, arrastrando sus pertenencias en valijas de cartón. Ni las mujeres ni nadie conocían entonces las comodidades de las zapatillas de goma, la ropa térmica y las valijas con rueditas. Tampoco la luz eléctrica, ni los ascensores ni los teléfonos. ¡Ni la penicilina! Y aún así, hicieron proezas que las científicas de la campaña española dicen que en el siglo XXI no nos sentimos capaces de emprender.

Elegí cinco mujeres de muchas que cruzaron un siglo a otro dando un salto gigante a sus vidas para que vean de qué hazañas hablo.

Amelia Earhardt (Kansas, 1897-1937)

En una época donde la aviación era experimental, Amelia fue la primera pasajera y la primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario, y la primera persona en hacerlo dos veces. En 1923 obtuvo su licencia de piloto, pero ya había 15 mujeres que la tenían. En la primera guerra mundial fue enfermera. Sus proezas la hicieron una celebridad de su tiempo, cosa que confirma que en su época las mujeres tenían protagonismo en los medios y eran reconocidas por la sociedad. Desapareció intentando dar la vuelta al mundo y su accidente tuvo tal impacto, que motivó búsquedas prolongadas tanto de las autoridades norteamericanas como de su publicista, Putnam, el que la contrató para su primera proeza con el financiamiento de otra mujer, la millonaria Amy Guest.

Clara Campoamor (Madrid, 1888-1972)

En 1931 participó del debate que consagró el voto femenino en España, haciendo elogio de tantas trabajadoras: «¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad?». Ya entonces se valoraba la fuerza laboral femenina de la posguerra. Ella misma en 1914 fue auxiliar de Telégrafos y luego profesora de taquigrafía y mecanografía, profesión que ayudó a muchas, como ella, a reemplazar las labores domésticas por una tarea remunerada. Siendo periodista, con 32 años empezó el bachillerato y con 36 se licenció en Derecho. Fue una figura fundamental entre las sufragistas de hace un siglo, que fueron quienes ganaron el derecho a votar, que muchos grupos raciales obtuvieron mucho después.

Nellie Bly (Pensilvania, 1864-1922)

Era el seudónimo Elizabeth Cochrane, hija de un molinero con 10 hijos de un matrimonio anterior. Fue periodista aventurera, que en1889 dio la vuelta al mundo en ocho días menos que los ochenta que narraba la novela de Julio Verne. Entre las osadías, se hizo pasar por empleada doméstica para contar los problemas de esas trabajadoras. También se hizo encerrar en un asilo para relatar “Diez días en un manicomio”, en uno de los periódicos de Joseph Pullitzer. Se casó con un millonario, enviudó, y después cubrió la primera guerra mundial y la convención de 1913 a favor del sufragio femenino.

Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1890-1979)

No solo fue escritora sino mecenas de las principales figuras intelectuales de su tiempo. Fue presidenta del Fondo Nacional de las Artes y la primera mujer que ingresó en la Academia Argentina de Letras. Desde la Legión de Honor hasta un Doctorado Honoris Causae de Harvard, recibió innúmeras distinciones. Su legado le dio una notoriedad que no necesita de una calle para asociar su nombre a las principales luminarias del siglo XX, que eran sus amigos y corresponsales íntimos. Ortega y Gasset, Tagore, Borges, Frank, entre otros muchos, fueron sus pares y así queda dicho en las cartas y artículos que dan cuenta de una producción intelectual reconocida internacionalmente.

Eleanor Roosevelt (Nueva York, 1884-1962)

Reinventó entre 1935 y 1945 el rol de primera dama por su autonomía de pensamiento y su activismo por los derechos humanos. En 1901 entró a la Academia Allenwood en Londres, donde tuvo la influencia del pensamiento feminista de su directora Marie Souvestre. Después de la muerte de su esposo, fue nombrada delegada ante la Asamblea General de las Naciones[1], donde fue la primera Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, con un papel principal en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

***

Hoy nosotras también somos mujeres de dos siglos. Muchas nacimos sin teléfonos móviles, videollamadas, trasplantes y vacunas para enfermedades incurables, Internet. Pero nuestro mundo es mucho más confortable que aquel en el que nacieron aquellas pioneras. Todas dejaron fotos, correspondencia, testimonios que confirman su entusiasmo, su fuerza y la alegría de poder llevar a cabo sus proezas. Si en un siglo, otra mujer hiciera este ejercicio antropológico de mirar que estábamos haciendo, ojalá que se encuentren con nuestros logros, que son muchos, y no se pierdan en tanta campaña contemporánea llena de queja.

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"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, ese algo es lo que nosotros somos".

José Saramago