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Sociedad

5 octubre, 2022

Masih Alinejad: «Vengo de una tierra donde sentir el viento en el pelo está prohibido»

La muerte de Mahsa Amini, que fue arrestada y torturada por no usar su hiyab correctamente por la policía de la moral iraní, generó protestas en todo el mundo. En esta entrevista, la periodista y activista Masih Alinejad nos comparte su visión y su lucha por los derechos de las mujeres en Irán.


Una charla inédita con la periodista y activista iraní Masih Alinejad para comprender qué es lo que está ocurriendo con las mujeres en su país.

Por Sascha Hannig y Lucía Vázquez Ger. Fotos: Gentileza Oslo Freedom Forum

«Ahora mismo las mujeres iraníes están resistiendo. Durante años y años las mujeres iraníes han estado resistiendo el hijab. Se me rompe el corazón porque Mahsa Amini ni siquiera iba sin velo. Sólo un poco de su pelo se veía. Y me repito. Un poco de pelo. Y como resultado fue asesinada por la policía de la moral. No sólo yo. Millones de iraníes están enojados. Madres, padres, saben que podría haberle pasado a sus hijas. Y tienen razón», reflexionó recientemente en la prensa Masih Alinejad, periodista y activista iraní exiliada de su país y radicada en los Estados Unidos, con motivo de las actuales protestas masivas alrededor de todo el mundo. 

Las mujeres en Irán la han tenido difícil por décadas. Pero las cosas se han vuelto mucho más ácidas en 2022. La reflexión de Masih viene en respuesta a esta situación. El 13 de septiembre pasado, una joven de 22 años llamada Mahsa Amini fue detenida por la policía de la moral iraní —encargada de hacer que las mujeres cumplan el código de vestimenta en público—, por tener mal puesto su velo. Tres días después, el viernes 16, falleció, provocando la ira y el luto dentro y fuera de las fronteras de aquella brutal tecnocracia. Disturbios generalizados en contra del régimen teocrático de este país irrumpieron en las calles, mientras el mundo llamaba a condenar la injusticia en el trato a las ciudadanas iraníes en su propio país.

Masih Alinejad, quien precisamente se hizo internacionalmente conocida por “querer sentir el viento en su cabello” y liberarse del código moral iraní, lleva años defendiendo los derechos de las mujeres en todo el mundo. Hoy aboga por la libertad de su país desde Estados Unidos, donde aún recibe amenazas diarias, intentos de hackeo, ataques públicos y privados, ordenes de asesinato y persecución física, mental, emocional, digital y hasta espiritual. En la siguiente entrevista, realizada durante la pandemia en 2020 y que recién hoy logra ver la luz de manera inédita, la activista cuenta en primera persona su vida, anhelos, tristezas y sueños para el futuro. 

Masih Alinejad se hizo internacionalmente conocida por “querer sentir el viento en su cabello” y liberarse del código moral iraní.

Masih Alinejad en primera persona

El recuerdo de mi infancia en Irán viene con dolor. Crecí en una familia y sociedad tradicionales. A los siete años me di cuenta de que como niña no tenía la misma libertad que mi hermano, Alí, que era sólo dos años mayor que yo. Yo era testigo de cómo él disfrutaba de toda la libertad que yo hubiera querido tener. 

A mi hermano en el pueblo se le permitía saltar en un hermoso río, jugar, andar en bicicleta, ir al estadio, cantar o gritar. Él podía hacer lo que quisiera y a mí se me prohibían todas esas actividades por el hecho de ser una niña. En ese entonces yo no tenía idea de feminismo ni de igualdad. Sólo quería tener la misma libertad que mi hermano. Toda mi infancia consistió en luchar con mi hermano y convencerle de que me llevara con él a cualquier sitio al que fuera. Así fue mi infancia. A los siete años me obligaron a cubrirme el pelo. ‘Si no, no podrás ir a la escuela, no podrás recibir una educación‘, me decían. 

Desde entonces tuve que luchar por mis derechos básicos. Ya como estudiante, al sentirme tan frustrada de ver mis derechos y los de otras personas vulnerados, me uní a un grupo para luchar por la libertad. Éramos mi hermano, otros amigos y yo. Teníamos pancartas que decían “queremos libertad”. Por eso nos arrestaron en 1994. Estando en la cárcel me enteré de que estaba embarazada. Fue un momento oscuro en el que nadie sabía de mí ni de mi bebé. En ese contexto decidí que al salir sería la voz de los habitantes de pequeñas ciudades, de los pueblos, de las víctimas sin voz o de los luchadores por la libertad desconocidos.

Esto me llevó a ser periodista. Siempre había tenido muchas preguntas. De adolescente, incluso, me expulsaron del instituto por preguntar tanto. Ser periodista sería una forma de encontrar las respuestas. Llegué a ser periodista parlamentaria y desde ese lugar saqué a la luz la corrupción del parlamento iraní. Claro, en Estados Unidos, en España o en cualquier país libre, seguramente hubiera recibido un premio por exponer esas verdades. Pero mi premio fue expulsarme del parlamento iraní, sólo por denunciar la corrupción. Entonces decidí ser activista. 

El dolor del exilio

En Irán me expulsaron de todas partes. Me expulsaron del instituto, me expulsaron de mi ciudad, me expulsaron del parlamento. No tuve más elección y me fui del país. ¿Por qué? Porque quería ser fuerte, quería ser yo misma, quería ser una mujer libre, y a Irán no le gustan las personas libres. Entonces yo y otros millones de iraníes nos vimos obligados a abandonar la amada patria. Porque luego de haber sido expulsada de tantas partes, mis opciones eran quedarme en Irán, guardar silencio y aceptar la censura, o irme y hacer todo el ruido que quisiera. Entonces decidí irme, con la esperanza de algún día volver a mi país y tener allí la misma libertad que tiene toda esa gente en los países libres. 

Pudieron sacarme de Irán, sí. Pero no pudieron sacar a Irán de mí. Las redes sociales se convirtieron en una ventana gracias a las que de otra forma, estoy allí, todos los días. A veces de niña me pasaba algo parecido: cuando me peleaba con mi hermano y mi padre me mandaba a mi habitación y me cerraba la puerta con llave, yo siempre encontraba una ventana para salir. 

[Por supuesto, la distancia tiene su precio]. Sí, las redes sociales son increíbles, pero no me permiten abrazar a mi familia. Ni mi madre, ni padre están en las redes sociales. Estamos en el siglo XXI y no es aceptable que el gobierno me aparte de mi familia sólo porque tengo opiniones diferentes, sólo por mi forma de pensar, sólo porque quiero ser mi verdadero yo, solo porque no quiero cubrirme, por no querer seguir la ley del hijab, por no no querer respetar la tiranía. Y por eso prohibieron a mis padres venir a Estados Unidos a visitarme, no me permiten sentir a mi gente, tocar la cara de mi madre. Y eso no es fácil. Levantarse un día y no poder abrazar a tu hermano, abrazar a tu madre, abrazar a tu padre. ¿Por qué? Por pensar distinto al gobierno. Esta es mi vida, y no estoy rota. Soy fuerte y desafío al régimen todos los días. Pero igualmente me frustra que no se me permita tener a mi familia. 

Una de las tantas manifestaciones de repudio, en esta serie de la fotógrafa Yemení Boushra Almutawakel contra las formas más extremistas de interpretar el Islam.

Culpable por ser mujer 

Ser mujer en Irán significa ser una ciudadana de segunda clase a los ojos de los funcionarios de la República Islámica. Pero yo creo firmemente que ser mujer significa ser una luchadora por la libertad en tu vida diaria, porque para ser libre hay que infringir la ley todos los días. Para ser feliz tienes que romper la ley, porque bailar está prohibido en Irán pero uno puede romper la ley y bailar. Cantar en solitario como mujer está prohibido, según la Sharia, pero hay muchas cantantes increíbles que rompen la ley todos los días y cantan. Básicamente, una mujer en Irán es una maestra criminal a los ojos de la República Islámica. Siempre digo que ser mujer significa arriesgar tu vida todos los días para ser tú misma.

El título de mi libro The wind in my Hair (“El viento en mi pelo”), significa que vengo de una tierra donde incluso sentir el viento en el pelo está prohibido. Quise mostrarle al mundo que no sólo estamos luchando por un trozo de tela. No sólo luchamos contra el hiyab obligatorio. Estamos luchando por nuestra dignidad. Estamos luchando contra el hecho de que en mi país te enfrentas a las armas y a las balas, te enfrentas a la cárcel, te enfrentas a la tortura, si sólo quieres sentir el viento en tu pelo, ir por ahí y bailar. Por eso decidí escribir mi propia historia, porque creo firmemente que si te expresas y cuentas tu historia puedes sentirte más empoderado y puedes mostrar una mejor imagen de lo que ocurre en Irán al resto del mundo. Creo que no se trata sólo de mi historia, sino de todas las mujeres que luchan por un Irán libre en el siglo XXI. Porque este es el sueño de la gente de Irán que quiere tener un país democrático y laico.

«El título de mi libro The wind in my Hair (“El viento en mi pelo”), significa que vengo de una tierra donde incluso sentir el viento en el pelo está prohibido. Quise mostrarle al mundo que no sólo estamos luchando por un trozo de tela. No sólo luchamos contra el hiyab obligatorio. Estamos luchando por nuestra dignidad. Estamos luchando contra el hecho de que en mi país te enfrentas a las armas y a las balas, te enfrentas a la cárcel, te enfrentas a la tortura, si sólo quieres sentir el viento en tu pelo, ir por ahí y bailar».

En 2016 lancé la campaña My Stealthy Freedom. Se trataba de decirle al régimen de Irán que no se nos puede obligar a tener nuestra libertad en secreto. Así, publiqué una foto mía en secreto en Irán en la que me quitaba el hijab. Y le dije a otras mujeres: “Estoy segura de que como mujer sabes cómo burlar a la autoridad y crear el momento de libertad que quieres tener”. Miles de mujeres me enviaron fotos y videos quitándose el hijab. Esto se convirtió en un símbolo de libertad. 

Yo veo un futuro brillante de los derechos de las mujeres en Irán. El gobierno hizo todo lo posible para cerrar el movimiento, para mantener a las mujeres en silencio, para asustarlas, para crear miedo dentro de la sociedad, pero hay voces más fuertes que se escuchan desde dentro diciendo no a la República Islámica y sacudiendo este régimen dictatorial. Es triste que las mujeres estén pagando el precio. Pero estas mujeres son conscientes del riesgo. Estas mujeres están cambiando la historia, saben que la libertad no es gratis. Creo que el futuro de Irán es bueno, porque las mujeres están luchando.

Masih Alinejad en una de sus charlas, en las que resalta la importancia de vivir en libertad y en democracia.

Desafíos para la democracia

Creo que la reforma más urgente para Irán hoy en día es deshacerse de la dictadura religiosa y del hijab, uno de los principales pilares de una dictadura religiosa. Si las mujeres de Irán encuentran el poder para decir no al hijab obligatorio, entonces ya no van a ser víctimas, van a ser guerreras. Si tienes el poder de decir no a que alguien te diga lo que tienes que llevar, entonces también tienes el poder de decir no a la dictadura religiosa. Pero si te victimizas diciendo “oh dios mío, no quiero luchar contra el hijab obligatorio”, entonces nunca vas a luchar por una mayor libertad. Primero tienes que defender tu propia victoria, y luego encuentras el poder para decir no a la República Islámica, o decir no a un dictador. 

Para mi democracia significa poder expresarse, poder ser una persona libre sin que te maten, sin que te torturen, sin que seas como un rehén, sin que te traten con condescendencia, sin que te humillen. Eso es la democracia para mí. La democracia no es tener unas elecciones falsas y que la gente vaya a la cárcel por expresarse, por ser periodista, por ser activista medioambiental, por ser abogado, por ser simplemente una madre que pregunta pidiendo justicia con un cartel preguntando: «¿quién mató a mi hijo?». 

La democracia es tener una vida normal, sin ser condescendiente. Y para mí es como bailar, beber, poder ir a una fiesta, poder cantar, simplemente disfrutar de una música agradable. Caminar hombro a hombro con tu persona amada sin que te arresten. 

A veces me siento frustrada. Cuando hablamos con los medios de comunicación y con los políticos occidentales, escuchas que dicen… “La República Islámica al menos tiene elecciones”. Pero no. No hay elecciones cuando el líder supremo elige primero a quién puedes votar. Eso no es democracia. O te dicen que tienen un periódico. La gente es expulsada de su país sólo porque quiere ser periodista. 

Pura inspiración

En este camino personal he tenido un modelo a seguir. Es una mujer, una mujer diminuta que no tiene conocimientos sobre feminismo, ni sobre política, ni sobre el movimiento de los derechos de la mujer en todo el mundo. No sabe leer ni escribir. Ella es mi madre, y se ha convertido en mi maestra y cambió mi vida. 

Yo crecí en una familia muy pobre y de niña no había agua corriente en casa, no teníamos electricidad, no teníamos dinero. No teníamos ni siquiera un baño interior sino una letrina, en el patio trasero de la casa. A mi me daba miedo la oscuridad y me daba miedo ir al baño de noche.  

«Creo que la reforma más urgente para Irán hoy en día es deshacerse de la dictadura religiosa y del hijab, uno de los principales pilares de una dictadura religiosa. Si las mujeres de Irán encuentran el poder para decir no al hijab obligatorio, entonces ya no van a ser víctimas, van a ser guerreras. Si tienes el poder de decir no a que alguien te diga lo que tienes que llevar, entonces también tienes el poder de decir no a la dictadura religiosa».

Entonces mi madre solía decirme: «La oscuridad es como un monstruo. Si le tienes miedo puede tragarse a todos. Pero si la miras fijamente, desaparecerá. Si abres los ojos tan blancos como puedas, la oscuridad desaparecerá”. Desde entonces cuando iba al baño en el jardín del patio trasero abría los ojos tan blancos como podía. Y funcionaba. 

Esto me trajo una lección: experimenté mucha oscuridad en mi país, en mi ciudad y como mujer. ¿Cómo voy a vencer a la oscuridad? ¿Rogando a mi hermano? ¿A mi padre? ¿A otras personas? No. Tengo que abrir los ojos, tan blancos como pueda. Por eso creo que mi madre se convirtió en mi maestra para derrotar la oscuridad durante toda mi vida. 

*Entrevista realizada en el año 2020 por Lucía Vázquez Ger y Sascha Hannig. Inédita hasta la fecha.  

Leé también Mujeres por la paz.

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