Sophia - Despliega el Alma

Mujer y trabajo

31 octubre, 2009

“Me sentía superpoderosa”


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Testimonio

Gabriela

Empresaria – 47 años

Eligió trabajar, ganaba más que él y llegó a sentir que tenía el derecho a decidir todo.

En nuestra sociedad, cuando a un hombre le va bien, eso es natural y aceptado; no marca una diferencia. Cuando, en cambio, a nosotras nos va mejor que a ellos, puede generarse un desequilibrio interno en la pareja.

En mi caso, empecé a sentir que el hecho de aportar más dinero a la casa, me daba derecho a asumir roles que antes ocupaba él, como las elecciones para reformar la casa o decidir qué estaba bien y qué estaba mal para los chicos, dónde ir de vacaciones, qué era lo bueno y lo malo para la familia en general.

Sentís que porque pagás la tarjeta y tenés a cargo a un montón de empleados y compromisos, todo el peso recae sobre vos. Y no te das cuenta de que lo vas corriendo al otro. Te resulta difícil ceder espacios, delegar, compartir. Por ejemplo, en relación con mis hijos, nunca dejé de ir a ni una sola reunión de padres, de llevarlos temprano al colegio y intentar estar en todas las situaciones donde “debía” aparecer la madre. Él se mostraba dispuesto a acompañarme y a ayudar, pero yo mucho no lo dejaba.

Además, cuando tenés tanta sobrecarga de obligaciones, es posible que te vuelvas rígida, y ante el estrés, perdés por completo el sentido del humor. El cansancio al llegar a casa hacía que fuera difícil disfrutar de la intimidad en familia, sobre todo después de que los chicos se dormían. Tenés que hacer tantas cosas que llega un momento en que no hay lugar para lo lúdico y así vas generando hábitos que no son buenos para nadie.

Antes de seguir, quiero aclarar que mi marido siempre trabajó. Cuando nos casamos y tuvimos nuestra primera casa, todo lo hicimos gracias a él y, hoy por hoy, debo reconocer que con su sueldo ni a mí ni a mis hijos nos hubiera faltado para comer. Pero yo siempre trabajé, desde los 16 años, y nunca me planteé dejar de hacerlo.

Volviendo al relato, en esa época en la que estaba tan estresada me pasaba que, apenas veía que él buscaba algo de distracción o se refugiaba en una actividad que le daba placer, yo lo condenaba porque pensaba que debería estar trabajando y produciendo más. De esa manera, sólo porque yo no encontraba tiempo para el disfrute, no permitía que el otro lo hiciera. Ante una situación así, tu vida se traslada sólo a producir, a ser eficiente, a la utilidad, a utilizar los recursos, a optimizar los tiempos. Todo se traduce en algo pragmático. Yo ya casi no sonreía, ni reía, ni me hacía tiempo para mí.

Las mujeres podemos abarcar varias actividades y diversificarnos. Ahí es donde la personalidad expansiva femenina cobra brío y los conflictos empiezan a aparecer.

En mi caso, durante años, el flujo mayor de dinero que entraba en la casa provenía de mí, pero mi marido era el que le daba el mejor destino. Hoy puedo ver y reconocer que nuestro crecimiento económico tuvo que ver con las buenas decisiones e inversiones que hizo él. Y con los consejos que supo darme a tiempo. Pero en nuestras reiteradas crisis de pareja, no lograba ver esto que veo a la distancia. La soberbia se apoderaba de mí, y lo hacía sentir menos que yo, sólo por ganar menos. A veces, nos olvidamos del sostén emocional que resulta el otro para nosotros. Sin ese apoyo fundamental, nada de lo otro sería posible. Y en mi caso, fui yo la que quiso seguir trabajando: me gusta lo que hago y Luis siempre me apoyó.

Es muy importante poder cuidar y acompañar al otro sin dejar de permitirte ser cuidada; de lo contrario, empieza a desdibujarse tu parte femenina y puede ponerse en riesgo toda la relación.

Con todo, a medida que fue pasando el tiempo, y luego de dos crisis fuertes de pareja, con ayuda de terapia, pude ir procesando algunas cosas y revisé nuestras prioridades. Cuando dejás de darle al dinero la trascendencia de un objetivo en tu vida, todo fluye. Y cuando dejás que fluya, la armonía se hace más real, concreta y evidente. Nosotros nos fuimos acomodando y, así, sorteando dificultades y momentos difíciles, pudimos ir creciendo como pareja.

ETIQUETAS economía familiar independencia pareja roles

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