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Día de la madre

5 octubre, 2016 | Por

La maternidad, ese impulso para emprender

Ser madre e iniciar un proyecto propio no son incompatibles, dicen desde la ONG MadreEmprendedora, el grupo de ocho profesionales que, a través de la capacitación y el asesoramiento, busca instalar la idea de que tener hijos no solo no limita el crecimiento de las mujeres, sino que lo potencia. En esta nota, tres historias que lo comprueban.


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Marina Gryciuk, Valeria Santella y Natalia Romero, ganadoras del Premio Nacional Madre Emprendedora.

Una artista rosarina que decidió acercarse a las mujeres de la comunidad indígena qom de su ciudad para acompañarlas en el camino de convertir una técnica artesanal muy conocida por ellas ­–el tejido de cestos con hebras vegetales–, en una actividad rentable. Una diseñadora textil que, mientras trabajaba en un laboratorio, conoció y quedó deslumbrada con la fibra de lana de ovino y decidió dedicarse a investigar cómo producir productos hechos a base de ese material. Una licenciada en comercio internacional de La Pampa que se lanzó a crear su propia firma de productos de cosmética gourmet. Además de ser argentinas, estas tres mujeres comparten otros rasgos: son emprendedoras, son madres, y las tres fueron ganadoras del Premio Nacional Madre Emprendedora que organiza MadreEmprendedora, una ONG dedicada difundir que la idea de que la maternidad no solo no perjudica el crecimiento de las mujeres en su aspecto emprendedor, social o corporativo, sino que lo potencia. El certamen, como cada año, se renueva, y hasta el 10 de octubre todas las mujeres que lleven adelante algún tipo de negocio tienen tiempo de postularse para ganar una beca completa en capacitación y asesoramiento.

“Buscamos cambiar el paradigma social sobre la mujer en el rol de madre. Nuestra principal motivación es pensar cómo la sociedad todavía considera que la maternidad perjudica el crecimiento femenino cuando en realidad lo potencia”, dijo a Sophia Romina Ávila, directora de esta ONG compuesta por ocho profesionales de distintas especialidades dedicadas a implementar programas de capacitación y asesoramiento, articulando con universidades, escuelas y organismos estatales.

–Romina, ¿en qué consiste el Premio Nacional Madre Emprendedora?

–Es una competencia de planes de negocios para fomentar e impulsar la cultura emprendedora de las mujeres en el rol de madres de toda la Argentina. Algunos de los objetivos del certamen son contribuir al desarrollo personal y profesional de las mujeres en su rol de madres a partir de reconocer sus proyectos y resaltar las capacidades que se desarrollan en ellas a partir de la maternidad.

–¿Quiénes pueden participar de la competencia?

–Todas las mujeres que tengan una idea o emprendimiento en marcha. Inscribirse es gratis y pueden hacerlo a través de la web. En base a distintos criterios de selección, un jurado elegirá a cuatro líderes cuyos emprendimientos tengan impacto social, ambiental, productivo o tecnológico. Las ganadoras de cada categoría recibirán una beca completa para participar de la Competencia NAVES del IAE Bussiness School de la Universidad Austral, un año de asesoría y mentoría por parte de especialistas, y difusión. 

–¿Qué desafíos implica ser madre y emprendedora en la Argentina actual? 

–Uno de los principales desafíos corresponde al equilibrio familia-trabajo. También los planteos del techo de cemento y cristal. Estos temas no resueltos traban el desarrollo de sus proyectos.

–A las mujeres con ideas y muchas ganas de arrancar un proyecto propio, ¿qué les dirías?

–Como primer punto considero importante trabajar internamente sobre las competencias, experiencias y propósito. A partir de allí, es clave identificar el problema o la necesidad a resolver, ya que el emprendimiento viene a dar una solución a eso. Manejar herramientas de análisis de proyectos de innovación, como el Modelo de Negocios CANVAS, sirve para trabajar de una manera sencilla toda una idea o emprendimiento en marcha sin gastar recursos. También es importante pensar en las personas que formarán parte del equipo. Luego, no olvidar que son tres puntos los que definen una iniciativa emprendedora: sustentabilidad, replicabilidad y escalabilidad. Tener una mirada a largo plazo nos permite profesionalizar y pensar en una futura pyme o institución.

–¿Qué le recomendarías a una madre emprendedora que siente curiosidad por postularse pero no se anima?

–Que las invitamos a sumarse al concurso. Porque para quienes hacemos MadreEmprendedora, este encuentro es un proceso de aprendizaje que culmina en una final y entrega de premios, pero el trabajo con los proyectos es desde el primer momento.

–A partir de las candidatas que se fueron presentando al concurso, ¿podés decir cómo es la “madre emprendedora” argentina?

–A lo largo de las distintas ediciones, confirmamos que la mujer madre que emprende tiene una gran capacidad de liderazgo. El nivel de crecimiento lo confirma. Es interesante el ambiente colaborativo que se genera en los distintos encuentros. El armado de una red es clave para hacer crecer. Nos encontramos con mujeres que continúan sus vínculos a lo largo del tiempo. Ellas comparten tres características: creatividad, pasión y voluntad en avanzar en sus proyectos.

Tres emprendedoras, tres madres, tres ganadoras

 

  • TEJER REDES TAMBIÉN ES EMPRENDER

Marina Gryciuk tiene 48 años, dos hijos de 16 y 18 y vive en Rosario. Es licenciada en arte y diseña ropa que vende a través de su propia marca. Vive de eso, y de dar clases en un terciario. Amante de las técnicas textiles y exploradora incansable, hace cuatro años decidió acercarse a las comunidades qom que viven en la periferia de su ciudad. Lo hizo a través del Centro Cultural El obrador, que reúne a migrantes de esta comunidad, y lo hizo con una proyecto de cestería textil. Su propuesta era, concretamente, utilizar la técnica de la cestería qom, muy conocida por las mujeres de esa comunidad, y aplicarla con materiales que suelen desecharse, como retazos de telas, cables y sogas. En lugar de utilizar los materiales vegetales que se usan tradicionalmente, como la paja o la totora, algo que en la ciudad no se consigue, a Marina se le ocurrió aprovechar elementos que de otro modo se tirarían. Desde entonces, coordina Qomi (“Nosotros”, en lengua qom), un colectivo de cinco mujeres que tejen los canastos con restos textiles y  logran, así, tener un ingreso de dinero. Las tejedoras, mujeres que llegaron de otras provincias del noreste argentino y viven actualmente en zonas de Rosario invadidas por la inseguridad, la pobreza y el narcotráfico, encontraron en el proyecto un incentivo sin tener que salir de su casa: tejen en sus hogares, cerca de sus niños, y a sus productos los venden en una feria permanente de la ciudad y en tiendas de diseño de autor de la Ciudad de Buenos Aires (Autoría e Inka). Ellas, además, visitan espacios diversos y enseñan su técnica a otras mujeres, de distintos sectores sociales y económicos, y encontraron en las clases de cestería un segundo ingreso: “Van a museos o a centros culturales del centro rosarino, es una instancia muy interesante para ellas; la comunión que se genera en el hacer borra las diferencias –dice Marina–. Lo que más nos une es la actividad manual, la alquimia de cuando uno enseña y el otro aprende”.

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Las mujeres de Qomi enseñan su técnica de cestería a otras mujeres.

Marina ganó el Premio Madre Emprendedora en el rubro de impacto social; eso le permitió acceder a una beca para gestión de proyectos sociales y relacionarse con otras ganadoras que están trabajando en iniciativas parecidas. “Descubrí que tengo una capacidad de posibilitar al otro, que el otro se de cuenta de lo que puede hacer. Yo no hago caridad, lo posibilito al otro en el trabajo”, asegura. Al cruce que se da entre ser su rol de madre y su rol de emprendedora, ella lo define como “una conjunción maravillosa, en el sentido del valor que le dan mis hijos a mi trabajo, porque ven que las cosas se pueden hacer. Me refiero a la idea de que lo que a uno se le ocurra lo puede lograr, más allá del contexto”.

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En Qomi reemplazan las hebras vegetales por desechos textiles para hacer cestos.
  • APASIONADAS POR HACER

Natalia Romero conoció la fibra de lana de ovino cuando entró a trabajar en un laboratorio de control de calidad de lana. “Ese fue el punto de inicio de mi pasión y perfeccionamiento”, cuenta esta diseñadora textil de 34 años, misionera, y mamá de dos hijos de 9 y 11. Natalia comenzó a estudiar la técnica del fieltro y, luego de diez años de investigación, creó Puro Fieltro, una fábrica piloto de diseño sustentable que ya lleva tres en el mercado. Sus productos son dos, y ambos parten de la base de un cuenco contenedor: un mate pack desmontable que mantiene la temperatura del mate y viene en ocho colores; y BIO, una maceta flexible para cactus y suculentas que también se produce en muchos colores.

 

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Natalia Romero creó Puro Fieltro, su marca de mates y macetas de hilados con lana de ovino.

En 2014, Natalia se anotó en varios concursos y resultó ganadora del segundo puesto al Mejor Proyecto Eco Sustentable del Premio Nacional Madre Emprendedora. “Como todo emprendedor arranqué sola –cuenta–, pero nunca me sentí sola, la verdad es que tuve la bendición de estar rodeada de personas que siempre me aconsejaron bien y supieron guiarme en los momentos difíciles”. Con el tiempo, sumó a su negocio a un diseñador industrial y a una artista visual.

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Las macetas y mates de Puro Fieltro, creación de Natalia Romero.

En paralelo creó el Grupo Interdisciplinario de Investigación y Desarrollo de Equipamientos Biomédicos de Argentina (GIIDEBA). “Este proyecto nace para ayudar a mi madre enfermera, que atiende a personas de la tercera edad y a pacientes con cáncer terminal. Prevenir las úlceras por presión en las personas con internación prolongada es el mayor desafío y para eso desarrollé una colchoneta de estimulación programada para ser instalada en el sector de terapia y todos los centros de salud que requieren prevenir las escaras”. Su producto se puede desarrollar en varios tamaños para ser instalado en cama de adultos, de bebés y en sillas de ruedas. Por ese proyecto, en 2015, Natalia se volvió a presentar al concurso Nacional Madre Emprendedora y obtuvo el primer puesto en el rubro Mejor Proyecto Tecnológico. Gracias a eso, ella y su equipo recibieron una beca para capacitarse en el programa competencias NAVES del IAE.
“Ser una madre emprendedora es un gran desafío –dice Natalia–. Para mí todo es posible, solo depende de uno lograr las metas y romper los obstáculos instalados en la sociedad”.

  • UN NEGOCIO CON AROMAS GOURMET

“Tengo 41 años, soy  mamá  de Rocío, de 6, y cofundadora de la firma Rocío de Miel, ciclista amateur y, además, entusiasta, apasionada y emprendedora”, dice Valeria Santella, una licenciada en comercio internacional que, junto con su marido pampeano, creó una firma de productos cosméticos gourmet.

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Valeria Santella ideó Rocío de Miel, una marca de productos de cosmética gourmet.

Todo empezó con un cambio en la vida de la pareja, dice Valeria. Ambos estaban dejando atrás sus profesiones, motivados por crear una empresa propia. Con ese espíritu, y con su experiencia como usuaria de productos de tocador, nació la idea de crear jabones con texturas, barras de masajes, burbujas de baños, brumas, cremas y velas hechos a base de componentes naturales y materias primas provenientes de sustancias alimenticias como miel, frutas, flores, hierbas o semillas. Después de probarlo entre amigos, contactar a laboratorios y obtener los certificados necesarios, Rocío de Miel comenzó a vender sus productos a los primeros hoteles. “Hoy tenemos clientes como hoteles 4 y 5 estrellas, firmamos contratos con aeropuertos, estamos en  freeshops, y perfumerías de alta gama. Tenemos nuestro showroom, desarrollamos productos para empresas y estamos además realizando los primeros acercamientos con el exterior”, enumera Valeria, que en el Premio Madre Emprendedora de 2014 salió tercera en la categoría Mejor Proyecto de Negocio. “Desde el día que me anoté pensé que podía ser parte de las ganadoras, estaba muy entusiasmada, había trabajado mucho en su desarrollo y participado ya de otras competencias de negocios. Pero, por sobre todo, le puse pasión y creía que tenía un buen proyecto”.

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